“No comparto la comparación que hace Eduardo Martinez, aquí la verdadera contraparte no es la oposición sino los EEUU”
MSG anónimo
Por Eduardo Martínez
A propósito de nuestros análisis, recibimos ayer un comentario -re enviado varias veces- sobre comparaciones que hemos hecho en cuanto al episodio de las negociaciones del llamado Acuerdo de México.
En el citado comentario, que encabeza esta nota, se señala que “la verdadera contraparte no es la oposición sino los EEUU”. A simple vista, la apreciación pudiera ser razonable . Sin embargo, encontramos que la estrategia del régimen apunta a algo más profundo.
Por supuesto que a Nicolás Maduro le gustaría negociar de “tu a tu” con el presidente Jose Biden. Un peine, que a pesar de sus señalados errores, Biden hasta el momento no parece querer pisar. Razón por la cual Maduro no tiene otro recurso que tener que sentarse con representantes de la oposición.
EEUU ha señalado pública y privadamente que Maduro debe negociar con la oposición venezolana. Paralelamente, en la escalada de la crisis venezolana, Washington ha establecido sanciones a la nomenclatura del régimen de Caracas, en lo personal, y en algunos casos puntuales a instituciones y/o empresas venezolanas.
Maduro -en verdad- prefiere no negociar, porque es un procedimiento que lo obligaría a ceder en cuotas y sectores que controla de forma hegemónica. Por ello, a pesar de que las sanciones del mundo occidental lo tienen acorralado financieramente, da vueltas y vueltas antes de aterrizar en una mesa de negociación. Al igual de lo que la hacen las moscas, antes de posarse sobre cualquier cosa.
A Maduro le asiste la ventaja de la posición que tiene. Como dicen en los barrios caraqueños, ante esta crisis que viven los venezolanos, “él y su gente comen lomito, mientras que la población come hueso y pellejo”. Por esta razón, los jerarcas pueden resistir y por ello siguen el camino de tratar de correr “la arruga de los problemas”. Siguen comiendo lomito.
Regresando al Acuerdo de México, observamos que el régimen ha utilizado parcialmente la llamada “metodología destructiva” del comunismo en su primera fase. La cual no es otra que la fase de la “dislocación”.
La dislocación es como sacar de su sitio un hueso del cuerpo humano y colocarlo en otro sitio. Si hacemos esto, ese hueso estaría fuera de lugar y no marcharía bien. Se ha dislocado el hueso.
Así ocurrió con las negociaciones en México. El régimen obtiene de la oposición presente, bajo la coordinación de Gerardo Blyde, lo que quiere. No da nada a cambio. Para luego dislocar lo obtenido y exigirle a la oposición lo que no puede otorgar porque “no esté en sus manos”: levantar las sanciones.
Con lo obtenido, Maduro se declara ganador. “Me reconocen dicen”. Pero condiciona unas elecciones libres y transparentes a que los EEUU levante las sanciones, y devuelva los fondos venezolanos congelados.
Esto es un claro ejemplo de lo que signfica “dislocar”.
Recomponiendo los detalles de lo sucedido en México, desde el punto de vista de quién negoció con quién: la oposición negocia con el régimen; el régimen no negocia, sino que impone su parecer por las torpezas de la oposición; y después el régimen le pide a la oposición que ceda en lo que no está en sus manos. Una exigencia que “solo” Estados Unidos puede conceder.
¿Qué seguirá?
La estrategia de Maduro es de mayor alcance. Parece ser una adaptación de la “metodología destructiva”. Si es así, tenemos a la vista tres fases: la intimidación, la desmoralización y la eliminación.
Con el discurso del día lunes, posterior a la firma del Acuerdo, ya se pueden ver los preliminares de la intimidación. En efecto, Maduro empezó a minimizar a quienes representaron a la oposición en México. Los calificó de “un sector de la oposición”, y que el gobierno negociaría con otros sectores de la oposición. También los calificó de golpistas, lo que cierne sobre los negociadores la amenaza de un posible juicio, entre otras.
Regresando al comentario de un lector anónimo, estimamos que la situación es mucho más compleja que la simple definición de la “contraparte”. Para el régimen, la contraparte no es lo importante ni lo urgente. Ellos siguen comiendo lomito, y los venezolanos siguen comiendo huesos y pellejos. La contraparte es la oposición. Si bien las sanciones han logrado sentar al régimen a negociar, el régimen desarrolla una metodología destructiva que la misma oposición y los analistas, no atinan a verla y, por lo tanto, no están en disposición de establecer acciones de contraataque.
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