José Miguel Uzcátegui: La Economía Digital

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Por José Miguel Uzcátegui Lima

La inventiva humana se hace presente, cuando los actores sociales en funciones políticas, económicas y gerenciales, no dan respuestas oportunas a los desequilibrios que amenazan el desarrollo de la sociedad. Es el caso de la revolución industrial de la Economía Digital, o la moneda web o moneda internet. Esta moneda ya es conocida en el mundo bancario, como dinero electrónico regulado, o dinero Fiat, al estar avalado por el Estado y regulado por las autoridades monetarias de los países.

A partir de la crisis financiera-bancaria del 2009, por iniciativa del supuesto japonés Nakamoto quien diseña un protocolo para desarrollar una moneda digital, que conmociona a las instituciones tradicionales, de trasferencia de dinero al margen de las instituciones bancarias; hoy potenciadas por las pandemias que sacuden al mundo.

Surgen así las criptomonedas que innovan como opciones de inversión, ahorro, consumo y para las transacciones comerciales y financieras sin que medie el tradicional dinero en efectivo.

Esta modalidad monetaria se expresa mediante el empleo de la tecnología digital, que crea dinero no físico. El liderazgo de estos activos lo tiene el Bitcoin, aunque existen miles de modalidades. Se trata la tecnología del Blockchain (cadenas de bloques), la cual opera como base de datos para registrar a los actores o usuarios en billeteras individuales o nodos que se conectan en redes de intercambio. Son operaciones al margen de los bancos; vale decir que la tecnología de la digitalización monetaria ya no es privativa de las instituciones financieras.

La moneda digital tiene riesgos, oportunidades y amenazas. Esto ha dado a lugar a controversias acerca de su funcionamiento y conveniencia por motivos ideológicos que reivindican los derechos de privacidad en contraposición al celo del Estado en las regulaciones de políticas monetarias para garantizar la estabilidad de la economía. Los apologistas invocan los derechos libertarios de los individuos y de las instituciones privadas para la seguridad del ahorro y la opción de invertir en activos financieros que no estén expuestos a los riesgos de políticas expansivas de liquidez por políticas públicas.

El inversionista en estas monedas digitales tiende a desconfiar del cumplimiento de los bancos centrales en la protección del valor de la moneda y la preservación del poder adquisitivo de ellas. Los defensores de las monedas digitales demandan el derecho a utilizar sus ahorros como oportunidad de inversión especulativa, pese a su volatilidad. Prefieren confiar en sus habilidades en el trading de ese mercado.

Los detractores de esta forma de inversión digital alertan sobre los riesgos de actividades ilícitas y mecanismos que ocultan rentas susceptibles de evasión de impuestos. Por otra parte ha tomado cuerpo a nivel mundial el peligro de que la revolución de la moneda digital pudiera llegar a convertirse en una burbuja que multiplique los desequilibrios financieros a escala mundial como sucedió en la crisis del 2008 y 2009, que produjeron desórdenes financieros que afectaron la estabilidad monetaria mundial. Recientemente un fondo de inversión Tesla (vehículos) intervino en el mercado financiero con una adquisición de 1.500 millones de dólares que ha producido un gran impacto en el precio del Bitcoin.

En Europa, instituciones como el Banco Central Europeo ha creado un grupo de trabajo para discutir normas que regularicen y reglamenten estas operaciones, para armonizar los intereses en pugna. Otra señal de la relevancia en la materia ha sido las prioridades que el mundo académico asigna a esta materia en todos los ámbitos de la educación.

La garantía de la expansión de la digitalización monetaria viene dado por el acceso de la tecnología de internet que además exige soporte de servicios básicos que en los países subdesarrollados es muy limitado. En Venezuela, esta opción es privilegio de pocos no obstante puede llegar a ser un instrumento para modernizar y humanizar la vida de los ciudadanos en el orden cultural, laboral y económico para beneficio de todos los ciudadanos.

La revolución del dinero digital llegó para quedarse. Toca ahora armonizar los intereses de los inversionistas con los responsables de la políticas públicas para enriquecer el rol del dinero en todas sus formas como medio de intercambio, unidad de cuenta y reserva de valor.

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