Pedro Pablo Aguilar: INFORME POLITICO del 3 enero de 2017

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pedro-pablo-aguilarPor: Pedro Pablo Aguilar

Pocos venezolanos tuvieron ánimo para celebrar las Navidades y el Año Nuevo. Son muchos años sin libertad, sin seguridad, sin respeto a la Constitución.

Casi 20 años de dictadura, en que la noticia diaria es sobre presos políticos, sobre violación de derechos humanos, sobre la inseguridad que han convertido a Venezuela en el país donde la violencia produce mayor número de muertes al año, mas que en las regiones del Medio Oriente donde se protagoniza el mas sangriento conflicto político en lo que va de siglo.

No pudimos celebrar el Nuevo Año pero si podemos hacer un recuento de episodios significativos en la tragedia que hemos vivido.

Como pueblo cristiano volvimos nuestros ojos al Santo Padre, que con valentía ha denunciado al mundo lo que aquí ocurre, la satrapía impuesta por el presidente de la República y su obstinación en mantenerse en el cargo a pesar del rechazo de la inmensa mayoría de la población. Las llamadas del Papa al dialogo del gobierno con la oposición como único camino para restablecer la paz y la convivencia no tienen audiencia. Los compromisos logrados por Monseñor Shelie: libertad de los presos políticos, respeto a las normas constitucionales y a las funciones de la Asamblea Legislativa son descaradamente violados por el gobierno, no producen ningún efecto pues el gobierno no cumple las bases de acuerdo que se habían convenido en las reuniones de octubre y noviembre.

Hay un aforismo terriblemente dramático pero válido: si se prescinde del dialogo la alternativa inevitable es la fuerza y en la realidad venezolana la fuerza son los militares. Con los militares no cuenta la oposición pero posiblemente tampoco Maduro. La realidad venezolana causa pánico: no hay comida porque la producción agrícola ha caído a niveles increíbles. En todo el país piquetes de hambrientos penetran violentamente en los comercios buscando comida o dinero. El gobierno no tiene fondos para importarla. Solo China respondió con un envío que a la hora de la verdad tiene efecto simbólico. Organismos académicos que gozan de mucha respetabilidad han hecho una encuesta cuyas cifras a la hora de interpretarlas dicen que catorce millones de venezolanos confrontan tal penuria que solo pueden comer dos veces al día y a veces una sola vez. Los medios de comunicación informan a diario de decenas de muertos en ciudades y campos como consecuencia de pleitos por las bolsas de comida que el gobierno suministra esporádicamente.

Están apareciendo en la prensa o la televisión personas que piden tanto al gobierno como a la oposición que depongan sus rencillas y vuelvan a conversar en busca de soluciones. A estos pedimentos los voceros de la oposición manifiestan estar dispuestos siempre que el gobierno de cumplimiento a los compromisos adquiridos.

En este ambiente de angustia nacional no hay signos de un posible acuerdo.

Algunos analistas opinan que el obstáculo real al dialogo es el presidente Maduro. El tenía mucho temor al referendo revocatorio pero cree que ese peligro ya no existe. Y que esa es la razón por la cual todos los días da declaraciones de inusitada gravedad pues casi siempre son ofensivas para la MUD o para sus dirigentes. Suponemos que confía en que El Vaticano y los veinte presidentes iberoamericanos que han estado expresando su comprensión del drama venezolano y de la necesidad de restablecer la legalidad democrática mediante la convocatoria de la elección de los gobernadores y funcionarios a quienes se les vence el periodo en pocos días, se olvidarán de Venezuela en los días navideños y de Año Nuevo.

En un país con la tradición de los militares ejerciendo el poder o tratándolo de influir la oposición tendrá que hacer todos los esfuerzos necesarios para que los hombres de armas entiendan que constituyen una institución al servicio del país y en modo alguno al de un partido político.

Este es el escenario venezolano al comenzar el nuevo año. Parece que renace el optimismo navideño de antaño. Es la fortaleza espiritual de un pueblo que no admite caer en la desesperanza.

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