Análisis de la Mesa Editorial (*)
El esfuerzo de mentir sobre la situación económica venezolana estaría apoyado en la colaboración de una alianza Fedecámaras-Bolsa de Valores con pocas excepciones en Consecomercio y Conindustria.
Dentro de Fedecámaras, específicamente el sector bancario y sus propios componentes, que finjen de ser opositores. Recordemos que más del 60% de la banca está en manos del Estado. Bancos que muestran signos de quiebra.
Una estrategia que tiene dos colaboradores: Por una parte, una dinastía bancaria – que sin límites ni mayores requisitos se han hecho con bancos- que están en la directiva gremial, que a la vez son dueños de bancos, participan en la directiva de la asociación que los agrupa, operan casas de bolsa; mientras que por otra parte, cuentan con un intermediario bursátil, que les garantiza la materialización de operaciones en la bolsa.
Gracias a lo cual, se les conoce como el banquero y el corredor de bolsa del régimen.
Es de esta manera que en Venezuela se materializaría la estrategia de oficializar el llamado “efecto Medellín”.
El efecto Medellín
Medellín es una ciudad colombiana que, basta decir que es la casa de Pablo Escobar Gaviria, “el papá de los helados de la droga en Colombia”, como dicen los colombianos.
Recordemos que en el entorno de los tiempos del presidente Uribe, parte de la dinámica de las conversaciones y negociaciones con el narco y la guerrilla permitió que la ciudad se transformara en una especie de “safe-heaven” para inversiones de todo tipo, especialmente las inversiones inmobiliarias, resultando en un lavado colosal de dinero.
Es de resaltar, que el objetivo de esta estrategia del “efecto Medellín” fue dar la imagen de que “todo se arregló”, lo que fue parcialmente cierto.
Venezuela entra en el juego
Las actuales sanciones internacionales impuesta por los Estados Unidos -con nombres y apellidos- al régimen imperante circunscribieron a Venezuela como el único sitio donde los sancionados pudieran disfrutar impunemente y mal habidos dineros objeto de las sanciones.
A lo largo y ancho del territorio nacional, y gracias al control centralizado sobre registros y notarías, se generó la efectiva operación de lavado de dinero mediante del pago y compra de bienes.
Cuando la rueda tiene mas de 2 mitades
La otra mitad de la rueda, y siempre hay dos mitades -aunque en el caso de la Venezuela contemporánea hasta mas de dos mitades- cierra un círculo en el cual, a través de un mecanismo ad-hoc en la Bolsa de Valores.
El mecanismo en cuestión, con la emisión y colocación de papeles comerciales, sin que nadie pregunte de dónde proviene ese dinero, permite darle la vuelta dos veces. Con la particularidad o evidencia que cada vez que se anuncia la emisión, la oferta ya está totalmente colocada (previamente). Nadie sabe, nadie se entera, y el dinero dio la vuelta.
En Venezuela, como segundo objetivo de la estrategia del “efecto Medellín”, ha sido dar la imagen de una estabilización que conduzca a los inversionistas extranjeros a traer dinero fresco al país.
En el desarrollo de este segundo objetivo, ante las sanciones que han restringido la facturación petrolera, es vital para el Estado obtener un flujo de divisas que le permita afrontar el pago de la gran nómina de personal. Nómina que los expertos han cuantificado en 5 millones de empleados públicos, y cerca de 3 millones pensionados.
Sin embargo, la realidad de la crisis venezolana -riesgosa e imprevisible- ahuyenta a los inversionistas de “largo plazo”. Situación que obliga a buscar otros mecanismos de corto plazo, y uno de ellos, es a través de inversiones especulativas de alto rendimiento.
La Bolsa entra al juego
Hoy en día, en la Bolsa de Caracas se puede obtener dinero prestado por la vía de la oferta de papeles comerciales en bolívares, con rendimientos del 80% anual, o en dólares, con rendimientos anuales del 13%. En ambos casos, con intereses pagados parcialmente cada 3 o 4 meses.
Los números de este juego bursátil, que pueden parecer complicados, resultan realmente atrayentes siempre y cuando se estabilice la paridad cambiaria.
Si un inversionista compra papeles comerciales por 25 millones de bolívares (poco más de un millón de dólares), cada 3 meses estará recibiendo 5 millones de bolívares en intereses. Al año, cuando redima el papel comercial, habrá recibido 20 millones de bolívares por intereses, y los 25 millones de bolívares originalmente invertidos. Los 25 millones de bolívares se convertirán en 45 millones de bolívares.
Debemos tener presente que toda inversión es siempre riesgosa. Sobre todo en un país como Venezuela. Por lo que, quienes manejan las finanzas venezolanas, se han cuidado de que la tasa de cambio se mantenga estable. Lo que han logrado por ofertas permanente de dólares en las mesas de cambio de los bancos comerciales. Aunque avezados economistas no dudan que también se estarían haciendo maquillajes diarios con la alta participación que tiene el Estado en el sector bancario (60%).
En efecto, desde mediados del primer trimestre de este año (febrero 9) y hasta el 18 día de abril, el dólar oficial ha fluctuado entre un mínimo de 24,135 y un máximo de 24,5256, lo que ha garantizado una aparente estabilización cambiaria. Una especie de “libre convertibilidad” tutelada y, también, no completamente libre.
Es así como esta operación bursátil, para atraer dineros bien o mal obtenidos, es lo que persigue el objetivo de dar una imagen de estabilización o recuperación económica del país, como insistentemente lo pregona el régimen venezolano.
(*) www.economiavenezolana.com