Editorial: Se encienden las alarmas

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Cuando todo parece más tranquilo, suele la procesión ir por dentro. No hay nada peor que la aparente tranquilidad cuando hay sobrados motivos para patear la mesas y romper la cristalería. Ni se diga de las lámparas.

El momento no puede ser más trágico. A estas alturas de la pandemia, y de las sucesivas medidas de contención de los contagios, ya nadie escapa de algún familiar o conocido que haya fallecido o que, en el mejor de los casos, esté hospitalizado.

Con una producción petrolera a niveles de hace 70 años, y un aparato productivo interno a un 30% de lo que antes existía, las pocas posibilidades de trabajo, y el exiguo suministro de bienes básicos, han convertido a Venezuela en un gran campo de hambrientos.

En paralelo, el régimen continúa con la organización de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Elecciones que solo media docena de países la reconocerán, y los cientos de venezolanos que aceptaron el reto y se postularon.

En tanto, en las trincheras de la oposición la dirigencia está dividida con dos propuestas irreconciliables: Votar o No Votar. Con el agravante de que, hasta quienes llaman a la abstención, se encuentran en abierta pelea entre ellos.

Mientras el país se hunde, ya nadie habla de unidad. Ni dentro de los partidos, ni dentro del oficialismo, ni en la oposición. Por lo que la posibilidad de una unidad nacional, para abordar la crisis, no existe ni como papel de trabajo.

Las alarmas están encendidas.

Eduardo Martínez

Editor

www.eastwebside.com

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