Coincido con José Antonio Marina cuando él afirma que «sólo hay
valentía para el bien». Todo lo demás fines son perversos, y los
medios que se usan para lograrlos, ilegítimos. Por eso no se puede
juzgar de la misma forma los arrestos de Santiago Clavijo y su hermano
Pepe, con la cobarde actitud del gobernador Isea, cuya frustración tuvo
formato policial, gas del bueno y la provocación de un crimen, que como
casi siempre ocurre, arrebató la vida a un joven venezolano, espectador
tal vez sorprendido de cómo la estupidez se puede convertir, por los
azares del destino, en gobierno de fuerza. No puede ser evaluada de la
misma forma la resistencia civil de ciudadanos comprometidos con la
búsqueda pacífica y democrática de opciones al régimen, que la
violencia de Estado, emprendida brutalmente.
«Valiente es aquel a quien la dificultad o el esfuerzo no le impiden
emprender algo justo o valioso, ni le hacen abandonar el propósito a
mitad del camino» -sigue diciendo Marina. Pues bien, 3.040.499
ciudadanos decidieron hacer la diferencia un domingo del mes de febrero.
Cada uno de ellos tendría razones para salir, y también razones para
quedarse en su casa. El gobierno no dejó de amenazar, de insinuar y de
demostrar que estaba dispuesto a reeditar cualquiera de los formatos de
persecución que ha utilizado en los últimos 13 años. Sin embargo, al
final salieron de sus casas, se dirigieron al centro de votaciones y
decidieron respaldar a sus candidatos. Una forma de heroísmo que se
expresa en el deber cotidiano, que no busca demostraciones fastuosas de
fuerza, pero que al final convirtió cada uno de esos actos individuales
en una inmensa bofetada a la autocracia.
Concluye el filósofo señalando que «Valiente es aquel que actúa
pues, a pesar de la dificultad, y guiando su acción por la justicia,
que es el último criterio de valentía.» Y vino el zarpazo. Cabía
esperar que la exasperación concluyera en la hoguera de las amenazas
realizadas. Esta vez el ya muy desprestigiado TSJ hizo de «_______prima
donna________»_ y resolvió rápidamente la confiscación de los
cuadernos electorales de todo el país bajo la excusa de resolver una
solicitud en uno de los municipios del Estado Yaracuy. La respuesta fue
inmediata. Nubes de humo y ceniza resguardaron el secreto del voto, y
confirmaron los arrestos de Teresa Albanes y el resto de la Comisión
Electoral. Al fin y al cabo, la valentía es también mantener la
palabra y hacer honor a los compromisos. También hay que decir que el
Plan República hizo caso omiso de la orden impartida.
Para Don Augusto Mijares, «héroe es el que resiste cuando los otros
ceden». Y los hay por millones. Los empresarios que aquí se han
quedado, los trabajadores que salen de sus casas todos los días, los
jóvenes que persisten en sus estudios y los jóvenes profesionales que
no caen en la tentación del extrañamiento. Todos somos parte de esa
resistencia que ha hecho imposible un avance más veloz de la infamia
comunista, a pesar de la inseguridad, la debacle económica y la
erosión de los servicios públicos. «Héroe -continúa Mijares- es que
se rebela contra la rutina y el conformismo» y que por lo tanto no da su
brazo a torcer ni se resigna a tener que vivir y morir enlodado en
Chavismo. Y también se cuentan por millones, los ciudadanos que se
mantienen firmes, a pesar de las consecuencias de su firmeza, y que no
tendrán que justificar ni siquiera una nota entonada a favor del
oprobio, como que si la indiferencia fuera posible habiéndose acumulado
170 mil muertes violentas y luego de haber dilapidado la más importante
fortuna por cuenta de 13 años de renta petrolera. Millones que no han
querido ser los Mefistófeles del régimen, y que por lo tanto «se han
conservado puros cuando otros se han prostituido».
Una cosa es la firmeza de convicciones, y esa capacidad heroica que se
trasiega en las pequeñas decisiones de lo cotidiano, y otra muy
distinta ese radicalismo animal que corroe las fibras de la esperanza.
El radical busca culpables y se convierte en un obstáculo para el
progreso, mientras que la firmeza de convicciones aclara objetivos y
elimina las dudas. Esta campaña tiene varias certezas: la necesidad de
la unidad nacional; el imperativo de la inclusión sin exclusión; la
relevancia de la tolerancia en la transición; la exigencia de respeto a
las autoridades y poderes públicos; el apego a la letra constitucional;
la reivindicación de la soberanía y el interés nacional; y el relieve
que hay que ponerle al mensaje de esperanza, paz y progreso. La hora no
es para el cálculo chiquito. De eso se trata el heroísmo que se nos
exige a todos. Ese es el precio que tendremos que pagar.
Víctor Maldonado C
