Alternabilidad democrática, caos, inestabilidad, un drama en América Latina

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Rey Fernando VII, 1810.

Por Eduardo Martínez

Es la alternabilidad democrática uno de los problemas no resueltos en América Latina. Si bien es verdad que, en el Siglo XIX se independizaron de España los países de América, al final esa separación no conllevó al establecimiento de un sistema de gobierno democrático estable. Lo que tampoco existía en España.

Es así como a 200 años de la exitosa gesta independentistas, las naciones latinoamericanas continúan con democracias siempre al borde del caos, elección tras elección.

Lo que nunca ha sido aceptado por el liderazgo, es que los 300 años de dominio colonial trasladó al nuevo mundo una cultura, que vino como un paquete completo: idioma, religión, y formas de gobierno. Ese paquete fue condimentado -en menor proporción- con otras dos culturas: la local, autóctona, llamada precolombina; y la cultura que importaron los barcos negreros que venían de África.

De esta manera, se dio una fusión, que nos puede hacer parecer distintos a la cultura occidental, pero que en esencia somos iguales en los valores fundamentales de la cultura judeo-cristiana.

La democracia, como la conocemos hoy en día, estaba en evolución en el Siglo XIX. A pesar de los avances en Europa, acelerados con la revolución americana (1776) y la francesa (1789), en la primera parte del siglo prevalecían en el viejo continente los parámetros coloniales, autoritarios, monárquicos y sin que existiera   una separación real de poderes.

Los próceres de las independencias americanas, a excepción de los libertarios y liberales del naciente Estados Unidos, pudiendo tener en mente los valores filosóficos griegos, se condujeron mayormente con la tradición autoritaria de los gobernantes españoles.

Es otro tema de discusión, más complejo, entrar a analizar las condiciones políticas reales que los llevó a asumir ese rol. Entre otros, porque en el caso venezolano cortaron los nexos con una España dominada por Napoleón y asumieron el control colonial en nombre del depuesto rey de España. Luego, como se dice coloquialmente, “se quedaron con el coroto” y declararon la independencia.

El problema fue de control, no de democratización. Sonaba bonito el discurso político que enfatizaba que ahora los venezolanos asumíamos nuestro destino, cuando en verdad era una élite la que asumía el poder. En tanto, han pasado 200 años y seguimos discutiendo el tema pendiente: la democracia.

Los valores de la democracia

Para que una democracia sea una democracia debe cumplir con ciertas condiciones: los ciudadanos deben elegir a sus gobernantes, debe existir una separación, entre los tres poderes fundamentales, y debe existir la alternabilidad.

Para que esas condiciones sean claras y respetadas, deben estar definidas en una Constitución, y en leyes escritas.

Todo eso en conjunto, es lo que los anglosajones llaman: the rule of law. (Trad.:  La regla de la ley). Lo que se considera es la manera de asegurar los derechos humanos, así como también la propiedad, los contratos y los derechos procesales. Con ello, nadie está por encima de las leyes.

La alternabilidad

Con la figura de la alternabilidad, se busca que los gobernantes no se perpetúen en el poder. De tal manera que se establecen los medios legales para que sean relevados periódicamente.

Se cree popularmente en Latinoamérica, que lo principal en una democracia es la elección popular de los gobernantes. Pero se olvidan del concepto de la alternabilidad. Con la elección, se llega al poder. Con la alternabilidad, se garantiza que los gobernantes no sea eternicen en el poder.

En las últimas dos décadas, gobernantes latinoamericanos con fuerte apoyo electoral, han tomado el camino de cambiar la Constitución. Con lo que, una vez alcanzado el poder, pasan a cambiar las reglas fundacionales y electorales, con el fin publicitado de hacer una democracia “inclusiva”, en la cual participen todos de manera protagónica. Nada más alejado de las verdaderas intenciones, por cuanto entre los cambios -antes o después- introducen la reelección indefinida.

Constituyente rusa de 1918

En casi todos los países latinoamericanos, la propuesta de la Constituyente que está o ha estado en la agenda política. Pero no es una idea nueva en el mundo.

Se puede decir que esta estrategia de perpetuación en el poder, tiene su origen moderno en los episodios que acompañaron la redacción de la Constitución rusa de 1918.

En el caso venezolano, en la discusión de la Constitución de 1999 es sorprendente encontrar esquemas de propuestas calcadas en el molde de las discusiones bolcheviques de 1918. ¿Casualidad?

Por lo visto no ha sido así. Esos modelos los podemos encontrar en otras experiencias constituyentes en la región.

El esquema es muy simple: ante crisis problemas, que acompaña siempre a cualquier gobierno, se fundamenta la acción opositora en convertir los problemas en caos social, proponer una constituyente, cambiar la constitución, y de introducir formas que garanticen la imposibilidad de una alternabilidad democrática.

Por ello no debe extrañarnos que, en nuestros países de la región, el tema de la alternabilidad introduzca inestabilidad política. Lo que, lo que debería ser transiciones de gobierno de un partido a otro, se transforman transiciones traumáticas que ponen en vilo la paz y tranquilidad de la sociedad.

Si observamos el mapa de Centro y Suramérica, país por país, nos damos cuenta que en todos está latente esta propuesta, con cambios de normas del juego democrático que desvirtúan los valores la democracia. Pervirtiendo The rule of law, para erigir dictaduras y gobiernos autoritarios que intentan la perpetuidad.

editor@eastwebside.com

Recomendamos la lectura del artículo: «Estado plurinacional castrochavista para destruir las naciones de América», de Carlos Sánchez Berzaín.

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