Las aguas que trajeron estos lodos: la Banca

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Por Eduardo Martínez

En el segundo período presidencial de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) se vivió, por primera vez, una apertura de la economía y su inserción en lo que se llama “la economía de mercado”. Hasta el momento, el país se había conducido con las garantías económicas suspendidas desde 1961, cuando se promulgó la Constitución. Sin embargo, como Venezuela vive de la creencia de mitos urbanos, es prudente señalar que la suspensión de las garantías económicas estaba vigente desde el inicio del Segunda Guerra Mundial (1939).

La suspensión de garantías económicas se reedita en 1945, a la caída del gobierno que preside Isaías Medina; se deja cuando en 1948 se restaura la Constitución de 1936. Y al promulgarse la Constitución de 1961, el presidente Rómulo Betancourt, las vuelve a suspender.

Durante todo el período democrático, 1959-1999, las garantías económicas estuvieron suspendidas. Y si sumamos los años que van desde 1941, el país no tuvo garantías económicas por 58 años.

Con estas suspensiones, ella economía estuvo férreamente controlada por el Gobierno de turno y el Congreso. Lo que tuvo como consecuencia, la construcción de muros y trabas que impedían la adecuación del aparato productivo privado nacional, a la modernidad ya alas nuevas tecnologías.

Con el inicio del segundo período de Pérez, desde el primer día, se inicia la política de apertura económica, las privatizaciones y el desmantelamiento del control de precios, del control de cambio, de las barreras arancelarias y las importaciones, entre otros.

La banca no quedó atrás, de esta modernización y apertura. Se aprobaron nuevas leyes, emitieron nuevos reglamentos y el sector bancario expandió sus operaciones. Se relanzaba el que-hacer económico de la Nación, y la banca estaba ahí, con nuevos instrumentos y procederes para financiar el crecimiento.

Sin embargo, había un encarnizado debate puertas entre el Gobierno Pérez y AD, el partido de gobierno. Los adecos del gabinete, los llamaban los “IESA-boys”. Los adecos del partido, se autodenominaron “los sancocho-boys”, aunque de boys ya no tenían edad para tal calificación. Pero estos boys pasados de años, controlaban la bancada en el Congreso, que debía aprobar los nuevos instrumentos.

Las aguas que desataron los bancos, concluiría en 1994 con una gran debacle del sector con el cierre del Banco Latino, el 13 de enero de 1994; y las oleadas que seguirían. ¿Cómo se llegó a eso?

Hay dos elementos que son necesarios recordar: 1) el nuevo entramado legal a partir de 1989; y 2) el proceder alejado de la correcta intermediación bancaria de algunos bancos.

La crisis desatada por el cierre del Banco Latino, sirvió para evidenciar áreas vacías entre el BCV, el Ministerio de Finanzas, la Sudeban y Fogade. Vacíos legales o huecos por los cuales se fue de las manos la regulación bancaria que el Estado debía tener.

El marco legal anterior había permitido abordar con prontitud el tema de la iliquidez de la banca y su salida de la Cámara de Compensación en el BCV. Cada quien sabía qué era lo que tenía que hacer.

En tanto con la nueva legislación y reglamentos, ninguna de las instituciones antes mencionadas quería asumir el rol de la intervención del Banco Latino.

Es así que cuando la presidencia del Latino de percata que quedará corta de fondos, el gobierno del presidente Velásquez no actuó con la celeridad que el caso exigía. Lo que llevó al presidente del Latino a ordenar el cierre de las puertas del banco ese fatídico jueves.

Ahora ¿cómo fue posible la aprobación de esas nuevas leyes o reformas de leyes anteriores con semejante hueco o vacío?. Es muy simple: la acción de los “Sancocho-boys” en el Congreso. Aplicaron frente a la propuesta del gobierno el viejo principio de que “divide y vencerás”.

Cuando estalla la crisis, en conversación con algunos parlamentarios jóvenes, me indicaron que ellos no sabían porqué los “Sancocho-Boys” habían actuado así.

