Rafael Quiroz: El adiós al petróleo de Gustavo Petro ¿Es posible?

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Por Rafael Quiroz Serrano

En Colombia se descubrió petróleo en 1918 en el campo La Cira-Infantas (Santander), cerca de Barrancabermeja, y años después en la cuenca del Magdalena Medio, crudos depositados en la formación La Luna, la roca sedimentaria generadora de petróleo más prolífera del mundo, ubicada en lo que hoy es el norte de Suramérica.

Los hallazgos gigantes llegaron entre 1983 y 1993, en los campos Caño Limón (Arauca), Cusiana y Cupiagua (en Casanare), lo que permitió subir  las reservas probadas hasta 3.993 millones de barriles en 1995, su tope histórico.

Al no encontrarse nuevos reservorios de igual entidad, las reservas bajaron hasta 1.358 millones de barriles en 2007. No obstante, lo cierto es que en las últimas cuatro décadas el petróleo fue determinante en la sostenibilidad del sector externo y el financiamiento del Estado colombiano.

Sin el petróleo, Colombia -al igual que Venezuela- estaría mucho más atrasada y su desarrollo sería más lento.

Esta caída de las reservas probadas se revirtió hasta su tope más reciente de 2.445 millones de barriles en 2013. Volvió a declinar hasta 2.039 millones en 2021. Se descartan grandes descubrimientos de crudo convencional, pero las esperanzas están puestas en las áreas costa afuera en el Mar Caribe; la explotación de las reservas no convencionales de lutitas existentes en cuencas tradicionales; y el aumento del factor de recobro de los yacimientos en explotación.

Colombia tiene algunas cuencas sedimentarias localizadas en El Caguán, Popayán, Catatumbo, Llanos Orientales y Valles del Magdalena.

Asimismo, Ecopetrol (ECP), la petrolera estatal, está incursionando en Estados Unidos y Brasil, buscando compensar el descenso local de las reservas probadas. En el primer caso, busca también adquirir experiencia en la explotación de crudo de lutitas y, en el segundo caso, aprendizaje en costa afuera.

Del total de inversiones del negocio de petróleo y gas, dos terceras partes se ejecutan en Colombia, y el tercio restante en EE.UU. y Brasil.

Se han realizado cuatro subastas desde 2019 para incrementar las reservas, y se espera una nueva ronda en el segundo semestre de 2022. En julio de 2011 hubo un tope de 74 plataformas de perforación, lo que permitió una ampliación de las reservas.

Este número declinó hasta 31 equipos en marzo de 2022, año en el que se espera una inversión petrolera, de acuerdo con la Asociación Colombiana de Petróleo (ACP), de 4.400 millones de dólares, luego de haber sido 3.000 millones, 2.050 millones y 4.030 millones en 2021, 2020 y 2019, respectivamente.

Estado de las reservas

Las actuales reservas probadas podrían durar 7.5 años de mantenerse el ritmo de producción actual en torno a 750.000 barriles diarios (BD).

En su mejor momento la producción llegó a 1.035.000 BD en 2015, y alcanzó valores por encima de 1.000.000 de barriles por día (BPD) entre 2013 y 2015. Esta aceleración de la producción no fue acompañada por un ritmo acorde de reposición de reservas, lo cual ha venido comprometiendo la continuidad de la industria petrolera.

Un incremento de la producción a los volúmenes previos a la pandemia de alrededor de 880.000 BD, acortaría la duración de las reservas a solo escasos 6 años.

Colombia parece tener garantizado un futuro donde tendrá que desembolsar divisas para comprar hidrocarburos, con el agravante de que tales importaciones se harán bajo el imperio de los  altos costos, pues la era del petróleo barato ya le dijo adiós al mundo.

Los sectores petrolero y gasífero son cruciales para la estabilidad macroeconómica de Colombia, por lo que es de gran relevancia lo que podría ser su destino en tanto que el nuevo gobierno de Gustavo Petro ha manifestado su interés en poner fin a la economía extractivista, lo cual abarcaría también el carbón, dentro de una estrategia de desarrollo inscrita en una transición energética que descarbonice las actividades productivas.

Petro quiere despedir las energías fósiles, incluyendo la que es extensión de su propio nombre (Petro-leo), pues se declara ambientalista. Y aquí es donde se le origina un dilema, convertido ya en disputa política, entre la protección de la naturaleza y/o la protección de la productividad y el crecimiento económico, así como la definición sobre quién debe responder por el pago de los costos ambientales, disputa que seguramente vendrá acompañada por planes políticos de desarrollo, ya no de corte nacional sino regional globalizado.

