De los “Abajo Firmantes” a la “Rendición Incondicional”

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 Por Eduardo Martínez

Teniendo como fondo la tragedia nacional, este 14 de abril nos enteramos de la llamada “carta de los 25”. Una misiva “abajo firmada” por 25 venezolanos dirigida al presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, con copia a 12 honorables funcionarios estadounidenses. Escribir cartas no es nada extraordinario.  Todo comienza en la más temprana edad cuando la tradición nos lleva escribir nuestra primera experiencia epistolar: la carta navideña a San Nicolás, o al “Niño Jesús”, como lo llamamos en Venezuela.

Se puede decir, que esta tradición comienza cuando todavía los niños no saben escribir. Por lo que, sin temor a equivocarnos, el inicio de esta tradición es también la primera experiencia gerencial: dictan la carta, a un secretario accidental que es alguno de los padres.

Es significativo lo que está detrás de la carta. Los niños se enfrentan, al llegar el final del año, con el deseo de tener juguetes que no tienen. Los ven anunciados en la TV, los tienen sus amigos cercanos. Por lo que suele ocurrir que cuando les piden a sus padres el juguete en cuestión, casi siempre obtienen como respuesta: pídeselo a Santa, que si te portaste bien en el año, él te lo traerá.

Es entonces cuando la cuestión toma un perfil sobrenatural. Aunque también el beneficio vendrá condicionado: hay que comportarse bien. No será gratis.

Una carta para Biden

Los 25 venezolanos, que se autoacreditan como “representantes del sector privado venezolano y la sociedad civil”, en su carta hacen un llamado al gobierno de EEUU para que permita a las empresas petroleras occidentales y otras privadas regenerar el sector petrolero venezolano.

En los otros párrafos de la carta, los abajo firmantes enumeran puntos y principios hartos exigidos al régimen de Nicolás Maduro, tales como reformas electorales, liberar presos políticos, y tantas otras peticiones que, a los países democráticos, nadie se ve en la necesidad de pedir, y mucho menos, estar enviando cartas al ocupado presidente de los EEUU.

El meollo de la carta

Lo que se pide en la carta, es que se autorice a las grandes petroleras occidentales sacarle las patas del barro financiero al régimen venezolano. Empresas que fueron prácticamente expulsadas y expoliadas en sus contratos por el régimen venezolano. Muchas de ellas no se fueron porque quisieron, ni porque operó contra ellas la aplicación de sanciones. Simplemente las corrieron, luego de los insultos y sometimiento al escarnio, en aquellas cadenas interminables.

Sin embargo, lo más resaltante en la misiva, es lo que no se dice claramente, así como la ausencia de un destinatario que no puede dejarse por fuera, y mucho menos, pasar agachado: Nicolás Maduro.

Reescribiendo lo que se quiere decir

Colocando los términos de la carta en castellano sencillo y directo, los que los abajo firmantes no quisieron decir, es que: Suspendan las sanciones, a la vez que no se le pide a Maduro nada a cambio. Lo que demuestra una característica cuasi mágica de la misiva. Algo así como cuando se le escribe con mucha inocencia al Niño Jesús.

Lo que exige la realidad venezolana

La oposición venezolana se ha excedido en su prudencia en los últimos años. Han tenido grandes momentos que, a la final, han sido solo eso: momentos.

Cuando giramos unos 90 grados el cuello, y tratamos de ver hacia atrás, nos encontramos con avances sostenidos del régimen, y retrocesos sustanciales de la oposición y la población en general. Lo que se ha materializado en una diáspora de más de 7 millones de venezolanos.

Si algo necesitamos para resolver nuestra tragedia no es precisamente inocencia. Preferimos acuñar ese vocablo, que uno peor: traición. Aunque a veces es eso lo que observamos.

Regresando al contexto de la carta de los abajo firmantes, por sus menciones y sus ausencias, estaríamos frente a una “rendición incondicional”. Entregaremos todo, y no obtendremos nada… y el régimen seguirá teniendo los recursos para financiar su proyecto revolucionario “urbi et orbi”.

editor@eastwebside.com

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