La inflación, incluso en dólares, afecta la temporada navideña de los venezolanos

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La tradición dicta que los venezolanos, tanto niños como adultos, vistan ropa nueva en Navidad y Año Nuevo —camisetas, pantalones, vestidos, zapatos de tacón de aguja y calzado deportivo, todos con ese olor a nuevo y en un estado perfecto, sin arrugas, manchas ni rasguños.

Pero los dólares que circulan por todo el país bien podrían tener este año la imagen del Grinch en lugar de la de George Washington.

La relajación de los controles del gobierno sobre los dólares pudo haber hecho que sean más fáciles de conseguir, pero también ha hecho que tengan un menor poder adquisitivo en las tiendas venezolanas, con los precios de la moneda estadounidense alrededor de un 40% por encima del año pasado.

Eso está amenazando la tradición nacional de fin de año conocida como “estrenos”, una práctica que ya se ha visto fuertemente afectada por el profundo declive económico desde hace años en Venezuela.

La gente ha estado cazando ofertas navideñas, pero a menudo sale de las tiendas y los puestos con las manos vacías.

Marelvy Mallarino vive en Maracaibo, que alguna vez fue el epicentro del boom petrolero del país y que ahora es víctima de su caída. Mallarino no había pisado un centro comercial en años, pero decidió ir a uno en Caracas, la capital, mientras visitaba a su hermana.

“¿Nos alcanzará? ¿No nos alcanzará? Andamos contando las moneditas”, dijo Mallarino mientras esperaba en una fila muy larga fuera de una tienda que ofrecía descuentos en camisetas, zapatos y pantalones de mujeres por el Black Friday.

Una tienda ofrecía zapatos de tacón, botas, cuñas y tenis por 20 dólares en lugar de 60. Las diademas y otros accesorios estaban a la venta por un dólar. En otra tienda, los pantalones vaqueros recortados para mujeres estaban rebajados de 100 a 30 dólares.

Eso podría sonar como una ganga en otros países, pero los precios en dólares son mucho más altos que hace un año y están fuera del alcance de personas como Mallarino, quien perdió su negocio cuando la industria petrolera del país colapsó y ahora vive de las remesas que le mandan sus hijos en Perú.

Después de estar formada casi una hora, entró a la tienda y cogió un top blanco de manga corta de un estante, volteando la percha de un lado a otro para inspeccionar la prenda. La volvió a colgar, recorrió la tienda durante menos de 10 minutos y salió con la mirada baja y negando con la cabeza.

Cuando las empresas venezolanas y el sector público eran prósperos hace más de una década, los empleados recibían aguinaldos cuantiosos, a menudo tres veces su salario mensual, en una sola exhibición. Eso les permitía a las familias comprar ropa nueva para todos, un árbol de Navidad importado y suficientes alimentos para la tradicional cena navideña.

El olor a pintura nueva indicaba la llegada de la Navidad porque muchas personas pintaban sus paredes.

Sin embargo, la economía se ha contraído un 75% desde 2014 y el salario mínimo para los empleados del sector público y los pagos de jubilación han caído al equivalente a 2 dólares al mes. Los sueldos mensuales en el sector privado promedian 75 dólares. Eso llevó a muchos a buscar trabajos secundarios, a depender de las remesas o a abandonar el país.

Anteriormente, para quienes podían conseguirlos, los billetes verdes estables eran una red de seguridad contra el bolívar, cada vez más inservible, a medida que los precios en la moneda local aumentaban en decenas o cientos de miles de puntos porcentuales al año.

La gente esperaba un día en el que el bolívar cayera particularmente rápido -más rápido de lo que las tiendas podían subir sus precios- y cambiaba dólares por bolívares en el mercado negro, donde el tipo de cambio era mucho más favorable que el oficial. Se gastaban rápidamente esos montones de moneda local.

Todo eso ha cambiado.

Fuente: VOA, AP

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