Por Francisco J Contreras M. (*)
En Venezuela existe una aversión tan grande hacia la economía que hasta los propios economistas evitan el análisis más allá de la esfera macroeconómica.
Prevalece la idea de que el razonamiento económico no es el más adecuado porque supone penalidades y riesgos que nadie quiere asumir, por lo tanto, la sensatez inducida por el conocimiento económico es una amenaza para el posicionamiento en procesos electorales y para la perpetuación en el poder.
Hay una suerte de contubernio para eludir la responsabilidad de tomar decisiones que involucran el compromiso y la participación activa de la gente para producir y generar valor, no para recibir dádivas sin contrapartida alguna.
Es una especie de anti economía que ha hecho tanto o más daño que la anti política.
Desde el año 1946 solo dos modelos de modernización con visión económica consistente de país han sido conocidos: el del gobierno del presidente Isaías Medina Angarita (1941-46) y el del gobierno Carlos Andrés Pérez (1989-93), ambos no culminaron su ejercicio, el primero por un golpe de estado y el segundo por un juicio político.
Durante los otros períodos presidenciales solo hubo intentos aislados como la “sustitución de importaciones”, la “promoción de exportaciones”, la “Gran Venezuela”, siempre sujetos a la impronta político-ideológica electoral y al populismo.
Es una historia donde cualquier intento de ofrecer sustentación económica al proyecto de país ha sido descalificado con epítetos como “neoliberalismo salvaje”, “tecnocracia”, “desarrollismo”, … Ha sido un escenario donde se ha impuesto una racionalidad centralista del poder y del conocimiento.
Los que dirigen la economía
Tenemos una economía dirigida por gente que desconoce los principios elementales de la disciplina. Es la larga historia de una cultura fundada en el voluntarismo de creer que solo las intenciones bastan para resolver los problemas del país sin necesidad de organización, ni esfuerzo productivo.
El país desde 1936 solo ha tenido dos momentos de estabilidad económica bajo democracia, *el primero,* entre el final de la dictadura “gomecista” y el gobierno de Rómulo Gallegos, y *el segundo*, entre el Gobierno de Rómulo Betancourt y el primer gobierno de Rafael Caldera.
Luego ni siquiera durante los períodos de altos precios del petróleo hubo estabilidad, desde 1985 el país ha sufrido una inflación galopante superior a dos dígitos por año y desde 1973 una alta inflación superior a 5% anual.
Durante los últimos 85 años de vida republicana solo hemos tenido 28 años estabilidad y democracia
Los economistas de Venezuela, tienen posiciones y propuestas diversas sobre el cómo salir de la crisis, nos atrevemos a afirmar que, si se implementa cualquiera de esas reformas económicas e institucionales desde una economía de mercado dolarizada con la mínima regulación posible, hasta otra con una economía de mercado, con ajuste flexible de tasa cambio y regulaciones al estilo de países socialistas nórdicos, la inflación pasaría a la historia y los problemas económicos fundamentales desaparecerían.
Es condición necesaria resolver el problema institucional rescatando y fortaleciendo la democracia, y será condición suficiente de estabilización económica, asumir una propuesta consistente, sujeta a mejora continua con base en ensayo y error, entre las variantes de política económica sugeridas.
El desafío es grande pues hacer frente a un modelo populista con 75 años de existencia es una tarea una tarea compleja y difícil.
(*) Profesor del Doctorado de Economía de la Universidad de Carabobo.