Venezuela SOS: La crisis económica ya no se puede esconder

Por Eduardo Martínez

Desde hace más de una década, Venezuela vive una prolongada crisis económica. Es innegable, y la vida de los venezolanos se ha visto profundamente afectada. Casi 10 millones de venezolanos que han emigrado son prueba de ella. Uno de cada 3 venezolanos, hace vida fuera del territorio nacional.

Desde el 2013, cuando un entrante presidente heredó la presidencia a la muerte del que murió, se inauguró una nueva estrategia de gobierno y comunicacional que no ha cambiado.

Ante los problemas se anuncia que se van a anunciar medidas que no se anuncian. Que cuando al final se ponen en ejecución, suele ser tarde. Y como toda decisión tardía, no cumple con los logros que se suponía iba a tener. Y lo que logra, es un deterioro aun mayor de la economía nacional.

Recordemos que los primeros meses de gobierno en 2013, se anunciaba que el nuevo timonel se reuniría con los factores productivos del país. Al principio, las reuniones se dieron. Pasaron los meses, y todo lo prometido no se cumplía. Se volvían a reunir, pero no ya con el timonel, sino con los ministros, y luego con los directores. ¿Y las medidas? Quedaban en promesas y en titulares de la hegemonía comunicacional.

Mientras tanto en las calles, el venezolano era movido pro una realidad económica que los llevaba de un lado a otro. Hasta llegar a las terribles fotografías de venezolanos comiendo de la basura.

Para esos años de la explosión de la economía venezolana, la pregunta obligada de los expertos fue ¿Cómo la gente come menos y no se muere? A lo que afectos al régimen señalaban que “era una mentira” proveniente de la guerra sucia de la oposición.

La verdad es que, si había menos venezolanos porque emigraban, se necesitaban menos cantidad de productos básicos. Además, tendría que pasar más de un año para que Caritas, de la Iglesia Católica, publicara un informe que ha debido llamar la atención de las autoridades, pero que encendió la preocupación de la FAO y de algunos gobiernos de los venezolanos.

Cáritas señaló que, en un año, los venezolanos habían perdido casi 10 kilogramos de peso “en promedio”.

La crisis ya se podía ver en la humanidad de la gente. Los números saltaban de las hojas de cálculo de la macroeconomía a la calle, con un desfile de cuerpos famélicos, vestido casi de harapos. Si no hay para y que comer, no hay para lo demás.

Ese resultado lo tenemos a la vista. Pasamos de vivir con estrecheces, a comer de la basura, para luego emprender el camino de la diáspora. “Un tres en uno” de la crisis nacional.

La situación actual estaba cantada. Llegamos a este punto por varios ingredientes, mezclados en una cacerola cada vez más pequeña.

Las políticas adelantadas, por la primera etapa del régimen vigente, produjo la destrucción de la industria nacional. Lo que incluyó a la principal industria petrolera, por no decir la única que generaba las divisas para mantener el ciclo económico nacional.

La economía, altamente dependiente del petróleo, pasó a ser monodependiente.

En un primer momento, de esa primera etapa, mientras los precios del petróleo subían escandalosamente y como consecuencia el ingreso nacional, se repartía ese dinero en los cinco continentes. Había dinero para cualquier locura, y las locuras sobraban.

Luego, se produce un realineamiento con las causas políticas perdidas del mundo. Nos costó más dinero. En cuanto guerra o confrontación, pro más lejana que fuera, había estaba entraba el gobierno venezolano chequera en mano. Pero entraba también en los foros internacionales para alzar la mano condenatoria en contra de los tradicionales amigos de Venezuela.

Poco a poco se cerraban las puertas. Los amigos se reducían. La banca internacional ya no tenía confianza. Los fondos de financiamiento se iban retirando del país, y todo en momentos en que la producción petrolera caía por la falta de mantenimiento y el mal manejo de las operaciones.

En el nuevo alineamiento, los nuevos amigos vendían sus baratijas y sus equipamientos de guerra. Por ahora, las deudas son desconocidas e incuantificables. No se conocen públicamente bajo la “premisa” que son una información “estratégica”.

