El país no se acaba

Spread the love

Por Eduardo Martínez

En la última semana, los sucesos políticos han enervado los ánimos de los venezolanos.

La decisión de la Sala Constitucional del TSJ de nombrar los rectores del Consejo Nacional Electoral, así como otras dos decisiones de la misma sala -interviniendo los partidos Acción Democrática y Primero Justicia- han alimentado las protestas a través de las redes sociales.

No son nuevas ninguna de estas tres acciones. Ya en el pasado, la Sala Constitucional designó los rectores en dos oportunidades, alegando la figura de la “omisión” parlamentaria.

Lo que el TSJ llama “omisión”, los opositores pudieran denominarlo “descuido”.

No se entiende como la bancada opositora, teniendo el control que le da una mayoría significativa de diputados, haya dejado que el TSJ le quitara de las manos la decisión de los nombramientos.

En cuanto a la intervención de los partidos, en los últimos seis años fueron intervenidos Patria Para Todos (PPT), Podemos, Bandera Roja y Copei.

Tal vez el caso más importante haya sido el del partido Copei.

En el 2015, en plena escogencia y preparación de las listas de los candidatos, cinco militantes del partido reclamaron internamente su derecho a ser candidatos.

Estos copeyanos recurrieron al TSJ, ante la negación por parte de la directiva, de respetar las normas internas de escogencia.

Tampoco fue la primera vez, en estos tiempos, que un copeyano recurría al máximo tribunal. Ya antes, el que en ese momento ejercía la presidencia de Copei – Roberto Enríquez- lo había hecho, para reclamar su derecho a un proceso electoral interno justo, que el se quejaba que Luis Ignacio Planas no le respetaba.

La disputa Enríquez-Planas, fue un bochornoso proceso judicial-electoral, donde ambos demandaron, contrademandaron y los militantes tuvieron que votar en más de una ocasión.

Abierta esa puerta de Copei, que permitió al régimen entrar a decidir las cuestiones internas del partido a través de la Salas Constitucional y la Electoral, ya el trabajo estaba hecho para una intervención más profunda.

Intervención que ocurrió, cuando cinco dirigentes copeyanos del interior exigieron judicialmente que se respetaran sus derechos.

Como la puerta estaba abierta, los magistrados entraron a Copei como “río crecido en conuco”.

Así, “extra petitamente” –como dicen los abogados- procedieron a designar una directiva ad-hoc que “administrara” a Copei, mientras se reponían los procesos para designar los candidatos. Algo que nadie pidió.

El razonamiento para ello, que no carecía de cierta validez en sus explicaciones, señalaba que se suspendía la directiva que no había garantizado el cumplimiento de los procedimientos. Solo que esa suspensión, que se suponía temporal, duraría varios años.

La respuesta de los aliados de Copei en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) fue muy cómoda y conveniente.

Copei fue expulsado de la MUD. Todos las candidaturas que correspondían a Copei fueron asumidas por sus socios, en un festín de reparto inmisericorde.

Desde entonces, Copei ha debido de luchar sólo contra el régimen, solo en contra del CNE-TSJ para lograr un proceso interno, y solo para enfrentar los procesos electorales desde el 2015.

Lo anterior sin olvidar el traumático trámite para recoger nuevamente firmas, y re legalizar el registro como partido nacional.

Ocurrido este precedente, tenemos ahora las intervenciones de otros dos partidos: AD y PJ, y la probable ilegalización de Voluntad Popular, como la está solicitando el Fiscal General de la República.

Analizando en perspectiva lo anteriormente sucedido, y lo que está en estos momentos en pleno desarrollo, debemos abordar algunas conclusiones:

Primero, que zamuro no se puede poner a cuidar la carne.

Segundo, que las traiciones se dan con los amigos. No es figura que se aplique a los aliados.

Tercero, la puertas de los partidos son abiertas a las instancias judiciales por los mismos militantes.

Cuarto, que al igual que los exilios en la era soviética, hay dos tipos de intervenciones: la interna y la externa. Un jefe de partido puede perpetrarse en el poder, violando la normativa interna – lo que es una intervención del partido y la negación de la democracia interna- o la intervención viene de afuera, por parte de un régimen con vocación autocrática.

Quinto, en política no son válidas las rasgaduras de vestiduras ni el ensayo de poner caras de sorpresa. Sobre todo, cuando los sucesos ocurrieron antes.

Sexto –y probablemente la conclusión más importante- que en estos casos, no se trata de defender a los mandos, sino de proteger la institucionalidad, que al fin al cabo responde a los intereses de los militantes.

Séptimo, y finalmente, que el país no se acaba por estos sucesos que no deben ocurrir, y que no debieron haber ocurrido.

eduardomartinez@eastwebside.com

 

Deja un comentario