Por Eduardo Martínez
El diálogo entre un gobierno que pocos países se tragan, y una oposición que no se sabe a quién representa, pasó de las tortillas mexicanas a los waffles belgas. Dos tradiciones culinarias que han puesto a chocar el pan de maíz americano con el trigo europeo.
En esta nueva edición del diálogo venezolano, y probablemente en desconocimiento de las nuevas realidades de lo que es la oposición actual, por el régimen de Nicolás Maduro asistió Delcy Rodríguez, y Gerardo Blyde por un sector de la oposición.
Anfitrión fue el presidente de Francia, Emmanuel Macrón, quién estuvo acompañado por tres presidentes latinoamericanos de clara posición pro-Maduro: Luis Inácio Lula Da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Alberto Fernández (Argentina).
Al fondo de la fotografía, se observa agazapado a Celso Amorín, un alfil de la política exterior brasilera.
Mientras se difundía desde Bruselas la noticia de este encuentro, en Caracas circulaban informaciones no confirmadas, de presuntas declaraciones de la vicepresidenta Rodríguez en cuanto a que “si no se levantaban las sanciones, no habría un cambio del gobierno Maduro sobre la realización de las elecciones del 2024”.
Si esa declaración no fuera cierta, de todas manera encuadraría dentro de los lineamientos de lo que suelen ser las posiciones de los principales jerarcas del régimen.
Dicho en otras palabras: serían creíbles. Sobre todo porque les acerca a uno de sus más preciados aliados: el presidente Daniel Ortega de Nicaragua. Por que de sus otros grandes aliados, el régimen de La Habana, ya ellos no tienen el prurito -y no esconden- su postura de no dialogar ni reunirse con los opositores. Cuestión de etapas de los procesos autoritarios.
En Bruselas ha quedado evidente el acompañamiento con el que llegó a sentarse Delcy Rodríguez en la mesa de negociación. Lo que hace ver a un Gerardo Blyde solitario y esquinado. Arrinconado a la derecha de la mesa y la fotografía.
Sigue el desequilibrio en los diálogos con el régimen, y la oposición venezolana no tiene el necesario tabaco en la vejiga para darle un golpe a la mesa. Cuando no se tienen, no se tienen.
Es hora que el diálogo sea en Caracas, y de cara a los venezolanos; y que en vez de platos exóticos, sean las arepas y las empanadas las que adornen la mesa de negociación.
Nota: Es de notar «el detalle que faltaba» entre la fotografía distribuida por la Voz de América (VOA), y la foto que circuló por las redes sociales en Venezuela. En VOA, aparece la silla vacía que en la otra foto ocupa Blyde.
@ermartinezd