José Rodríguez Iturbe: Arianismo y nazismo

Por José Rodríguez Iturbe

Mitología y Esoterismo

Hay algo de demoníaco en los totalitarismos y especialmente en el nazismo. El vacío de Dios y el vano intento de sacralización de lo humano, prototípico de la modernidad, encuentra en los totalitarismos del siglo XX su más trágica expresión.

El bolchevismo y el nazismo son sus puntos extremos. El fascismo italiano, siendo sin duda un totalitarismo, no alcanzó las elevadas cotas de inhumanidad del bolchevismo o del nazismo. (Totalitarismo fuzzy lo llamó Umberto Eco [1932-2016]).

Pero, más allá de lo ideológico, existe entre el bolchevismo y el nazismo una diferencia no pequeña ni secundaria. El bolchevismo, por su fundamentación marxista, resulta intrínsecamente ateo. Si el hombre es para el hombre el ser supremo, la creencia en un ser supremo en el sentido judeocristiano, resulta la suprema alienación.

Por eso, según Marx, en a priori aceptado por los bolcheviques, la religión es el opio del pueblo y la crítica de la religión es condición de toda crítica. El ateísmo marxista es fundante, no secundario.

En el nazismo es diferente. Su pangermanismo es radicalmente opuesto a la divinidad judeo-cristiana, pero manifiesta su belicosa animadversión no en la negación absoluta de Dios, sino en la sustitución del Dios de la Revelación, y las creencias religiosas que se apoyan en el Logos creador, redentor y remunerador, por las antiguas deidades y expresiones religiosas del paganismo pre-cristiano, apoyándose (o pretendiendo hacerlo) en el paganismo germánico, buscando su fuente y fundamento en un racismo irracionalista dotado de elementos míticos.

Para leer el ensayo completo:

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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