El terremoto de Cúa de 1878

Por Eduardo Martínez

El terremoto del pasado 24 de junio ha traído al debate la historia telúrica de Caracas y poblaciones cercanas. Entre ellas, el terremoto de Cúa de 1878, por su fuerza y devastación.

Ese recuerdo ha revuelto la tradición oral familiar. Recurrente memoria que ha surgido en las conversas entre los mayores de mi familia cada vez que se producía un sismo. Entre estos se encuentra, el gran sismo de 1960 – a la par del de Chile (9,5 grados, el 22 de octubre a las 15:11:43)- que los venezolanos consideraron una réplica. Aunque sin mayores daños en Venezuela.

En esta fecha de 1960, habíamos subido desde Maiquetía a Caracas -sobre la hora del sismo- para visitar a los abuelos maternos. Cuando llegamos a casa de los abuelos, nos encontramos con que toda la calle estaba tomada por los atemorizados vecinos que no regresaban a sus casas. Sin embargo, nosotros en un vehículo que se desplazaba, no habíamos percibido el sismo.

Luego de un buen rato, pasamos al interior de la casa donde prepararon café para los mayores y jugos para los más pequeños. Fue la primera vez que oí las historias familiares del terremoto de 1878.

Si bien yo estaba por cumplir los 5 años, es una historia que me impactó y nunca se me olvidó. Y como dicen en las películas: “parece que fue ayer”.

Contaba mi abuelo, que María Ellul -su mamá- era una bebé nacida en Cúa que dormía ese día en la casa en el momento del terremoto en una cuna de madera con “rueditas”. Con el movimiento sísmico, la cuna fue empujada hacia debajo de la mesa del comedor. Una obra de otros tiempos fabricada con tablones de sólida madera de 3 pulgadas de grosor. Al ser destruida la vieja casona, y caer las paredes y techo, la mesa protegió a mi bisabuela, salvándola del terremoto.

Unos años después, en esa década de los 60, recuerdo que camino a San Casimiro con mis padres hicimos una breve parada en Cúa. Mi madre quería ver el terreno con las ruinas de la casa familiar. Casi 90 años después, las ruinas todavía estaban en su sitio invadidas por una vegetación que no había podido ocultar las consecuencias del terremoto.

Cuando ocurrió el terremoto de Caracas en julio de 1967, por supuesto que las conversaciones familiares volvieron a traer del recuerdo el terremoto de Cúa donde la bisabuela fue una milagrosa sobreviviente.

Ahora, en que los dos terremotos del 24 de junio son el tema de todos los días, es imposible no recordar las historias familiares.

En esa búsqueda de mayores crónicas, nos topamos con una publicación de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS) del 2018, en la cual reseña la destrucción de Cúa en el terremoto de 1878.

A continuación, transcribimos la nota de FUNVISIS, ilustrativa del destructivo evento:

El evento sísmico destruyó la población de Cúa
En 1878 ocurrió el Terremoto de Cúa

Caracas, 12 de abril de 2018

(Publicado por Funvisis)

El 12 de abril de 1878, a las 8:41 p.m. un potente terremoto estremeció a Cúa, estado Miranda, que también afectó las poblaciones de Charallave, Ocumare, Los Valles del Tuy, Santa Lucía y Yare, dejando al menos 300 personas fallecidas. Algunos datos históricos sugieren que el evento tuvo una magnitud aproximada de 6,4; pero el estudio de “Reevaluación del terremoto del 12 de abril de 1878 a partir de intensidades recientes”, realizado por investigadores de Funvisis, arrojó que el cálculo de la nueva magnitud de este movimiento telúrico fue de 5,68. Antes, como ahora, la actividad sísmica nos recuerda su existencia a través de manifestaciones como ésta.

En la época de la colonia, Cúa fue conocida como La Perla del Tuy gracias a su actividad económica y producción de cacao, era además la conexión entre Caracas, los llanos de Guárico y otras poblaciones; la carretera Cúa-San Casimiro había sido inaugurada por el general Antonio Guzmán Blanco en 1875. Cúa brillaba y florecía comercialmente.

El terremoto sacudió tan fuerte a la ciudad que acabó con una época de especial y sostenida abundancia en la zona, requiriendo que el propio presidente de la República, Francisco Linares Alcántara, visitara las poblaciones afectadas para evaluar directamente los daños ocurridos en la zona. El movimiento telúrico ocasionó innumerables pérdidas en la región, la iglesia quedó totalmente destruida y la mayoría de las casas quedaron en ruinas.

«Cúa dejó de ser para siempre: no queda sino el sitio donde fue y allí tristísimo aspecto de mil edificios derrumbados, del templo no quedó sino una columna con medio capitel», apuntó Antonio Díaz Rodríguez, mediante una carta enviada al periódico La Opinión Nacional.

El impacto del terremoto se aprecia mejor en el súbito cambio de la densidad poblacional, la cual pasó de 16.444 habitantes y 3.263 casas (censo de 1876) a 3.666 habitantes y 633 casas (censo de 1881), una pavorosa disminución del 80% en tan solo cinco años.

Los sismos históricos, como el que hoy recordamos en Cúa, nos permiten atestiguar el penoso saldo de pérdidas irreparables de vidas, familias completas, que pudieron evitarse con la sistemática preparación de la población; de la vulnerabilidad de las construcciones que no cumplen con las normas sismorresistentes que tan cuidadosamente se enuncian y exigen para la protección de todos.

Lamentablemente, la posibilidad de que se repitan eventos de esta magnitud, intensidad y naturaleza sigue presente, Venezuela es un país sísmico. Prevenir es mejor que reconstruir. Funvisis recomienda aumentar nuestra cultura de prevención sísmica que disminuya sensiblemente el impacto de los terremotos en los hogares venezolanos, por ello seguimos trabajando incansable e impostergablemente con nuestros aliados para lograrlo.

Fuente: recuerdos del Editor, con informaciones de www.funvisis.gob.ve.

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