Por Eduardo Martínez
La semana que está por terminar ha estado signada por una taima en los grandes problemas y controversias del país. El escándalo de corrupción, a los más altos niveles de la nomenclatura del régimen, dio paso a otros problemas, también grandes pero de menor magnitud.
Es inexplicable como la dirigencia opositora haya pisado el peine de una taima impuesta por el régimen. Lo que no es otra cosa, según la Real Academia, que una “pausa” o “señal que detiene momentáneamente el juego”.
Si embargo, en esa dualidad que a veces muestran los vocablos hispanos, también significa “obstinación, empecinamiento, acompañado de silencio y enojo”.
Silencio y enojo, que no muestra la dirigencia, sino el común de los venezolanos. Hombres y mujeres que ven una y otra vez, año tras años desde 1999, como se dejan de lado las oportunidades para propiciar un cambio en el país.
Simultáneamente, la semana ha estado también signada por lo taimado de la estrategia del régimen, que en este sentido es característico de personas “displicentes, desdeñosa”, que además “adopta una actitud de enojo y ensimismamiento, negándose a colaborar con los demás”. Aunque entre otras definiciones, se señala “Que es astuto, pícaro y disimulado”. Algo más ajustado a lo ocurrido.
Taima y taimado, las dos caras de lo que pasó en la semana. Así lo define el diccionario de la Real Academia.
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