¿Estará Perú en el camino de Pol Pot (Camboya)?

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La cadena de influencia de izquierda a derecha: Marx, Lenin, Mao, Pol Pot, Mariategui, Abimael hasta llegar a Pedro Castillo.

Por Eduardo Martínez

La ascensión de Pedro Castillo a la presidencia de Perú es un evento digno de ser analizado en detalle, y teniendo en cuenta lo que registra la historia. No es el resultado de una jugada en el casino de esta etapa del mundo. Mucho menos producto de un bingo dominguero.

Castillo no es otra cosa que la culminación de un proceso que desde hace muchos años se inició en el mundo, y particularmente, en los países de América Latina y el Caribe.

Con la internacionalización del comunismo, tras el triunfo de la llamada revolución rusa en 1918, la Unión Soviética (URSS) fomentó revueltas en toda la región, y en todas las regiones. Un proyecto que disminuiría su paso, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial por la arremetida Nazi en los países que invadió –los comunistas eran ejecutados sumariamente o enviados a los lagers, y el ataque inesperado a la URSS con la Operación Barba Roja en el verano de 1941.

Esta disminución del proceso de la Internacional Comunista quedó latente hasta mediados de 1945 con el final de la guerra. Aunque resurgiría con fuerza, dando inicio a la llamada Guerra Fría.

Principalmente, en Asia y África el fin de la guerra dio impulso a la independencia -o luchas por ella- de numerosos dominios coloniales. Luchas en las que los comunistas jugaron un importante papel de agitación.

En octubre de 1949 en China, lo que no se puede dejar de lado, Mao Zedong logró vencer a los Nacionalistas de Chiang Kai-shek e impuso un feroz régimen comunista.

La influencia chino-comunista en Asia no tardaría mucho en irrumpir con violencia. En junio de 1950, Corea del Norte -comunista- invadió a Corea del Sur con apoyo chino, fundamentalmente.

Sin embargo, al igual que el impacto que tuvo el derrocamiento de la monarquía egipcia en 1952, el triunfo del derrocamiento de Batista en Cuba en 1959 hizo lo suyo en los países al sur del Río Grande en los Estados Unidos hasta la Patagonia. Países con diferencias sociales muy grandes, con escaso desarrollo económico y fuente de inagotables riquezas naturales. A la par de ser la puerta “trasera” de los EEUU.

Estos eventos fueron rápidamente apreciados por los estrategas comunistas de Moscú. En el caso nuestro la conversión en Cuba, de un movimiento revolucionario progresista –pero profundamente católico- al comunismo ortodoxo soviético, ocasionó que Fidel Castro asumiera el liderazgo de la insurgencia comunista en la región. Así, los soviéticos se presentaban ante el mundo con cara de “yo no fui”, Castro era el malo, y la URSS financiaba las operaciones.

Prácticamente, en todos los países de Latino América, los movimientos guerrilleros comunistas pasaron a la ofensiva. En un primer momento, los gobiernos contuvieron y resistieron estos ataques. Luego el Gobierno de Kennedy desplegaría una estrategia doble en la región (también en África y Asia). Por una parte apoyaría con recursos militares y de inteligencia a los gobiernos. En tanto un ejército de jóvenes civiles se esparcían por estos territorios llevando la asesoría de la “Alianza para el Progreso”.

Las condiciones naturales de estos países, que permitieron el desarrollo de la guerrilla, encerraba en si mismo la principal dificultad para permitir que los guerrilleros conquistaran el poder. Para la década de los 70, casi todos esos movimientos habían sido disminuidos, eliminados o aniquilados; quedando un remanente de sus integrantes refugiados en montoneras de escasa importancia –dedicadas al cuatrerismo- y con agitadores urbanos, generalmente en los centros educativos.

A la vez que esto ocurría, se iba generando un conflicto político entre la URSS y la China que en algún momento llegó a ser militar en la extensa frontera. La internacionalización comunista se dividió.

