Luis Bravo: vamos por el camino de experiencias socialistas fracasadas

por Luis Bravo Jáuregui

Fracasó la red estatal de comercios socialistas
Las areperas cambiaron de nombre,subieron los precios y muchas pasaron a manos privadas. Las caucheras fueron cerradas y en los expendios de alimentos reina la escasez.   EL NACIONAL

Los trabajadores necesitan empresas fuertes, sustentables. El Socialismo las necesita tanto como el Capitalismo. Lo entendió la experiencia socialista brasileña y la chilena. Hasta una parte importante del CC del Partido Comunista Cubano terminó de comprenderlo. Lo asimiló desde hace mucho el socialismo democrático. No lo entendió la élite burocrática del socialismo real.

En Venezuela vamos por el camino que trazaron las experiencias socialistas fracasadas,  se busca un socialismo enraizado en un gigantesco volumen de empresas parasitarias del petróleo. Donde el factor trabajo se hunde en el más irremediable pantano de precariedad. Perdemos los más pendejos y el país avanza al despeñadero de consumir sin renta de futuro alguna,  el ciclo más largo de bonanza de precios de su cuasi único producto de exportación. Como resultado tenemos un país que sólo compite en el mercado  internacional de las promesas.

Tenemos un Estado cada vez más desbordado de obligaciones, postrado ante un gobierno prácticamente unipersonal. Después de doce años, se fortaleció lo que ya era desmesuradamente fuerte: la Presidencia de la República. Se debilitó las otras instancias del Estado, sobre todo las que sanciona la constitución nacional como parte de un Estado Federal. Todo el poder a Miraflores fue la consiga real después de que se apagaron las luces de la descentralización proclamada en  la Constitución de 1999.

Todos los servicios públicos dependen de operativos coyunturales. Que responden a crisis sectoriales o a un proceso electoral en marcha. Muy escasa planificación y pocas medidas de largo plazo para evitar el colapso permanente de los servicios que presta el Estado. Crece la cuenta por pagar y la inversión se la tragan los sacos rotos.  La inflación castiga a todos,  pero más a los asalariados. La productividad general del país está adormecida por la expectativa de que algo caerá desde la mano bondadosa que reina en Miraflores.

En educación necesitamos escuelas eficientes,  académicamente hablando. Fuertemente institucionalizadas. No necesitamos en este país de ministerios cual elefantes en cristalería.  Solo buenos para el operativo de corte electorero. Nos comemos la flecha, se fortalecen los ministerios y se debilitan las instituciones. Se sanciona en la Constitución que la universidad venezolana debe ser autónoma, pero todos los días el Gobierno y sus quinta columna asfixian lo  mejor que se acerca a ese ideal: las universidades autónomas. A las universidades se les cercena el derecho a buscar la sustentabilidad financiera, mientras se les pichirrea del dinero estatal.  Se crean instituciones de dudosa universalidad, a troche y moche,  sin un pelo de autonomía y marcadamente genuflexas ante el poder establecido. La indignidad universitaria hecha política educativa oficial. ¿Qué diría Bolívar de lo que le hacen a su universidad?

A las escuelas, sobre todo a las que atiende el grueso de la población,  se las viste de rojo rojito y cancela cualquier posibilidad de crecimiento institucional independiente del poder central. Además se las sobrecarga de tareas, limitando el trabajo académico y de construcción de ciudadanía. Se las quiere formadoras de pioneros y soldados de una revolución de culto a la personalidad. Además no se construyen escuelas donde hace más falta: en los nuevos poblamientos asociados al reordenamiento geográfico de rapiña que se estimula desde el estatus quo.

Se debilita la institucionalidad que la Constitución del 99 quiere fuerte. Los ministerios muestran fortaleza, no para producir una educación realmente liberadora y creadora de oportunidades para el buen vivir, sino para administrar en la realidad mediática los operativos electoreros que inventa el Presidente.

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