En el 2014, las importaciones serán probablemente el principal cuello de botella de la economía. El control de cambio, combinado con la centralización de las importaciones anunciada por el gobierno en noviembre, será una tenaza que restringirá el desarrollo de las actividades de la manufactura y el comercio. Lo que tendrá como consecuencia un aumento del desabastecimiento en los primeros meses del año.
Aunque todavía no se conoce cómo el gobierno aplicará la centralización de las importaciones, algunos industriales han comentado a “baja voz” que ya han sido abordados por funcionarios ministeriales que les han advertido que deberán preparar un presupuesto anual de materia prima, que será suministrado por el Estado.
En cuanto al control de cambio, los empresarios ya atravesaron el calvario de Cadivi-Sitme-Sicad del 2013. Sobre todo en el segundo semestre, cuando vieron mermadas las asignaciones para la importación de materias primas y productos. En tanto las empresas de servicio, como las líneas aéreas, telefonía, cableras y las multinacionales que operan en el país, prácticamente no recibieron un solo dólar para cancelar licencias, compromisos y repatriar capitales.
Con la llamada “guerra económica” desarrollada por Nicolás Maduro a partir de noviembre, se añadieron dos ingredientes al ambiente económico venezolano: la regulación del margen de ganancia y la compulsiva venta de productos a precios fijados arbitrariamente por burócratas del régimen.
Estas dos acciones tienen varias consecuencias que apreciaremos a corto y mediano plazo. Entre ellas, la disminución de inventarios. Habrá empresas, tanto mayoristas como minoristas, que no tendrán que vender. Esto llevará a los empresarios a evaluar la decisión de cerrar o continuar con su actividad comercial.
El desabastecimiento de los inventarios pareciera ser el primer escollo que los empresarios deberán sortear en los primeros meses del año. Afectará por igual a todos, importen o compren localmente.
Si se materializa la centralización de las importaciones, nada presagia que pueda ir mejor. La burocracia venezolana, centralizada hacia fuera, también lo es hacia adentro. Además, esos mecanismos de autorizaciones, licencias y trámites, imprime retrasos interminables en el ciclo económico. Esto será un incentivo a la corrupción
El consumidor se enfrentará a una profundización del “no hay” en los anaqueles, las colas en los supermercados y abastos, la mala calidad de los productos, la poca variedad de los productos ofrecidos y, como consecuencia inmediata, altos precios y sobreprecios que deberá pagar.
Si los importadores deberán hacer un presupuesto de importaciones, los consumidores deberán también hacerlo de los productos que van a comprar en el año. Con una inflación que cerró en 56% en el 2013, la mejor manera de ahorrar no depositar el dinero en el banco. Se verá tentado a comprar por adelantado los productos no perecederos que consume, y guardarlos en gabinetes y alacenas. Ese será su mejor ahorro.
En cuanto a los industriales, deberán volcarse a rastrear quienes tienen el mercado local las materias primas y productos que necesitan para mantener sus líneas de manufactura en funcionamiento. En lo que respecta a los comerciantes, deberán también abastecer sus inventarios con productos de mayoristas locales.
En ambos casos, industriales y comerciantes, deberán evitar chocar con una ambigua política del gobierno que califica a los inventarios de “acaparamiento”. Caso en el que, cada funcionario que inspecciona los depósitos, aplica su criterio personal.
¿Cómo harán los venezolanos para abastecerse en el 2014? Ese será la incógnita del año. Los retos y las amenazas es lo que conocemos hasta este momento.