Luis Fleischman: La crisis por Ucrania – oportunidades de negociar arreglos en América Latina

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Por Luis Fleischman

Con el pretexto de que la OTAN se ha “ominosamente” expandido a los antiguos satélites y repúblicas soviéticas, la Rusia de Putin invadió Georgia en 2008 y anexó Crimea en 2014, a la vez que intentó separar las regiones del este de Ucrania del resto del país recurriendo a fuerzas paramilitares clandestinas e incitando a protestas masivas. Ahora Putin amenaza con invadir Ucrania.

Rusia insiste en mantener una esfera de influencia regional que considera vital para su seguridad y honor nacional. Por lo tanto, exige que la OTAN no acepte a Ucrania, una ex república soviética, como miembro. Putin ha ido aún más lejos, escribiendo sobre “la unidad histórica de rusos y ucranianos”, pese que estos últimos, quienes suman 44 millones, han expresado una clara oposición a una influencia rusa. Estados Unidos y la OTAN afirman que negarle membresía a Ucrania en la OTAN sería una violación de la política de “puertas abiertas” de la organización. Según el Artículo 10 del Tratado, la OTAN está abierta a cualquier estado europeo interesado en promover los principios de la organización y contribuir a la seguridad del Atlántico Norte. La OTAN sostiene que tal demanda rusa es, además, una clara violación de la soberanía ucraniana ya a su derecho a elegir su propio destino.

Sin embargo, en ningún artículo del tratado la OTAN estipula que deba aceptar a cualquier país que solicite membresía.

El erudito Timothy Snyder retrata a Putin como un neo-Brezhnevita perfectamente capaz de recurrir a la fuerza militar y la invasión de otros países para promover la noción de una gran Rusia. La invasión de Georgia en 2008 y Crimea en 2014 parece confirmar esta noción.

Sin embargo, si EEUU y sus aliados se fijan en esta hipótesis, quedarían solo dos opciones. O deberían prepararse para la guerra o aceptar pasivamente que Rusia aplaste a Ucrania. Ninguna opción es deseable. La primera porque podría desembocar en una guerra sangrienta con numerosas bajas. La segunda demostraría debilidad por parte de Occidente, con altos costos a largo plazo. Como señaló el ex presidente George W. Bush, “la debilidad es provocativa”.

Por lo tanto, concluimos que las negociaciones siguen siendo la única opción razonable. ¿Pero cómo?

Hasta el momento, Estados Unidos ha rechazado la idea de impedir que Ucrania se una a la OTAN. En respuesta, Rusia ha amenazado con trasladar tropas a Venezuela y Cuba. Tal medida fue inmediatamente descartada por el asesor de seguridad nacional de EEUU, Jake Sullivan, como una “bravuconería”.

Pero curiosamente, las amenazas de Rusia en nuestro hemisferio abren una caja de pandora.

La intrusión de Rusia en América Latina se viene dando desde hace casi dos décadas mientras varias Administraciones estadounidenses han optado por guardar silencio.

La participación de Rusia en América Latina comenzó precisamente en 2008 después de la crisis de Georgia.

Rusia desplegó bombarderos y buques de guerra con capacidad nuclear en el Caribe. Asimismo, se acercó a regímenes anti estadounidenses de izquierda, entre ellos la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), liderada por Venezuela y Cuba. Con Ucrania de 2014, Rusia amplió sus conexiones políticas y militares a países como Brasil y Argentina, que, aunque no formaban parte oficial del ALBA, tenían gobiernos anti estadounidenses que apoyaron políticamente al ALBA.

Rusia ha sido el principal proveedor de armas a Venezuela, muchas de las cuales terminaron en manos del grupo guerrillero marxista y luego bolivariano Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Rusia desplegó barcos en la zona para realizar ejercicios militares con la armada venezolana. Estos ejercicios militares fueron descartados por el entonces secretario de Defensa de los Estados Unidos, Bob Gates. Rusia también firmó acuerdos con Cuba, Nicaragua y Venezuela para acceder a sus puertos y aeródromos en la región con el fin de apoyar las operaciones militares rusas en la histórica esfera de influencia de Estados Unidos.

Además, las empresas rusas asociadas con el gobierno están intentando controlar la importación y exportación de petróleo venezolano en un esfuerzo no solo por obtener ganancias, sino también por ayudar al opresivo régimen de Venezuela.

Como observó Evan Ellis, académico de la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos, después de los eventos de 2014, mientras la Administración de Obama se concentraba en prevenir los avances de Rusia en Ucrania, Rusia desafiaba a los Estados Unidos en su propia esfera de influencia histórica amenazando directamente su seguridad nacional.

Rusia vendió a América Latina 14.500 millones de dólares en armas entre 2001 y 2013 y para 2014 la presencia militar de Rusia en la región era enorme.

La estrecha definición de la OTAN como una coalición del Atlántico Norte le ha hecho perder la conciencia de que el Tratado es también una entidad responsable por proteger a toda la civilización occidental y al orden liberal. A Venezuela, Cuba y Nicaragua se le pueden sumar nuevos gobiernos de izquierda en países como México, Bolivia, Perú, Chile y Argentina. Si en Brasil el Partido de los Trabajadores (PT) gana las próximas elecciones (lo cual es muy posible dados los fracasos astronómicos del gobierno actual de Jair Bolsonaro), Brasil podría caer bajo el hechizo de la influencia rusa como lo ha hecho en el pasado cuando el PT estaba en el poder.

Además, Rusia tiene un gran interés en alentar regímenes autoritarios de izquierda en América Latina de la misma manera que apoya a los partidos de derecha extrema en Europa en su esfuerzo de debilitar a la Unión Europea. La idea es claramente siempre debilitar al orden liberal y democrático.

¿Cómo se podrían jugar estos factores en las negociaciones actuales?

Si creemos que no se debe confiar en Rusia, no tiene sentido negociar. Sin embargo, los adversarios rara vez confían unos en otros cuando negocian, y el hecho es que se sigue negociando.

Yo creo que EEUU y la OTAN pueden ceder en algunos puntos y llegar a un arreglo. Se puede congelar por 25 años la expansión de la OTAN. Estados Unidos podría también acordar no incorporar a Ucrania a la OTAN a cambio del respeto ruso por la soberanía de Ucrania.

Pero esto no debería ser el fin de tal arreglo.

Estas negociaciones también presentan una oportunidad para exigir a Rusia que se retire de la tradicional esfera de influencia de Estados Unidos, que en la situación corriente sí representa una amenaza para la seguridad nacional de EEUU y la región. Se le debe exigir a Rusia el abandono del suministro de armamento a países latinoamericanos y dejar de apoyar el autoritarismo en la región, en particular Venezuela y Cuba.

Una negociación rusa-estadounidense multidimensional exitosa puede sentar un precedente para resolver futuros conflictos y crisis. Hay que aceptar que vivimos en una realidad mundial multipolar. El mundo presenta una multiplicidad de problemas y conflictos que potencialmente podrían resolverse a través de negociaciones y garantías proporcionadas por las potencias mundiales. La crisis siria, la amenaza de un Irán nuclear, el radicalismo islámico y otros presentan ejemplos de temas vitales de interés para los Estados Unidos y la paz mundial. Ucrania constituye un caso importante en una larga lista de conflictos y crisis que se podrían resolver mediante arreglos multipolares. Pero para los países de Occidente negociar desde una posición de fuerza es siempre más recomendable.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

 

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