Por Eduardo Martínez
Los analistas que observan, tanto de cerca como de lejos el desarrollo de la campaña electoral presidencial venezolana, no atinan a explicarse lo que viene sucediendo en el país. Si bien se señala la profunda y crisis económica que ha llevado a Venezuela a la miseria, la explicación -que es del todo cierta- no termina de convencer a los mismos analistas.
Probablemente sea necesario subirse a una escalera, y desde el complejo barullo de la situación, enfocar telescópicamente hacia el límite del horizonte para ver la la magnitud de la crisis en toda su complejidad.
Si hiciéramos eso, encontraríamos un factor que viene siendo factor común de las estrategias del régimen: se han olvidado de la gente.
Se dice en el derecho que “la causa de la causa, es la causa”, un principio legal de aceptación universal.
Aplicando este principio, como herramienta de análisis, nos ayuda a comprender la naturaleza de la atipicidad de lo que está ocurriendo.
Quienes detentan el poder del actual régimen venezolano, han focalizado siempre metas que dejan por fuera a la gente: la patria -concepto difuso; el imperio -enemigo intangible; la revolución -excusa para la subjugación; motores de la revolución -entelequía de engaño, etc.
Todos esos eslogan publicitarios, han tenido siempre la ausencia de la gente. Están vacíos de los seres humanos de carne y hueso.
Una anecdota
Pero no es la primera vez que estos “timoneles” de los últimos 25 años y antes, han errado la estrategia.
En la misma semana del 4 de febrero de 1992, le preguntaron al presidente Luis Herrera Campíns de “porqué había fracasado la intentona golpista”. Sin dudar un segundo, el presidente contestó: “porque creyeron que en el país solo eran importantes los objetivos militares”. Explicando luego que se habían olvidado de la gente, y del resto de las instituciones.
Sigue siendo así. Para esta legión de aprendices, la gente no cuenta.
@ermartinezd