Dependencia Petrolera

La balanza comercial colombiana depende un 56% del comercio generado por los hidrocarburos, por lo cual sin este aporte habría una crisis de balanza de pagos, y en consecuencia una crisis cambiaria.

El capital extranjero atraído por el sector extractivista está en torno a 33% de la inversión extranjera directa total del país. Asimismo, este sector contribuye en alrededor de 18% a los ingresos corrientes de la nación.

Un dato no menor es que las regalías del sector representan una tercera parte de los presupuestos de inversión de gobernaciones y alcaldías. La economía colombiana en mucho menos tiempo que la venezolana, se volvió petrodependiente. Por ello es que Petro no la tiene fácil en su empeño de tomar la vía de la despetrolización de la economía.

Las exportaciones de petróleo lideran el comercio internacional de Colombia, ya que representaron en 2021 un 32% del valor total, seguido por 12% de carbón y 7% de café, y más del 50% del ingreso de divisas vienen del petróleo.

El peso del sector petrolero en el PIB total antes de la pandemia fue de 3.4%. A fines del primer trimestre de 2022, esta incidencia bajó a 2,7%. Estas exportaciones fueron de 520.000 barriles diarios en abril 2022, contra 690.000 el mismo mes en 2021.

Esta caída fue más que compensada por los elevados precios del crudo en lo que va de año. EE.UU. es el principal destino de las exportaciones de crudo de Colombia, de manera que recibió 227.000 barriles diarios en promedio, durante marzo de 2022. Otros destinos principales son China, Panamá, Países Bajos e India.

Como lo mencionamos antes, la producción de petróleo de Colombia alcanzó un récord en 2013 con un poco más de 1.000.000 de barriles por día antes de iniciar una tendencia declinante. En el primer trimestre de 2022 promedió 743.599 BD, siendo menor a los 857.113 BD registrados en el primer trimestre de 2020, antes de la pandemia.

Llama la atención que la producción ha venido retrocediendo a pesar que el gasto de la industria en 2021 subió 46.1%. Este comportamiento de la producción petrolera surge de una combinación de precios desfavorables, violencia interna que afecta la actividad de producción y, finalmente, los efectos de la pandemia de Covid 19.

¿Costa Afuera? –

Hay que agregar que toda la producción de petróleo en Colombia se genera en la zona continental, y aunque se ha intentado explorar y luego producir en áreas costa afuera, ello aun no es posible. Los planes apuntan a que se empiece a sacar petróleo en alta mar a finales de la actual década, siempre que sea rentable.

Sobre este particular aun Petro no se ha pronunciado, pero lo que sí afirmó es que no entregaría más concesiones o áreas de contratos.

En cuanto a las perspectivas de explotación de petróleo no convencional en Colombia, utilizando técnicas de fracturación hidráulica, tal como lo hace ECP en la cuenca pérmica en EE.UU., estas no son promisorias.

Tan solo se han podido aprobar dos licencias ambientales para llevar a cabo proyectos pilotos de exploración y estudios de impacto ambiental. Con la llegada del nuevo gobierno se da por descontado que estas pruebas se van a paralizar por su rechazo al fracking, lo cual fue expresado muy claramente durante la campaña electoral por el mismo Gustavo Petro.

Ello pone en serios aprietos el futuro de la industria petrolera colombiana, ya que se tenían grandes esperanzas en aumentar las reservas petroleras, y así su producción con las reservas de crudo de lutitas en áreas ya determinadas.

Según estimaciones de la Administración de Información de Energía de EE.UU., Colombia tendría recursos de petróleo de lutitas técnicamente recuperables de 6.800 millones de barriles, de allí las esperanzas puestas por ECP ya que con tales volúmenes se resolvería la escasez crítica de reservas probadas de petróleo crudo del país.

La ACP estima que la explotación de las reservas no convencionales -vía fracking- podría eventualmente agregar 450.000 barriles diarios a la producción actual y atraer no menos de 5.000 millones de dólares de inversión.

Referente a la producción de petróleo generada en el exterior, en lo que corresponde a Yacimientos No Convencionales, en la cuenca Permian (EE.UU.), en el primer trimestre de 2022 se habían completado 135 pozos operados en producción, con una extracción promedio, en marzo, de 61.400 barriles diarios, antes de regalías, y 30.100 BD (neto ECP antes de regalías). En el  trimestre, la producción promedio fue 26.700 BPD (neto ECP antes de regalías).

