Las decisiones que debe tomar la cúpula que nos gobierna

Por Eduardo Martínez

Por las acciones que viene tomando el gobierno del presidente Nicolás Maduro -tal vez- podemos pensar que su principal objetivo sería sacar a María Corina del juego presidencial. Pensamos eso al considerar cada acción que toma y por las declaraciones que emiten los jerarcas que le acompañan en su gestión presidencial.

Como todos los dramas, tragedias y angustias, que perturban el sueño a todos lo que son segundos, terceros y hasta cuartos detrás de un presidente, la peor agonía no es estar de segundos o más atrás en la cola, sino el riesgo de perder el cargo por una entrada en desgracia o porque todos pierdan el poder.

El presidente, en este caso, debe tomar el “toro por los cachos”. No es solo María Corina quien deba escoger quien le sucedería en la candidatura si se ve imposibilitada de serlo. También a Maduro y a sus segundos les tocaría pensar en lo mismo. ¿Quién sería el candidato del chavismo si Maduro se viera en la necesidad o imposibilidad e ser candidato presidencial?

Hugo Chávez no tuvo tiempo para orquestar una sucesión. Siempre se dijo que su heredera política sería su hija María Gabriela. Por ello se esmeró el difunto presidente en que recibiera una preparación adecuada. Pensaba Chávez que había suficiente tiempo. Él no pensaba morirse o quedar fuera de juego tan rápido.

Pero al igual del poder, la vida no es eterna y el poder no es perpetuo. A Chávez no le alcanzó el tiempo, y lo último desespero terminó siendo la designación de Nicolás Maduro como vicepresidente aquel 8 de diciembre en que despidió, con el compromiso presunto que luego designara a María Gabriela como vicepresidenta.

El destino, o las conspiraciones palaciegas, fueron violentas. A los pocos días de su partida sin regreso con vida de Cuba, dieron al traste con sus deseos sucesorios. Sería un ex yerno quien asumiera el rol vicepresidencial.

Maduro por fortuna no está en la misma situación de Chávez 2012. Goza de buena salud, y pareciera estar atornillado a su silla presidencial. Ya entró en la historia, pero eso no suele ser suficiente para aquellos que aman el poder.

En 1999, Daniel Ortega estuvo parado en un cruce político similar al que vive Venezuela. Por las más diversas razones, tuvo la virtud en aceptar una derrota electoral ante Violeta Chamorro, devolverse a la vida civil y saber esperar. Hasta que luego de tres presidentes civiles, electos en elecciones, volvió al poder por la vía democrática.

Está demás subrayar, que en esta ocasión la demostración de vocación democrática sería solo un engaño para regresar al poder. Solo que ahora, tiene las evidentes intenciones de que quedarse para siempre.

En el caso venezolano, el presidente Maduro tiene la oportunidad de hacer bien las cosas. Más allá de las encuestas que señalan que la intención voto de María Corina es de dos tercios del electorado, Maduro debe leer en las tablas de resultados el porqué eso ocurre. Allí encontraría que el 80%, cuatro de cada 5 venezolanos, desea un cambio de gobierno.

En esa lectura, Maduro también descubriría que no hay otro posible candidato de su nomenclatura que tenga una popularidad similar a la suya que es muy baja (por debajo del 20%). No le llegan a los talones.

Para la relativa tranquilidad de Maduro, la opinión de cambio de los venezolanos no expresa que sea también un cambio de ideología de quienes desde hace 25 años ocupan el Palacio de Miraflores.

En este sentido, ese malestar que siente el 80% de los venezolanos, es más por los resultados que por la condición ideológica.

Sin embargo, quienes gobiernan hoy en día deben preguntarse y contestar con sinceridad y claridad, cuáles son las decisiones que deben tomar. Qué es lo que está en juego. Como por ejemplo: su posición personal o la del bienestar de los venezolanos.

También deben preguntarse porqué un 80% no se sienten satisfechos con la obra de gobierno alcanzada por un régimen que ya lleva 25 años.

Hay muchas preguntas más, pero esas suficientes para probablemente quitarles el sueño. Y seguramente, en ese proceso de tratar de contestar esas pocas preguntas, surgirán muchas preguntas.

¿Y qué piensa el presidente Nicolás Maduro? No lo sabemos. Es hora que lo diga, y los venezolanos tengan a qué atenerse para la tranquilidad personal y bienestar de cada uno de los venezolanos, y de Venezuela.

Solo Venezuela gozará de bienestar y paz, en la medida en que cada uno de los venezolanos esté bien y se sienta en paz.

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@ermartinezd

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