Román Duque: Retos de la educación virtual universitaria en tiempos de Pandemia

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Por Román J. Duque Corredor

En el Foro telemático  “Los retos de la educación virtual universitaria en tiempos de Pandemia” (*), tuve oportunidad de apreciar la importancia de nuestras universidades en la superación de los estragos del flagelo del Covid-19 en la educación. 

Así cómo en medio de esta adversidad  afrontan sus retos y desafíos para garantizar el derecho a la educación, que según el artículo 30, de la Constitución es uno de los procesos fundamentales para alcanzar los fines esenciales del Estado del desarrollo de la persona y del respeto a su dignidad, del ejercicio democrático de la voluntad popular,  de la construcción de una sociedad justa y amante de la paz,  de la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y  de la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes consagrados en la misma  Constitución.

Razón por la cual la autonomía universitaria, conforme su artículo 109, es una garantía institucional del derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de la aptitudes, vocación y aspiraciones ciudadanas, como se consagra en el artículo 103, de dicho Texto Supremo. Pude valorar en dicho Foro los esfuerzos de la UCV y de la UC en garantizar este derecho ante la suspensión de la docencia presencial por el estado de excepción por calamidad publica y de lo avanzado de sus medios técnicos para sostener la educación a distancia y de sus estudios para adaptar la docencia informática.

Ello para superar los efectos de la crisis endémica en el sistema educativo universitario.  Asimismo, pude valorar la importancia de la participación que las asociaciones organizadoras y auspiciadores del referido Foro aportan para la promoción de estos temas.

La pandemia del coronavirus y la suspensión por esta calamidad de clases presenciales modificaron los parámetros de la educación universitaria.

Esta crisis por sus efectos suspensivos de la docencia presencial es una   amenaza contra el acceso y la calidad del aprendizaje y además es un riesgo de aumento de las tasas de abandono escolar.

La educación a distancia, en el ámbito docente, era la excepción y no la regla.

De allí la necesidad de implementar medidas que ayuden a mitigar el impacto de la pandemia en el proceso de enseñanza y aprendizaje en las diferentes carreras universitarias.

Un elemento en el sistema educativo no presencial que debe atenderse es el mantenimiento del vínculo docente-alumno. Y otro elemento es el de la evaluación bimodal para las calificaciones para los estudiantes.

Para ello se requiere de buena comunicación y por ende de servicios suficientes, adecuados, eficientes y accesibles.

Tal es la preocupación mundial sobre este tema que  la  Unesco ha dado una serie de directrices  a los estados para la educación en situaciones de crisis: mayor financiación, un funcionamiento seguro con protocolos de vuelta gradual, cantidad de estudiantes por clase, distanciamiento social e higiene, compensación del tiempo de instrucción perdido, un fortalecimiento de habilidades para el uso futuro y  mejor de la educación a distancia, capacitación de los docentes en técnicas telemáticas y  adopción de políticas y procedimientos facilitadores para los más marginados.

Directrices que el estado venezolano no cumple, ni promueve, ni soporta. Y ello no obstante que en estas situaciones como la de la pandemia del Covid-19 no hay que olvidar que la educación es un derecho humano y una fuerza del desarrollo sostenible y de la paz.

Así como que el acceso a una educación de calidad es un objetivo del desarrollo sostenible según la Agenda 2030 de la ONU que en épocas de crisis requiere de mayor garantías técnicas, pero fundamentalmente de libertad académica.

Otro reto es el de la educación postpandemias, puesto que ha de seguir el conocimiento de docentes y alumnos en métodos y procesos de educación a distancia, ante la carencia de los medios necesarios y la necesidad de sustituir los equipos inservibles.

Lo cual, por la crisis económica y humanitaria de Venezuela, agravara la accesibilidad a la educación a distancia a los sectores vulnerables, dado la alarmante incidencia de la desigualdad, causada por el aumento del grado de pobreza.

Se estima que mucho mas de la mitad del alumnado no contara con tal acceso, por la ausencia de recursos públicos y la insuficiencia de los que pueden disponer las universidades.