El comunista latinoamericano tenía entonces dos referentes: la URSS y la China. Dos modelos, que inspirados en el mismo ideario, tenían propuestas distintas, sobre todo frente a Occidente y a los países capitalistas con democracias liberales.

Los sectores más extremos de la insurgencia, el debilitamiento de la lucha guerrillera se debía al retroceso soviético a estas estrategias. La URSS se entendía con Europa occidental y los EEUU. Los insurgnetes sentían que los dejaban solos.

Es así como se expande por el mundo la idea del “maoísmo”. Lo que no ocurrió en todos los países. La mayor parte de la dirigencia comunista se incorporó a la lucha legal comunista. Mientras que en Europa surgió la figura del “EuroComunismo”, y los grupos extremistas –disidentes de los dictados de Moscú y lejos del maoísmo- como las Brigadas Rojas, emprendía una lucha guerrillera urbana.

Entre los 70 y los 80, en Centro América se mantendría el apoyo de La Habana a los movimientos guerrilleros. La cercanía garantizaba la logística necesaria. Solo la democratización de las dictaduras de derecha, impulsada por Arístides Calvani, logró el desmontaje guerrillero.

En el Perú

Sin embargo, y siempre hay un “sin embargo”, en el Perú parte del comunismo local -anteriormente leal a Moscú- evolucionó hacia el maoísmo y la lucha rural. Esto fue posible por la división del Partido Comunista Peruano (PCP), ocurrida a mediados de la década del 60 y bajo el liderazgo de Abimael Guzmán.

En el seno del Comité Central, Guzmán adoptó una posición maoísta estableciendo distancias con la ortodoxia comunista soviética. Esto se materializaría luego de su visita a China en 1965, en plena Revolución Cultural. Lo que a su regreso llevaría Guzmán a fundar el “Partido Comunista Peruano: por el Sendero Luminoso de Mariategui”. En referencia a la frase del fundador del PCP, José Carlos Mariategui, en cuanto “el marxismo-leninismo es el sendero luminoso del futuro”.

Sendero Luminoso (SL), como se le conocería popularmente, en sus inicios se circunscribió a los círculos universitarios e intelectuales del Perú. Posteriormente, a finales de los años 70, SL dio comienzo a la subversión de carácter terrorista propiamente dicha. Para ese momento, ya Guzmán tenía cerca de 5 años viviendo en la clandestinidad.

Abimael Guzmán, luego de su regreso de China se había dedicado a aprender la lengua Quechua, estableciendo conexiones con las poblaciones indígenas andinas en la zonas rurales.

Producto de su conocimiento de la teoría marxista, las experiencias de la Revolución Cultural y el contacto con la población peruana de habla Quechua, Guzmán pudo definir el nicho de su irrupción, en lo que el marxismo denomina “las condiciones favorables”.

Había que generarlas, en una zona pobre campesina, en lengua quechua y de manera violenta para eliminar la presencia del Estado peruano. En resumen, se trataba de la tesis de la “guerra revolucionaria” ideada por Mao Zedong.

El aporte del Sureste asiático

Estas guerras revolucionarias, para el momento en que fue adoptada por el SL de Guzmán, ya habían avanzado en Vietnam, Camboya y Laos, en el Sureste asiático. Países rurales, donde una lucha guerrillera fue apoderándose de amplios territorios rurales, para luego controlar las ciudades. En todas estas luchas, los grupos maoístas recibieron ayuda de los países comunistas, principalmente de China y la Unión Soviética.

En Camboya el maoísmo había surgido a mediados de los años 60, en pleno desarrollo de la Revolución Cultural. Su grupo: el Khmer Rouge. Al tomar el poder en 1975, Pol Pot declaró el “Año Zero”, aisló a Camboya del resto del mundo, y volcó a toda la población hacia los valores autóctonos camboyanos y el trabajo agrícola. Los resultados resultarían catastróficos, adquiriendo un cariz genocida.

