Francisco Contreras: La anti economía en Venezuela (3)  

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Por Francisco J Contreras M

El efectismo y la inmediatez como cultura.

En nuestro país es extendida la idea de que los problemas pueden ser resueltos de manera instantánea suprimiendo los síntomas de los males públicos.

Cada uno anda en la búsqueda de un líder y de un gobierno que le proporcione todo sin esfuerzo alguno, resulta ser que solo hay progreso si se crea riqueza y se produce de manera consensual con la participación activa de la mayoría y con esfuerzo creador, de lo contrario no hay nada a repartir.

La gente debe convencerse que no es posible mejorar arrebatando a otros lo que le hace falta.

En Venezuela se recreó una cultura en la cual cada gobernante de turno utilizaba la renta petrolera para perpetuarse electoralmente en el poder.

Como mínimo hay que impedir constitucionalmente la perpetuación en el poder, debe existir una alternabilidad en el ejercicio de gobierno.

Esta es una condición necesaria en un país donde las fuentes primarias de creación de valor están en manos del Estado.

En países en los cuales los recursos económicos fundamentales están bajo control gubernamental, nada obliga a los gobiernos a promover el crecimiento, ni el desarrollo, pues no depende rentísticamente de lo que produce la sociedad sino de la circunstancia fortuita de ser propietario de las principales fuentes generadoras de ingresos.

Estos estados no requieren un poderoso sector productivo que genere tributos, ni una clase media ilustrada esencial para el desarrollo, éstos son más bien una amenaza para sus intereses.

Un estado en el cual existe perpetuación en el ejercicio del poder requiere una masa de pobres acostumbrados a las dádivas y una clase parásita viviendo del lado oscuro de los fallos del mercado, esencialmente de mercados paralelos de toda naturaleza.

La gente asocia su estado de bienestar con la acción gubernamental, espera que el gobierno y hasta el mismo presidente sean quienes resuelvan todos sus problemas, la gente piensa “Ojalá el Gobierno controle los precios”, “los comerciantes son especuladores”, “se hace cola pero el tiempo pasa rapidito y llega el momento que a uno le toca, hay!! si no fuera por el Presidente”, “con equipa tu casa se pasa trabajo en colas, pero es un regalo”.

No hay sentido de responsabilidad hacia sí mismo, se aguarda que el Gobierno lo resuelva todo, la gente no identifica el origen los males públicos con la acción gubernamental.

La idea de unos recursos ilimitados llevó a los políticos y a los economistas a la hipótesis de que era posible liberarse del principio de la escasez, que no se tenía que ser muy cuidadoso en el uso de esos recursos materiales y financieros siempre limitados para evitar despilfarros, sino lograr, como fuere, la plena ocupación de esos recursos y mantener a todos felices librados de la escasez.

De esta manera cuando el individuo centra su atención en los males públicos como algo externo e incontrolable, también se libra de toda responsabilidad hacia sí mismo.

No obstante, nadie está absolutamente desprovisto de recursos y competencias, y tampoco, su contexto externo cercano está pleno únicamente de amenazas.

Es importante ubicarse estratégicamente en lo que se posee y en las oportunidades del contexto cercano para promover la acción pública desde el propio ecosistema local y regional.

Hemos recreado un sistema que, en virtud de la gran magnitud de recursos que llegaron a manejar los gobiernos, tuvo sus efectos positivos en grandes obras civiles, infraestructura física y empresas nacionales con apariencia global, pero difícilmente sostenibles sin una renta excedente, creciente e infinita derivada del petróleo.

(*) Profesor del doctorado de Economía de la Universidad de Carabobo

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