A lo anterior contribuye el déficit presupuestario universitario cada vez más acentuado y las limitadas posibilidades de las universidades de contar con ingresos propios para facilitar el acceso a la educación a distancia.

Pienso que ante esta situación las universidades públicas y privadas tendrán que acudir a la ayuda externa.

En esta ayuda existe ya la experiencia del Programa de Desarrollo de Capacidades para la Educación (CapED) de la UNESCO, establecido con la finalidad que los países menos adelantados  puedan ajustarse mejor a las prioridades del Objetivo 4 de Desarrollo Sostenible (ODS 4) de la Agenda Educación 2030 de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos y  el acceso al aprendizaje y la calidad de este y de evitar el riesgo de aumento de las tasas de abandono escolar y el aumento de la brecha de desigualdades en la educación.

Programa este que contempla planes de ayuda para el perfeccionamiento de los docentes y la sensibilización de los educandos, los padres y las comunidades locales. en materia de educación a distancia y que beneficie a los alumnos y miembros del personal educativo. Y que prevé el suministro y la calidad de los materiales, los recursos y las plataformas de aprendizaje a distancia.

Venezuela, por la crisis económica y humanitaria que la afecta, es un país con severas limitaciones para la educación. Por lo que la desigualdad social creciente de la que padece, por el aumento creciente de la pobreza, puede calificarse como un país de escaso desarrollo o de no adelantado, en comparación con otros países, incluso más pequeños y de menores recursos.

En efecto, según el Índice de Desarrollo Humano de 2019 de la ONU, de 189 países, Venezuela ocupa el lugar 96, como el de más bajo índice de descenso de un país y con una tendencia progresiva a disminuir y con grandes brechas de desigualdad social que se replican en todos los niveles educativos, y que, en cuanto al acceso a la tecnología, la situación es similar.

Se ha dicho que se trata de uno de los mayores retrocesos en el indicador que refleja los logros nacionales en materia de salud, educación y nivel de ingresos. Solo Siria, Libia y Yemen, tres países con prolongados conflictos, han perdido más puestos.

Pienso, pues, que nuestras universidades están en el derecho de contemplar la posibilidad de una ayuda externa, como el Programa mencionado, o de otras fuentes de ayuda internacional.

Esto para permitir la continuidad de la educación a distancia, así como su mejoramiento; y para afrontar los  desafíos a los que la educación universitaria debe hacer frente actualmente por la crisis venezolana, agravada por la pandemia, que fundamentalmente  es una amenaza contra el acceso al aprendizaje y la calidad de este y del el riesgo de aumento de las tasas de abandono escolar y el aumento de la brecha de desigualdades respecto del acceso a una educación de calidad.

También para continuar con tales compromisos en las épocas postpandemias.

Para ello tendrán que elaborar planes de respuesta educativa al COVID-19, planes de respuesta específicas  y planes estratégicos de aprendizaje a distancia y de educación y formación técnica y profesional, e igualmente de su aplicación en colaboración con empresas informáticas.

Finalmente, estimo invalorable la colaboración y cooperación para esta labor y para la gestión de la ayuda externa, la participación de RedUni y de Mujer y Ciudadanía.

Concluyo señalando, que el Foro sobre Retos de la Educación Universitaria en Pandemia responde a esa visión integral y humanitaria de la educación en épocas de crisis, que se integra al derecho de desarrollo sostenible, como base del libre desenvolvimiento de la personalidad, que en tales circunstancias criticas requieren de la corresponsabilidad social del Estado y de la sociedad civil respecto de la garantía del derecho a la educación que es de naturaleza  primaria como el derecho a la salud, puesto que se refiere a la salud espiritual de la población.

(*) Celebrado el 14 de agosto de este año, promovido por  RedUni y Mujer y Ciudadania, con el auspicio de  la Unión Europea, Cedice y Consorcio Desarrollo y Libertad, moderado por la Arquitecta Aixa Armas Arizaleta, y con la participación de las magníficas Rectoras Cecilia Garcia Arocha y Jessy Divo,

 

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