Por Francisco J Contreras M (*)
Nuevos actores y nuevo contexto
La economía entendida como disciplina para el bien común merodea entre lo normativo del comportamiento de los individuos en términos de propósitos de justicia social, y lo positivo, en términos específicos de conducta humana sobre la racionalidad de la manera como los individuos forman sus juicios y toman decisiones.
Venezuela muestra los signos de la decadencia institucional prematura, tras decenios con una inflación de más de dos dígitos, una demolición de su infraestructura física y una “descapitalización” moral, constituyen una realidad inocultable del deterioro económico y social.
Lo terrible de ese contexto es el riesgo de que sus males se propaguen de modo irreversible, pues la geopolítica del mundo ya no está en manos de gobiernos de los países llamados potencia con poder de influencia global, está indisolublemente vinculada con realidades locales producto de la debilidad institucional de las zonas conflictivas del mundo.
El mundo de hoy responde a una lógica compleja donde los estados aparecen con un rol disminuido frente a las autonomías de actores cada vez más activos con dinámica propia local e impacto mundial.
Es un desafío para la democracia enfrentar una realidad que pueda estar sujeta a acuerdos entre los actores locales con poder e influencia.
Los nuevos actores con poder para administrar sus intereses en un contexto mundial, desde un escenario local, se benefician de las ventajas derivadas de las creencias, la economía, el estado, la mundialización y lo sagrado.
Interpretaciones simplistas e imaginario local con impacto mundial
Las interpretaciones simplistas tienen hoy en día un impacto más allá de lo marginal. Son los terrenos fértiles que permiten a los emprendedores de la ideología, de la política, de la economía,…, de lo social, jugar con las emociones y extraer rentas comprometiendo socialmente a un país.
Todos estos eventos poco visibles de la experiencia cotidiana influyen mucho más de lo que uno puede imaginar.
Una buena intención de política pública, además de la posibilidad de crear incentivos perversos, puede transmutar un comportamiento cívico fundado en la moral por otro contaminado de los efectos nocivos de la mercantilización de la conducta humana. Estos son dominios en los cuales la responsabilidad moral de los actores con poder e influencia local son decisivos en el logro de un consenso para el restablecimiento de la democracia y de la reconstrucción económica del país.
(*) Profesor del Doctorado de Economía de la Universidad de Carabobo.