Por Luis Bravo Jáuregui
El tema de la semana tiene que ver con la ceremoniosa y unánime aprobación de la Ley de Participación Estudiantil por parte de la Asamblea Nacional. Se estima que formalmente estamos ante instrumento legal que busca darle poder a los estudiantes de Educación media frente al resto de la comunidad educativa para la defensa de sus intereses y especificidades. Lo que no está necesariamente mal, pero como estamos en un medio social y económico impregnado por el sálvense quien pueda, este instrumento legal ocupa muy poco espacio en las preocupaciones y prioridades de los estudiantes y de la población.
Sin desmerecer el interés de la AN toda por mejorar la calidad de vida del sector estudiantil, cabe recomendar que se debería legislar y actuar en otros aspectos más articulados al maltrato que recibe todos los días la comunidad educativa y la población en general, y no precisamente por parte del imperio, Guaidó o el G4.
Además está la sospecha generalizada de que las preocupaciones que movieron confeccionar el bien intencionado instrumento legal pueden ser flor de un día o articulación oportunista a la teoría del poder estudiantil que el status quo enuncia cada vez que se acercan procesos electorales. También puede ser que la ley sea lo que han sido otras buenas intenciones mal administradas: alimento para la memoria del olvido.
Para no olvidar si se quiere tener una visión aquilatada del acontecer educativo venezolano actual, con ojos de Memoria Histórica, la rebeldía gremial de buena parte del trabajo para el Estado frente a la persistencia de una Política Económica hambreadora y vergüenza de los más sentidos ideales del socialismo de inspiración democrática. Cinco semanas de aguerrida y democrática protesta en los centros históricos de las principales ciudades del país, que no son poca cosa en este desaliento generalizado que tenemos.
Va siendo hora de que la crítica democrática al modo en que se está gobernando la Educación retome la discusión iniciada en ocasión del Plan País, presentado en los inicios del proceso Guaidó. Sin sectarismos, narcisismos o populismos vacíos de realidad contable y en momentos en que todos estamos clamando al cielo (o a la razón política) por acuerdos claves para el desarrollo del país. En ocasión de que las primarias no sean exclusivamente un concurso de popularidad y se le dé un chance real a ideas y experiencias que le sigan otorgando densidad pedagógica a la alternativa que se está construyendo al desastre que tenemos desde el 2002.
No es azarosa la fecha del 2002, aquel abril de los tormentos, cuando triunfó brevemente un proyecto opositor (el carmonazo) que arrastró a buena parte de los factores democráticos a una aventura cuyos costos principales fueron pagados por la sociedad democrática, esa misma que hoy lucha para recomponer la alternativa que ponga de nuevo al país en el cauce del desarrollo socioeconómico por vías democráticas, como se está planteando en la convocatoria a las primarias que habrán de permitir la mejor opción de cambio democrático que se presente a las presidenciales de 2023.
Memoria Histórica
Estamos escribiendo una Memoria Histórica del desarrollo de la Educación en Venezuela 1999-2022, que busca caracterizar los principales acontecimientos pedagógicos ocurridos dentro de un marco constituido por la memoria viva de país, según lo hacemos en estos boletines y en la construcción de la base de datos que puede ser consultada por: https://app.box.com/s/zkfnq0naobw0i8co2rs8qj2b0dd3wze9
Nota: En esta dirección se puede leer el proyecto: https://www.asambleanacional.gob.ve/storage/documentos/proyectos/proyecto-de-ley-de-participacion-estudiantil-en-el-subsistema-de-educacion-basica-20220305014138.pdf Bajado y consultado el 14-02-2023
* Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Central de Venezuela