Víctor Maldonado: Fedecámaras en el siglo XXI

por: Víctor Maldonado C.

“Si no existiera habría que crearla…”

El 17 de julio de 1944 se reunió la Convención Nacional de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción que por la decisión unánime de sus veintidós miembros fundadores resolvió fundar a Fedecámaras. Su primer presidente fue Luis Gonzalo Marturet, a la sazón presidente de la Cámara de Comercio de la Guaira. Y en su junta directiva participaron Andrés Boulton, presidente de la Cámara de Comercio de Caracas y José Manuel Sarmiento, de la Cámara de Industriales de Caracas. Sesenta y siete años después esa Institución sigue vigente proponiendo la instauración de los mismos principios que motivaron su constitución: Libre Empresa, Respeto a los Derechos de Propiedad, Estímulo a la Competencia y Oposición al Intervencionismo Gubernamental.

Muchas cosas han pasado desde aquella noche en la que el presidente de la recién estrenada corporación pronunciaba su discurso en el banquete de clausura que se ofrecía al General Presidente de la República y sus ministros. Quince meses exactos le quedaban de gobierno a Isaías Medina Angarita antes que la locura de Diógenes Escalante y el renacimiento de las divisiones ancestrales colocaran al país en ese extraño avance retrógrado que significó el trienio y la dictadura de Pérez Jiménez. Seguramente el país sentía el palpitar del caos inminente, sin embargo a pesar de eso, al leer a la distancia el texto de esa alocución podríamos tener la sensación de que las palabras allí pronunciadas tienen una vigencia desconsoladora, en razón del tiempo que se ha invertido sin poder salir del laberinto que nos tiene sometidos, hoy tanto como ayer, a los mismos dogmas y a la misma tiranía.

Cooperación, construcción de consensos, reconocimiento de la necesidad de cimentar una sólida relación tripartita, y el compromiso de subordinar los intereses particulares a los de la patria  fueron las consignas que una y otra vez se invocaron como fundamentos para la acción gremial. Hoy en día ellas siguen siendo un desiderátum y una exigencia que se nos impone desde la ética ciudadana. Tendremos que reconstruir el país y en ese esfuerzo Fedecámaras deberá demostrar una sólida consistencia con lo que es su heredad fundamental: Proponer una economía que sea capaz de construir prosperidad, libertad y oportunidades para la realización feliz de las personas. Edificar una gran cantera de posibilidades para el emprendimiento, la educación para el trabajo, la reformulación de los valores ciudadanos y la construcción de un nuevo modelo de país, menos dependiente de la dadivosa mano del gobierno, y más digna, basada en la razón, el orgullo y la productividad individual.

Fedecámaras no nació para regatear su papel en la defensa de los principios. Tampoco para negar el diálogo. Mucho menos para erigirse en el obelisco del egoísmo del negocio propio. Son patéticos los negociantes adscritos al gobierno que se arropan en esa trama de justificaciones que parece darles argumentos suficientes para construir fortunas al margen de la suerte del país. Fedecámaras no nació para la entrega sino para el debate. Y le ha correspondido el difícil papel de defender el rol de la empresa privada en un país que no logra entender con precisión las relaciones entre la organización del trabajo, la inversión, el riesgo y la prosperidad. Aquí creemos que el maná cae del cielo como una obligación divina con el pueblo elegido. El tratar de rebatir esa pretensión nacional ha sido siempre una dura pelea que más de una vez ha abatido las conciencias de los propios tanto como de los extraños. A pesar de ello, la Institución, sus principios y su acervo han demostrado ser más fuertes que la conjura de las circunstancias. Somos un país con poco capital social, baja participación y muy poco interés en  la asociación. Además tenemos una predisposición muy marcada por el “trapicheo” institucional en el que molemos a líderes, voceros y prestigios. Tenemos muy poca vocación por el reconocimiento y despreciamos la historia, sobre todo la nuestra, la de cada uno, la que nos podría identificar con un proyecto colectivo que no depende de los que nosotros fundemos, sino de aquellos macerados por el tiempo y que recibimos como el legado de los que nos precedieron en los mismos esfuerzos. Porque así somos, y porque hemos resistido a doce años de devastación institucional, es que me parece notable que Fedecámaras exista, tenga vigencia y todavía sea capaz de privilegiar los principios sobre cualquier otra consideración.

Los tiempos oscuros son especialmente propicios para el resplandor de los principios defendidos con coraje. No se trata de transitar por las trampas del socialismo populista, tampoco de manosear la piel de zapa del rentismo. Se trata de creer en la vigencia de las viejas consignas de la libertad que hacen de cada persona una oportunidad para el ejercicio de la felicidad. Y de todos, una posibilidad de tener patria próspera y soberana.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com

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