El futuro está a la vuelta de la esquina y no lo vemos

Por Eduardo Martínez

El futuro llegó, pero por lo visto no lo vemos. Lo que es una paradoja. Pero como toda paradoja sometida a un análisis profundo, resulta ser cierta.

Hace un año, previo al ultimátum del presidente Donald Trump, las esperanzas de un cambio en Venezuela se diluían en un futuro más lejano que el cambio mismo.

Mientras las variables económicas y sociales eran cada día más terribles, la dirigencia democrática no atinaba a sincronizar y alinear las expectativas de los venezolanos. La República estaba perdida. No había esperanzas cercanas de recuperación.

Por supuesto, muchos soñaban. Pero era eso: un sueño que no terminaba de cuajar en las acciones de los venezolanos. ¿Por qué?

Las explicaciones, o excusas, eran muchas. Y ahora, que el cambio no es una ficción, el cambio flota en el aire y no termina de engranar con la voluntad de los venezolanos.

En este contexto hay una compleja relación de culpas entre la dirigencia y la población. por una parte el letargo de la población persiste luego de 27 años de estar sometidos a la presiones de la represión, y el silencio de la censura y las políticas para el control social.

Por otra parte, la dirigencia opositora continúa con estrategias personales acostumbradas a otros tiempos, incluyendo la actitud de la sobrevivencia en el régimen Chávez-Maduro.

La tarea es dificultosa, pero no imposible. Las puertas están abiertas, a pesar de las trabas del residuo chavista en Miraflores, para un cambio radical: Unas elecciones democráticas, transparentes y libres.

Si algo ha detenido el inicio de los cambios, es la permanencia de la misma gente en el sistema de justicia y el CNE. Nadie quiere votar de nuevo con los ojos cerrados, y con la misma gente que ha actuado con maldad para repetir los resultados irreversibles.

Han pasado casi 6 meses desde el 3 de enero. No vemos que la dirigencia opositora se ponga de acuerdo para sacar las ratas que se han atrincherado en los recovecos de esas instancias necesarias para garantizar la transparencia.

El régimen sobreviviente es como una inmensa roca inerte paralizada en la bajada de una gran pendiente. Solo unas pequeñas piedritas la detiene de caer. Solo hace falta desplazarlas para que la gran roca, la rémora, se termine de venir abajo. ¿Porqué no rueda esa roca? ¿Por qué no se eliminan esas piedritas? Hay que preguntarle a la oposición.

En todo caso, también hace falta que la población comience a empujar la roca. Sin la participación del pueblo, creando el momento crítico, seguiremos esperando que la Gracia Divina, con la Justicia Divina y el Espíritu Santo, generen las condiciones.

El futuro está a la vuelta de la esquina. Y los venezolanos tienen las herramientas: sus manos. ¡A empujar!

Editor, www.eastwebside.com

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