Cuando llegan las sanciones tomadas por Occidente, ya la producción petrolera había caído a poco más de 1 millón de barriles diarios. Venezuela había pasado de un país pujante, de fines del Siglo XX, a un país al borde de la perdición en el inicio del Siglo XXI.

Sanciones que surgieron, no solo de haberse convertido el régimen en una amenaza internacional, sino que se percibía y percibe como una amenaza para su propio pueblo.

El por ahora, pasó al ahora

Si, ahora no era necesario ser egresado de Harvard o el IESA para ver que una crisis de grandes proporciones se nos acercaba. El triunfo de Donald Trump -en noviembre pasado- sellaba el futuro inmediato.

Lo que se pensaba, pasó a lo que ahora sucede. Las nuevas medidas del gobierno de Washington no tardaron en anunciarse y ejecutarse: el retiro de la petrolera Chevron, por la cancelación de la licencia que le permitía operar en Venezuela. Un torpedo a la ya frágil línea de flotación del régimen venezolano: el financiamiento.

Un gobierno que no sabe producir sino gastar, necesita siempre dinero fresco. Y ha quedado demostrado, que si cayó la producción por una especie de inercia operacional – de 3 millones a 1 millón de barriles diarios- tuvieron que volver a traer a las empresas extrajeras para levantar un poco la producción petrolera. Dejando por fuera hasta la misma PDVSA, anteriormente una de las 5 petroleras más grandes del mundo.

Así llegamos al “ahora”. El gobierno, en su alto mando, tuvo 6 meses con el reloj en su cuenta regresiva, de noviembre a mayo. Debía prever lo que se venía encima al país y a los venezolanos. No lo hicieron. Simplemente, se dedicaron a tratar de correr la arruga creyendo que una vez más podrían hacerlos.

Una semana después del retiro de Chevron, siguen sin tomar medidas que por su naturaleza van a ser extraordinarias. Para ayer, se volvió anunciar que se anunciarían unas primeras medidas. Hoy -ahora- amanecimos sin ellas.

Mientras los días corren, esos nuevos países amigos ya tienen suficientes problemas propias para ayudar al gobierno. Pronunciarán en público su apoyo oral y amenazas variadas. En privado, dirán lo que ya sabemos: no estamos en estos momentos en capacidad de apoyarlos: con el último bombardeo ucraniano nos quedamos sin los bombarderos estratégicos que trajimos una vez; estamos en u delicado punto de negociación con EEUU sobre el proyecto nuclear; no nos entregan más petróleo, y tenemos a oscuras la mayor parte de la isla; el sureste asiático está muy lejos, y somos un país muy pequeño; etc, etc.

Aportando ideas

Es muy fácil criticar, y muy difícil aportar soluciones que funcionen. Más aún, cuando no tenemos el retrato interno de la verdadera profundidad de la situación económica de la Nación.

Sin embargo, cometeré el error de decir algunas cosas.

Para una vuelta de la tortilla económica se ha demostrado que los gobiernos voltean primero la tortilla interna. Y la punta del iceberg de esa tortilla política, apunta a la nomenclatura del gobierno. Los gobiernos, medianamente serios, a estas horas estarían decretado cambios ministeriales radicales. Reducción de las carteras, ajustes de nóminas.

Luego, cambios de las políticas nacionales que no han funcionado, y de su desenvolvimiento internacional.

Eso sería lo primero.

Y lo más difícil:  generar un re industrialización del país, que no será para el ahora. Porque a esta crisis se le da la vuelta con producción y empleo. Cualquier otra cosa, es paliativo noticioso, de micrófonos, que solo meterá tierrita en los oídos de los venezolanos.

Re industrializar al país, es la única manera de llevar otra vez los alimentos a los estómagos de los venezolanos.

Para leer las nuevas medidas económicas: https://www.eastwebside.com/las-nuevas-medidas-economicas.html

editor@eastwebside.com

@ermartinezd

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