Fernando Montes Negret: Control de la inflación y tasas de interés al alza

Spread the love

Por Fernando Montes Negret

Actualmente no hay sección económica de periódicos y revistas que no mencionen las elevadas tasas de inflación y la necesidad de que los bancos centrales suban las tasas de interés a fin de tratar de controlarlas. Antes de formular recomendaciones, hay que entender qué está detrás del aumento de los índices de precios, que para muchos es un fenómeno nuevo ya que en los países de la Ocde la población se había acostumbrado a tasas de inflación muy bajas, de menos del 2 por ciento anual, en las últimas dos décadas.

La coyuntura es especialmente compleja en razón a múltiples factores. Por el lado de la demanda, la rápida reactivación económica –al despertarnos del “coma inducido” del covid y sus variantes– con una involuntaria acumulación de ahorros por parte de los estratos de mayores ingresos de la población –al haberse reducido dramáticamente y forzosamente su demanda por servicios, además de los generosos apoyos del gobierno, especialmente en USA, vía transferencias del presupuesto–. Por el lado de la oferta se suman los serios problemas de las cadenas productivas y la logística de los transportes terrestres y marítimos, en parte por la falta de trabajadores y las recurrentes y drásticas cuarentenas en China.

Para completar los problemas, el 24 de febrero pasado Putin invade Ucrania y los precios del petróleo, cereales (trigo y maíz) y algunos metales esenciales (cobre, níquel, etc.) se disparan, ya sea por la destrucción de las fábricas y los puertos en el mar Negro o por las drásticas sanciones que los países de Occidente imponen a Rusia como castigo.

La tasa de inflación anual al mes de marzo en Estados Unidos, medida por el índice de precios al consumidor (IPC), fue del 8,5 por ciento, nivel no alcanzado desde 1982 y muy por encima de las tasas observadas en las últimas décadas de menos del 2 por ciento. Excluyendo los elementos más volátiles del IPC (precios de la energía y los alimentos), la tasa de inflación se reduce al 6,5 por ciento anual al mes de marzo. La situación en la Unión Europea (UE) es algo diferente, con una aumento del IPC, también a marzo, del 7.5 por ciento y de solo el 2,8 por ciento excluyendo aumentos de precios de alimentos y energía. Así, en la UE hay 4.6 puntos porcentuales de diferencia entre los dos indicadores de inflación, frente a solo 2 puntos en los Estados Unidos. De ahí el enfoque más pausado del Banco Central Europeo (BCE) frente al que viene del Fed de los Estados Unidos, donde el exceso de demanda es más marcado.

Los excelentes análisis del premio Nobel de economía Paul Krugman para Estados Unidos (ver: ‘Inflation is about to come down- but do not get too excited’, NYT, 12 de abril de 2022) apuntan a que posiblemente se haya llegado al tope de inflación y se podría esperar que las tasas comiencen a moderarse en los próximos dos meses, en parte por reducciones esperadas en los precios del petróleo y la resolución de algunos de los cuellos de botella de la pandemia, que se están resolviendo y han resultado en un aumento de los inventarios de las empresas. Un obstáculo para lograr un mejor resultado contra la inflación es el aumento rápido de salarios nominales, si bien parece que el salario real decrece (al ser los aumentos nominales menores a la tasa del IPC).

En cuanto a las medidas de política, de nuevo Krugman (‘Wonking Out: How a recession might- and might not- happen’, 22 de abril de 2022) es optimista de que es posible evitar el resultado tradicional de una recesión para poner fin a las elevadas tasas de inflación, dependiendo de si estas últimas reflejan más bien factores temporales en la brecha de 4,6 puntos porcentuales entre los dos índices (IPC y ‘core’) y no una retroalimentación inflación-salarios. Krugman cree que esto último no se está dando en Estados Unidos y que es posible regresar a la trayectoria del PIB potencial sin pasar por una recesión.

La política monetaria busca reducir la expansión cuantitativa que agiganta los balances de los principales bancos centrales y aumentar las tasas de interés que puede controlar, buscando con ambas medidas reducir los excesos de demanda. Sin embargo, algunas de las presiones inflacionarias por el lado de la oferta no son susceptibles a estas medidas y lograr una reducción del IPC tomará tiempo. El consenso en Estados Unidos es que la tasa de interés del Fed cerrará el 2022 en alrededor del 2,5 por ciento (partiendo de casi cero), y subiendo al 3 por ciento a mediados del 2023. Esta trayectoria podría ser baja tomando en cuenta que la rentabilidad de los bonos del Tesoro a 10 años ya está en el 3 por ciento. El BCE quizá seguirá una trayectoria parecida, pero con algún rezago. Por lo pronto, el euro se ha debilitado frente al dólar americano.

Para los países emergentes el panorama luce aún más complejo, ya que hay más frentes abiertos, empezando por los aumentos de la pobreza que deja la pandemia y los potenciales problemas fiscales, de balanza y tipo de cambio. Más aún, la urgencia por evitar una crisis de insolvencia en los hogares y sectores corporativos altamente endeudados, con su eventual impacto sobre el sistema bancario, dando prioridad a evitar, a toda costa, una crisis financiera sistémica. Los resultados dependen, en buena medida, de los niveles de endeudamiento y los diferenciales de tasas de interés domésticas versus los internacionales que inciden sobre las salidas o entradas de capital y la evolución de las tasas de cambio. Por donde se le mire, estamos en una encrucijada difícil.

Publicado por El Tiempo de Bogotá.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *