Simón Jiménez Salas: Decantación del ser político (3 de 4)  

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Por Simón Jiménez Salas

Los líderes en Venezuela

Los partidos se proyectan a través de un líder o líderes políticos que son los jefes o  conductores que motivan e incentivan a la militancia para que manifiesten testimonios con las características que señale dicho líder. El Líder trasmite respeto, deseo de participación activa o de conveniencia pata asistir a las movilizaciones;  atrae la militancia a la práctica del proselitismo y a un trabajo objetivado en función del bienestar de la organización política.  

Los líderes primarios son los fundadores del Partido donde siempre existe uno de ellos con mayor rango. Pero en la evolución de los partidos o movimientos políticos surgen nuevos líderes que también deben considerarse de legítimos; por lo cual es posible que el crecimiento del partido sea exponencial y esos nuevos líderes sobrevenidos a la fundación, movilicen y tengan mayor aceptación que los lideres fundadores porque cobijan y logran una mejor identificación con la nueva militancia. Hay contemporaneidad lo que implica mas rápida identificación entre dirigentes y militancias.

En Venezuela tenemos ejemplos de divisiones o escisiones de los partidos. Por ejemplo URD estaba de hecho dividida cuando Alirio Ugarte Pelayo en mayo de 1966 iba a anunciar su nuevo movimiento devenido todo de su partido madre, URD, cuando se suicidó en su casa.  Luis Beltrán Prieto dividió a Acción democrática creyendo tener la gran mayoría de la base. Rafael Caldera, después de anunciar ir a sus “cuarteles de Invierno” o “pasar a la reserva” se lanzó como candidato al margen de su creación, COPEI, fundando un nuevo movimiento denominado “convergencia” que aglutinó micros partidos que se denominó el “chiripero” y  con ellos llegó a su segunda presidencia.

Estas escisiones vinieron desde adentro; pero hoy hay escisiones de se producen desde afuera, impuesto por el Tribunal Supremo del Gobierno y así existen dos COPEI, dos Primero Justicia, dos Acción Democrática y dos Voluntad Popular, donde dirigentes comprados han asumido, supuestamente, la representación de esos partidos que concurrirán a las elecciones convocadas por el ilegitimo CNE  para legitimar la reelección de Nicolas Maduro. La piedra angular y base de esta descomposición corporativa es un nuevo movimiento denominado “Progreso”

Es triste ver que un dirigente que se ha formado dentro de una organización política la divida para alimentar su ego y su ambición personal; con lo cual muchos de los que le respetaban o admiraban, amigos, incluso bastantes de los que le seguían y lo consideraban su conductor; no solo lo califican de traidor, sino que el divisionista se demerita en exceso a los ojos del colectivo.

Los partidos políticos

El Partido político, y por ende el político visto individualmente, debe soportar su actividad con una ideología, una doctrina que defina los principios de la organización que rigen la actividad del político. Es una plataforma necesaria que alimenta la existencia del partido y del político. No basta un programa de gobierno, porque las pautas y objetivos son temporales y cambiantes en el tiempo; por ello es que deben cobijarse bajo los principios de una ideología.

Acción Democrática se identificó con la “Social Democracia”, COPEI con el Social Cristianismo; Primero Justicia como “progresista-humanista” o “humanismo integral” y Voluntad Popular de ideología progresista, un socio- liberalismo.-

Cuando el Partido no desarrolla su ideología, su existencia es temporal no trascendente; o sea con caducidad a plazo determinado. Por tanto el político que no tiene tras de sí un partido con ideología definida necesaria para trascender, se va eclipsando en la medida que otros partidos desarrollan su doctrina, sobre cuyas base levanten programas de gobierno y se estabiliza o crecen.

En política se dice como axioma que su ejercicio requiere de una preparación no sólo puntual en las necesidades sentidas del pueblo, sino soportadas y trascendentes. Tener un bagaje cultural, real e ideológico permite impide que el universo electoral y social perciban debilidades.

«La idea es que el político, a lo largo de todo el proceso, capitaliza un escenario que va variando en el tiempo, con miras a progresar en su andadura y fin de culminar ésta lo más satisfactoriamente posible para sus intereses. Éstos pueden ser de orden material, de orden espiritual, o una combinación de ambos. Los primeros traducen la búsqueda egoísta de una sensible mejora de su situación económica, mientras que los segundos buscan dar cumplida satisfacción a su vocación inicial altruista de servicio y compromiso social, o pueden reflejar la búsqueda de otros propósitos de carácter hedonista o incluso megalómano.»(Manuel Alcántara Sáez)

No se trata de abrazar una ideología y presentarla en su plataforma; pues se requiere que el político se haya preparado en esa doctrina para que al exponerlo los oyentes lo absorban, para generar comunicación con el electorado en forma fluida. “Ahora bien, establecer los estándares capaces de introducir una medición sobre la bondad del quehacer del profesional de la política en cualquiera de estos escenarios, resulta complicado (Manuel Alcántara Sáez) .

Esa preparación y el conocimiento de la ideología debe comenzar desde el momento mismo que el ciudadano se afilie a la corriente política. Es una escuela o especie de escuela que el partido debe desarrollar; pues esos aprendizajes maduran al político que simultáneamente va recibiendo mensajes de la realidad económica, social y cultural de su electorado, con lo cual adquiere los bagajes fundamentales para un programa de gobierno posible y ejecutable. No solamente debe tenerse, sino que también debe aplicarse, de lo contrario su pasantía por el poder será efímero. Hay que cumplir con las ofertas electorales y adecuarse a los cambios sociales

Los partidos que viven de la personalidad de un líder que opaca al resto dirigencial, también tienen vida muy definida En nuestro país existen varios ejemplos, siendo quizás el más relevante la agrupación formada bajo el manto de Marcos Pérez Jiménez, llamada Cruzada Cívica Nacionalista que, incluso, levantó la bandera del Nuevo Ideal Nacional  que fue la filosofía del dictador durante su Presidencia. En sus comienzos lograron hasta 4 senadores y 21 diputados; pero para 1978 con una exigua votación, de 6.081votos desaparece como Partido. Algo parecido ocurrió con el Partido de Renny Ottolina, denominado Movimiento de Integridad Nacional (MIN), que logró rápida aceptación e iba in crescendo, pero la muerte del fundador en un accidente aéreo lo paralizó primero y fue extinguiéndose, no obstante la persistencia de un directivo de nombre Gonzalo Pérez Hernández.

Caso contrario al principio expuesto es el Peronismo en Argentina.

La experiencia enseña que la mayor confrontación del político no es con los contrincantes electorales de otros partidos; pues ellos devienen de su propia organización. Allí están sus más acérrimos adversarios en virtud de que sus iguales tienen similar aspiración. Allí va a funcionar, la capacidad para lograr adeptos y liderato dentro de su propia organización, formar equipos o grupos en que haya sintonías entre ellos y acepten a alguien en particular como el líder del grupo para lo cual debe exhibir activos individuales. El mismo día que Caldera ganó las elecciones en 1968 se señaló “hemos ganado estas elecciones producto de la disciplina interna como grupo y el reconocimiento de Rafael (Caldera) como el líder del equipo” (Lorenzo Fernández)

 

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