ECP también ha incursionado en Brasil luego de obtener, junto a Shell, el derecho a explorar en 6 bloques costa afuera localizados en la Cuenca Santos, con presencia en 12 bloques en el offshore brasilero. Habrá que ver si tales planes se mantienen y los resultados de esta incursión.

Otro signo de declinación de la producción petrolera colombiana, lo revela el hecho de que la mayor parte de esta producción requiere que casi el 50% del gas asociado se reinyecte para impulsar la recuperación del flujo. Se estima que esto irá in crescendo en la medida que bajan los rendimientos de los yacimientos, con el inconveniente que las refinerías de Barrancabermeja y Reficar (Cartagena) utilizan plantas a gas natural para alimentar sus operaciones diarias.

Capacidad de refinación

En lo concerniente a refinación, Colombia cuenta con una capacidad de refinación de petróleo crudo de 378.600 BD. La principal mezcla de petróleo de Colombia procesada es Castilla Blend, gravedad de 18,8º API, y acidez de  1,97 %.

También refinan crudo pesado de los campos Rubiales y Quifa. Estas refinerías originalmente procesaban crudo ligero y dulce de campos como Cusiana y Cupaigua.

Existen dos grandes refinerías, la de Barrancabermeja y la de Cartagena (Reficar), operadas por ECP. Además, las subsidiarias de ECP y las refinerías independientes gerencian unidades más pequeñas.

¿Qué pasará con la transición energética?

Ecopetrol (ECP) ha venido enriqueciendo su cartera de proyectos con inversiones en renovables, debido al reto de reinventarse ante la declinación de sus reservas petroleras y la necesidad de responder a los retos de sus compromisos con la empresa de interconexión eléctrica, luego de haberla incorporado al capital de la empresa.

Según los planes conocidos en campaña por el candidato ganador de las elecciones presidenciales, Gustavo Petro, ECP tendrá un rol protagonista en la transición.

Permanecerá como patrimonio de los colombianos para garantizar los combustibles que el país requiere por los próximos 15 años, hará aportes en insumos y derivados para la petroquímica, apoyará integralmente la investigación, ciencia y desarrollo de tecnologías para la transición hacia energías limpias, y contribuirá con impuestos, regalías y dividendos al Estado.

ECP tiene dos mega-parques solares en el Departamento del Meta, con unos 120 MW de capacidad, y el objetivo es alcanzar más de 400 MW en los próximos dos años. Además, aspira a ser líder continental en hidrógeno verde y azul, con un proyecto que desarrolla en Cartagena y en el que planea inversiones por más de 2.500 millones de dólares. Igualmente, cuenta con más de 50 eco reservas para la protección del medioambiente.

Petro ha dicho que realizará un “desescalamiento gradual del modelo extractivista”, lo que implica reducir gradualmente la dependencia económica del país del petróleo y del carbón.

Su programa de Gobierno es drástico: “Se prohibirán la exploración y explotación de yacimientos no convencionales. Se detendrán los proyectos piloto de fracking y el desarrollo de yacimientos costa afuera. No se otorgarán nuevas licencias para la exploración de hidrocarburos, ni se permitirá la gran minería a cielo abierto”.

Sin embargo, hay 180 contratos de exploración vigentes, algunos con plazo de hasta 20 años y que cubren territorios aproximadamente de 7 millones de hectáreas, en la franja donde la exploración sísmica ha señalado que puede haber petróleo o gas. De ellos, hay 16 en evaluación sobre su tipo, tamaño, comercialidad, etcétera. Habría margen de maniobra para las petroleras que están operando para mantener por varios años su exploración, pues esta no se suspendería de manera inmediata.

El gobierno saliente de Iván Duque deja firmados 140 nuevos contratos de exploración que seguirán vigentes. Lo que está claro es que no se van a asignar nuevas licencias de exploración en el territorio colombiano. Es decir, no se va a parar ni la producción ni las licencias de exploración que están vigentes en este momento.

Colombia ha sido un país petrolero por más de 100 años, solo que su vecindad y cercanía con Venezuela, un país potencial y remarcadamente petrolero, y con una de las reservas más grandes del mundo, ha opacado su perfil y característica de país económicamente petrolero; y es por ello que no es tan vulnerable -como sí lo es Venezuela- a los vaivenes del mercado de los hidrocarburos.

La Colombia petrolera tiene sus años contados, sus reservas no dan para más, pero dependerá de su dirigencia y su gente el que remedien las endemias que le dejó la renta del petróleo.

 

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