Por Eduardo Martínez
La crisis económica de Venezuela requiere que se propongan soluciones. Son tantos los problemas, que son demasiados los problemas que hay que resolver. Lo que pasa por gigantescos montos de dinero necesarios.
El cálculo “a pepa de ojo” o a “ojo de buen cubero”, como dicen los economistas, señala que en el sector infraestructura se requieren inversiones de decenas de miles de millones de dólares. La mayor parte se la llevaría el sector petrolero, el agua potable, el sector eléctrico, la educación y la salud, entre otros.
Establecer prioridades
No disponemos de dinero para resolver uno solo de esos sectores que han hecho crisis, y mucho menos para resolverlos todos. Esta situación obliga a priorizar.
Al pensar en cómo establecer prioridades, en la atención a estos sectores, es buena idea buscar un sector que “potencie” y empuje a los demás sectores. No es fácil. Aunque no por ello es imposible.
Es indudable que el sector petrolero, ha sido y sigue siendo, una palanca financiera para impulsar el desarrollo del país. Pero la experiencia que tenemos acumulada también nos señala que su impacto en los últimos años ha servido “más”, y prácticamente reducida, para pagar las abultadas nóminas del Estado y para la repartición de bonos llamados “sociales”.
La masa laboral
Sin embargo, con cerca de un 50% (la mitad) de la masa laboral sin trabajo, en el área informal o en el llamado trabajo “precario”, el sector petrolero -como fuente de puestos de trabajo- es un sector que emplea a muy pocos trabajadores. No presenta una nómina significativa de cara a las estadísticas del desempleo real del país.
Ese problema no lo resuelve directamente. Aunque, por el dinero que genera el petróleo, bien manejado, puede tener un efecto de potenciación y empuje del que sea un generador de puestos de trabajo: la producción de bienes y servicios.
Si lo vemos desde el punto de vista de los puertos (en la búsqueda de un modelo sencillo de análisis) si se impulsa la producción se cambiaría la dirección de los bienes y servicios que consumimos. Siendo unos de los principales agregados de valor, el número de trabajadores que estaríamos incorporando a las estadísticas de empleo. Así como también, la reducción de las divisas que salen del país para adquirir esos bienes producidos en otros países.
Los bodegones como ejemplo
Para ilustrarlo con ejemplo de nuestra cotidianidad reciente, no estamos señalando que hay que cerrar los “bodegones” que han venido a combatir parcialmente la escasez de ciertos bienes de primera necesidad, y otros de no tanta necesidad. Estamos diciendo, que aprovecharíamos esa red de distribución para suministrar bienes pero “Hechos en Venezuela”.
La baja del consumo
La idea es que se cierre “en Venezuela” el circuito de producción- distribución de bienes, desde su origen en la manufactura, hasta llegar al consumidor final. No que se cierren los bodegones como puntos de distribución. Sino que se aprovechen.
En las últimas semanas, ha sido tema de preocupación y conversación por parte de sectores empresariales privados, la marcada baja del consumo en Venezuela.
Según los últimos datos, revelados por Consecomercio, así como por importantes grupos empresariales, en lo que va de año (enero-mayo 2023) el consumo ha bajado un promedio de -40%. Lo que se traduce en que el comercio está vendiendo casi la mitad de lo que vendía el año pasado.
Entra en juego la inflación
¿Qué está sucediendo? La población “no tiene” dinero para adquirir los bienes que cosnumía antes. Lo que su a vez encuentra explicación en dos hechos evidentes: para mayo la inflación mensual fue del 6,1%, con una proyección anualizada del 468,1% (Cendas).
En tanto, estamos montados en una espiral hiperinflacionaria, los aumentos salariales han sido discretos. Resultando en un pernicioso ciclo, en donde el “perro comienza a morderse la cola”. Sobre todo en el caso de la empresas privadas.
Con una baja del consumo del -40%, ¿cómo se pueden aumentar los sueldos en montos significativos?
En el caso del Estado, con sus infladas nóminas de millones de empleados públicos, el aumento decretado en mayo ha sido considerado una burla.
Como resultado, la masa trabajadora no cuenta con dinero suficiente para adquirir la totalidad de bienes que antes compraba.
A simple vista, parece una mala idea aumentar la producción de bienes y servicios. ¿Si no se vende cómo aumentamos la producción?
Productividad
La solución es aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores. Pero hay que hacerlo de manera sana. Y ahí es donde entra en juego la palabra “productividad”.
Si se tienen nóminas de trabajadores, por el simple hecho de darle un sueldo a la gente para que coma y no se muera de hambre, se genera una falsa idea de que se está aumentando el empleo. Pero eso no es sano.
Por una parte, esos trabajadores van devengar salarios insuficiente en condiciones precarias. Por otra parte, si esa masa trabajadora no produce, solo consumirá pobremente. El cosnumo aumentará, no será sostenible, e incidirá sobre aumentos de precios. El efecto es pernicioso.
La recomposición de la economía venezolana requiere de trabajadores bien remunerados, que sean productivos, y que con su trabajo diario generen los bienes y servicios que hagan crecer la economía.
De esta manera, el trabajador venezolana pasaría de la miseria al bienestar. Los empresarios generarían riqueza para seguir invirtiendo. Y los trabajadores se convertirían en actores “activos” de la recuperación del país, y no simple entes “pasivos” que viven de bonos y sin producir.
Nota: La productividad es la relación que existe entre el producto del trabajo y los medios con los que cuentas para realizarlo. Suele medirse en unidades de tiempo y expresa la correspondencia entre el trabajo (horas de trabajo) y el producto finalizado.
Seguiremos conversando sobre la recuperación de Venezuela.
Para intercambiar opiniones sobre este tema, favor comunicarse a través de nuestro email: editor@eastwebside.com o por las redes sociales: @ermartinezd