Unos parlamentarios pensaban que era por ignorancia del tema. Mientras otros estaban convencidos, que por no querer darle tanto poder a un solo ente: el poder de la intervención. En todo caso, la vaina se la echaron a los ahorristas que vieron como se esfumaban sus depósitos bancarios.

Así concluyó la luna de miel de la banca con las nuevas regulaciones. ¿Qué había pasado? La banca se metió en negocios que excedieron los límites de la intermediación. Utilizando los depósitos para adquirir empresas, ser socios de en nuevos emprendimientos, financiarse para montar una red de filiales y tratar de monopolizar otras actividades comerciales e industriales. Lo que no estaba permitido, pero que igual hicieron.

Otra actividad en la que incursionó la banca fue la de corretaje de acciones y bonos en el mercado bursátil venezolano. Lo cual la banca suele operar, pero que se descubriría con la crisis que se habría más allá. Los operadores de la banca compraban acciones a la baja, para venderlas al alza. Si había ganancias, pagaban solo los intereses por el corto tiempo que habían utilizado los fondos. Si perdía, por un error de cálculo, registraban la pérdida como una operación del banco.

Es obligado señalar que no todos los bancos incurrieron en estas prácticas. Los bancos con mayor tradición en el país, así como la banca extrajera que ya operaba localmente, no incurrió en tales prácticas. Actuando conservadoramente, se ciñeron a protocolos muy estrictos de intermediación bancaria.

Regresando al cierre del Banco Latino, un gran problema que se descubrió, fue que no se obligaba a la banca en general a consolidar el estado de ganancias y pérdidas con sus empresas filiales, así fueran del mismo sector bancario.

Esto último explica el impacto que sobre el sistema bancario tuvo el colapso del Latino. El banco era uno de los primeros bancos. Podía tener según sus registros cerca del 30% de los depósitos, pero cuando se sumaba su participación con su banco hipotecario, más la sociedad financiera, y otras empresas financieras menores, manejaba más del 50% del dinero en manos del público.

Claro, hay también que señalar otro importante factor: los intereses. Las tasas se liberaron, y con la idea de es momento de que las tasas debían ser “positivas”, previo a la crisis la tasa activa que cobraba la banca llego en momentos a exceder el 50%.

Pero la situación de los intereses no se detuvo allí. Con la iliquidez que sufrió el Latino en sus meses finales, ávido de efectivo para no quedar fuera de la cámara de compensación, comenzó a ofrecer altas tasas por los grandes depósitos.

En las semanas previas al colapso, el Latino ofreció al IVSS una tasa del 105%, lo que la directiva del instituto rechazó. Sin embargo, el banco también ofertó tasas altas por depósitos a los bancos más pequeñas. Bancos que a la vuelta de unas semanas cerrarían también cuando el Latino no devolvió ese dinero. Se habían liberado las aguas de la desconfianza.

Antes de 1994, la izquierda insurreccional había intentado gobierno tras gobierno, desestabilizar a la banca. Para ello se hacía de los listados de depositantes con sus datos de nombres, montos depositados y números telefónicos. Llamaban a la persona, daban sus datos para la correcta identificación, y le mencionaban que retirara del banco el monto que tenía depositado. Con esta llamada, intentaban provocar las llamadas “corridas” bancarias.

En 1994, la mesa estaba servida para generar desconfianza. A la gente se le tocaba sus ahorros. Nadie estaba contento. Eran numerosas las colas ante las puertas de las oficinas del Latino. Las personas sentían que se había quedado sin sus dinero.

Banqueros irresponsables habían sembrado las condiciones para la conspiración. La anarquía corría por todo el país. Estos banqueros solo aceleraron las aguas que se llevaban el dinero. No había vuelta atrás, solo lodo.

editor@eastwebside.com

Segunda entrega:

https://www.eastwebside.com/las-aguas-que-trajeron-estos-lodos-los-notables.html

Primera entrega:

https://www.eastwebside.com/las-aguas-que-trajeron-estos-lodos-la-prensa.html

 

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