José Rodríguez Iturbe: El realismo político de Michael Oakheshott

Por José Rodríguez Iturbe

“En la vida política —dice Timothy Fuller— nos comportamos en términos de condiciones deseables que en nuestra opinión ‘debieran ser’ pero que ‘todavía no son’. Este mundo de lo incesantemente deseado surge a través de la expresión de opiniones individuales que pueden entrar en conflicto con facilidad. A menudo, quienes realizan actividades prácticas imaginan que puede haber un estado de cosas que, una vez alcanzado, terminará con la necesidad de desear algo más. Los proveedores de planes de una Torre de Babel acechan siempre en las esquinas y los callejones de la vida política”. Destaca Fuller que algunos de los críticos de Oakeshott (que decían que estaba poco interesado en la argumentación, la claridad o la filosofía política misma) no sólo no lo interpretaron bien, ni lo entendieron cabalmente, sino que pusieron de relieve “cuán profundamente politizada se ha vuelto la filosofía política en nuestro tiempo”1. Y añade: “Oakeshott cree que hay una diferencia categórica entre la filosofía y la política. La primera, que busca el entendimiento por sí mismo, no puede reducirse a la segunda; y ésta, que siempre debe tratar de preservar y no de cambiar, no puede ser transportada a aquella. La vida política tiene su propio carácter. Si Oakeshott no elogia esa vida tampoco la desprecia. Acepta la política, como lo hiciera Aristóteles, como un modo independiente de actividad humana que no necesita un amo especulativo que lo corrija. Esto no quiere decir que la política no se pueda desviar. Los ‘racionalistas’, a quienes Oakeshott trata de refutar (…), insisten en ideologías o esquemas tecnocráticos de ingeniería social que guíen las decisiones de la vida política, pasando por alto el sentido práctico de los asuntos que se encuentra en los políticos experimentados. La filosofía, al oponerse a la ideología como su caricatura, no olvida ni niega la imposibilidad del éxito en el control y la dirección de la vida política hacia una meta definida previamente”.

Oakeshott y la libertad humana

¿Cómo concibe Oakeshott la libertad humana? Según Fuller, de la siguiente manera: “La libertad es una característica inherente a la existencia humana, presente en cuanto el ser humano está presente. La libertad no debe verse sólo como una condición que se alcanzará al fin, sino como una característica perpetuamente presente de la existencia consciente. La tiranía es espuria precisamente porque trata de reprimir lo que no se puede reprimir en la existencia humana: la necesidad de todo ser humano de representar su propia respuesta ante el mundo. Cuando los seres humanos se liberan de la tiranía no se les está dando su libertad, porque nadie tiene una posesión especial de ella ni la autoridad para otorgarla o negarla; se está reconociendo que esos seres humanos tienen libertad”2. Y agrega Fuller: “La política no surge de ‘deseos instantáneos ni de principios generales, sino de las tradiciones acerca del comportamiento’. Estos arreglos que atienden los políticos reflejan el estado actual de combinaciones de deseos y principios de larga evolución.

Reflejan maneras de vivir, modos de vida producidos a través del tiempo por la miríada de elecciones de individuos en el proceso de aprender a asociarse entre sí. Las prácticas se desarrollan y a través de ellas se integran los deseos y los principios en una forma concreta, convirtiendo a la asociación civil en algo concreto y humanamente posible”3.

Oakeshott ha sido acusado de esteticismo, “de no apreciar la necesidad de la lucha para lograr la creatividad en la práctica”. Responde Fuller: “Sabe muy bien lo que ocurre en la vida política, pero ve en ella una tendencia al autoengaño que se niega a respetar”4.

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«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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