Por Eduardo Martínez
Reducir la democracia, a únicamente el acto de votar, revela las más oscuras tentaciones autocráticas. Lo que casi siempre esconde la intención de manipular los procesos eleccionarios y garantizar la continuidad de la élite gobernante.
Eso no es otra cosa que una estratagema para construir un régimen pseudo democrático en el cual los electores concentran en un solo acto (votar) -cada 5 o 6 años- su derecho democrático.
La democracia es mucho más que eso. No es un acto de un solo día. Es un acto permanente de cada uno de los días.
Y como se vota cada cierto tiempo, el que estipula la Constitución, los eventos democráticos diarios y permanentes se caracterizan por la justicia, el elegir y ser elegido, el acceso a los poderes públicos, la libertad de expresarse, la alternabilidad en el poder, el pensar libremente, el participar de la política, el dedicarse a la profesión de su agrado e interés, el ejercer libremente la actividad económica, entre otras características.
Solo cuando los ciudadanos son libres de ser, hacer y pensar, existe una democracia. Cualquier otra cosa, es un cuento para la subyugación.
Y recuperar la libertad, en ese amanecer del día siguiente, me recuerda lo vivido en Nicaragua en 1989, cuando democráticamente las fuerzas democráticas triunfaron en elecciones.
Esa mañana, el sol fue más claro que nunca, la brisa más intensa, con suficiente fuerza para llenar los pulmones de los ciudadanos, quienes podían respirar el aire puro de la libertad. Ese amanecer nunca lo olvidaremos.
La democracia no es solo votar. Necesita otros ingredientes. Aunque siempre debemos tener presente, que votando, se conquista la democracia y se obtiene la libertad.
@ermartinezd