El regreso a la “ruralidad” significó el desplazamiento de habitantes de las ciudades hacia las zonas rurales, la reclusión de camboyanos “indeseables” en campos de prisioneros y ejecuciones en masa. En solo cuatro años (1974-1979), murieron más de 1,6 millones de personas, el 22% de la población.

Durante estos años, el principal apoyo al gobierno de Khmer Rouge lo proporcionó el gobierno chino.

Las ideas detrás del genocidio

El ideario de Pol Pot, para hacer lo que hizo, fue muy sencillo. Eliminó a todas aquellas personas que tuvieran contacto con el exterior, es decir que hablaban otro idioma, que estaban casados con extranjeros, y que tuvieron una profesión “occidental”.

No contento con esto, extendió las persecuciones a los conyuges, hijos y familiares conocidos, indistintamente mujeres, ancianos o niños. Lo que siguió de alguna manera los principios de la Revolución Cultural china. Con la diferencia, de que en China se enviaba a los execrados a campos de reeducación, y en Camboya esos campos terminaron siendo de exterminio.

En cuanto a los familiares, se pudo conocer que Pol Pot temía que alguno de esos familiares atentara contra él.

La ofensiva terrorista de Sendero Luminoso, entre 1980 y 1992, no dista mucho de la política de exterminio de Pol Pot en Camboya.

De regreso al Perú de Sendero Luminoso

Abimael Guzmán lanzó su ofensiva de carácter terrorista en 1980. Para el año 1992, su terrorismo maoísta había cobrado la vida de 48 mil personas, daños económicos estimados en 42 mil millones de dólares, y más de un millón de desplazados. La captura de Guzmán en 1992, marcó el declive de Sendero Luminoso.

A pesar que la máxima dirigencia de SL está en prisión de por vida, el ideario de Guzmán subsiste en grupos minoritarios en la vida política peruana. En efecto, se ha señalado insistentemente en Perú de la influencia y participación de relacionados con el SL, en la campaña electoral del recién electo Pedro Castillo, y más aún, en su juramentado tren de gobierno.

Lo que viene

El discurso de Castillo estuvo cargado de deseos, probablemente indeseables para la sociedad peruana. Quiere residir en la provincia, donde ha vivido toda su vida. Quiere expulsar a los extranjeros, principalmente  a los venezolanos. Quiere el regreso al campo. Reivindica la presunta gloria de los antepasados Incas.

Deseos que para impulsarlos requiere de instrumentos legales y competencias que no tiene a mano.

El presidente Castillo no la tiene fácil. Para cambiar la institucionalidad peruana, debe elaborar una nueva y distinta Constitución. Pero con solo 37 congresistas de 130, los números no le ayudarán.

Por otra parte, en lo que pudiera ser una ventaja, la élite política peruana no ha sido muy seria y respetuosa de la institucionalidad peruana. Lo que se trasluce de sus acciones para producir 4 presidentes en solo 4 años.

Presidentes que fueron destituidos políticamente y sometidos a juicio, con la peculiaridad de que no han sido sentenciados.

También se destaca el ensañamiento de esa élite en contra de Keiko Fujimori, que adversando férreamente a Castillo, esos políticos se empeñaron en tenerla reducida a Lima en la mayor parte de la campaña electoral. Lo que ocurrió en momentos en que Castillo pateaba las zonas rurales.

A pesar de las acusaciones de corrupción en contra de Keiko, y que quienes desde la oposición se le oponen, está una fundamentación de índole moral. Sin embago, no se contrapuso el aspecto político de lo que significaba el posible triunfo de Castillo. Solo a última hora, cuando tal vez ya era muy tarde, Mario Vargas Llosa apoyó a Keiko.

¿Demostrará ahora la oposición peruana su sentido democrático, enfrentando a Pedro Castillo? ó ¿Castillo será ciertamente un heredero de Abimael Guzmán siguiendo las ideas de Pol Pot?

editor@eastwebside.com

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