Por Gabriel Ruan Santos
El populismo ha sido calificado por los autores como fenómeno, como movimiento político, como ideología, como forma de gobierno, como estrategia para la conquista y conservación del poder, como visión de la sociedad desde una posición socio-económica o socio-cultural, como un discurso, como un estilo político, o como todas estas ideas a la vez, las cuales aparecen en los tiempos inseguros que vivimos, aunque no se trate realmente de ideas o hechos totalmente originales. Su aparición deriva de la confluencia de circunstancias emergentes en el panorama internacional actual, como son el relativismo de creencias y valores; el escepticismo; la inseguridad personal; la falta de fe y la pérdida de influencia de las religiones occidentales; la necesidad de esquivar la horrible imagen de los regímenes totalitarios del siglo XX; la explosión de pasiones; el agotamiento de credos y de sistemas políticos; el deterioro de la representación política; el descrédito de líderes, élites o clases establecidas; las crisis económicas, el auge del narcotráfico, la corrupción generalizada, el incremento de la pobreza y el miedo a la pérdida de condiciones de vida; los contrastes económico-sociales profundos, la marginalidad social, el impulso depredatorio y el oportunismo; las migraciones de poblaciones depauperadas en la búsqueda de calmar necesidades de subsistencia; y sobre todo, el descrédito o la destrucción de las instituciones y el relajamiento de la disciplina social.
Por todo ello, la literatura sobre el populismo se explaya en el estudio de múltiples causas y de numerosos efectos colectivos, llegando a ser tan diversa en sus temas y tan sincrética en sus contenidos como el populismo en sí y el pensamiento político calificable como populista. Así, las explicaciones van desde el estudio de un fenómeno perverso, para otros ambivalente, pasando por un enfoque objetivo radical o “lógica social” hasta los más hondos análisis de la psique humana individual proyectada en sociedad, donde los numerosos factores observados varían en su importancia, según el modelo epistemológico asumido por el estudioso de la cuestión, en los cuales predominan alternativamente los hechos, la historia, las ideas, el contexto, las circunstancias, los elementos culturales, biológicos, étnicos, económicos, políticos, etcétera.1
Todas esas explicaciones de hondo calado intelectual, propias de la literatura especializada, suelen ser simplificadas notoriamente por el lenguaje de la política y de los políticos, cristalizando en la construcción de la noción de “pueblo” como síntesis de todas las bondades y en su idealización, por un lado, y por el otro, en las dicotomías que encierran el conflicto social movilizador de los grupos humanos, entre las cuales destacan las que enfrentan al pueblo con las élites u oligarquías, pueblo contra no pueblo o anti-pueblo; amigos y enemigos del pueblo; ricos y pobres; privilegiados y excluidos; empleados y desempleados; capitalistas y trabajadores; la adoración al líder carismático y el odio a los líderes políticos tradicionales; individuo y colectividad; patriotas y traidores a la patria; terratenientes y campesinos; explotadores e indignados; nativos e inmigrantes; y otras figuras antagónicas que alimentan la confrontación en la sociedad.
El objeto de este trabajo es limitado y no abarcará la totalidad de los aspectos implicados en el estudio del populismo, sino que buscará aproximarse a aquellos conceptos y controversias de más amplia difusión y discusión sobre el tema, las causas a las que usualmente es asociado y que lo propician, con especial enfoque de la degradación de la democracia representativa y el falseamiento del Estado de Derecho, sus principales características y para finalizar, revisar el caso venezolano, que ya pasó por la transición populista y fue absorbido por el socialismo marxista leninista, de orientación castro comunista, sin las máscaras que caracterizan al populismo.2
Deslegitimación de la democracia
Una importante cantidad de autores de las ciencias que estudian la realidad actual de la economía, la política y la sociedad en los países del hemisferio occidental atribuyen el auge del populismo –principalmente- a la “deslegitimación de la democracia” como sistema político y del Estado de Derecho como su expresión formal más genuina. Se habla de una “crisis de representatividad” que aleja a los representantes del pueblo o “clase política” de la ciudadanía, surgiendo un peligroso abismo entre ellos. Dicen que se observa un creciente escepticismo sobre las ventajas de la democracia, crece el abstencionismo electoral y la desafiliación política, para dar paso a la llamada anti-política y a las preferencias por soluciones rápidas, que tienden a desbordar los procedimientos democráticos.3
Para continuar leyendo el ensayo:
*Individuo de número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales – Venezuela.
| Editado por los Papeles del CREM a cargo de Raúl Ochoa Cuenca. |
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