Por Eduardo Martínez
Los últimos acontecimientos en Ecuador deben llamar al análisis y a la reflexión. Si bien no tenemos fronteras en común, es un país cercano con el cual compartimos tradiciones, historia y hasta una bandera tricolor.
No somos iguales, pero tampoco somos tan distintos. Se puede decir, que lo que ocurre en las dos sociedades, solo se diferencian en la cronología y la intensidad de los sucesos.
El gobierno del presidente Daniel Novoa se vio obligado a tomar acciones extremas, como lo es la suspensión de las garantías constitucionales, para combatir la insurrección de las bandas y la delincuencia criminal, así como la penetración en las fuerzas policiales y militares.
La imagen del día
Ilustramos esta nota de análisis con una imagen cruel y terrorífica. Difundida por una de las bandas ecuatorianas, un malandro colgó a un policía. Para terminar de ahorcarlo, finalmente se le “guindó de los pies”. No solo asesina, sino que también difunden el hecho para demostrar quienes están al mando e infundir terror.
La región
No estamos en la Latinoamérica frente a hechos inéditos. La violencia contra la sociedad y el orden institucional, por parte de bandas armadas del crimen común, ha estado al orden del día en México, Centro y Suramérica.
Tal vez todo empezó en Colombia con la nefasta penetración de los carteles de la droga en el mundo político. Lores de la Droga, como Pablo Escobar irrumpieron con un trágico saldo de miles de muertos, en una inusitada simbiosis del narco, con la guerra y la financiación de políticos.
En El Salvador, Honduras y Guatemala, el retorno de quienes habían emigrado a los Estados Unidos por las guerras civiles, cuando regresaron llevando en sus equipajes las experiencias de haber pertenecido a los “gangs”, bajo la denominación de las “Maras”.
Ahora en Ecuador, la intensidad de la irrupción de las bandas ligadas al narcotráfico, han tenido el arrojo de querer suplantar al Estado.
Cada experiencia parece distinta. Sin embargo, persiguen el mismo objetivo: enquistarse en el centro de los poderes.
¿Dónde queda Venezuela en todo esto?
Podemos aproximarnos a una explicación, teniendo como evidencia lo ocurrido en las zonas populares de las ciudades venezolanas y las comunidades rurales.
En las barriadas populares de Caracas -cerro arriba- en la medida en que los políticos se dedicaron a aparecer en los medidos, y dejar de “subir cerros”, la delincuencia fue ocupando el vacío. Esto propició el surgimiento de las bandas.
Hace 35 o 40 años, la página roja de las noticias en los diarios, reseñaban como una gran amenaza los individuales “cobradores de peaje” y los robos a humildes trabajadores que regresaban a sus casas los “días de cobro”.
En poco tiempo, en la medida que se profundizaba la crisis económica de Venezuela, del cobro de peaje se pasaba al cobro de “vacunas” a los comerciantes. Y los criminales solitarios, se agruparon para conformar el simiente de las bandas que existen hoy en día.
Con la proliferación del tráfico y consumo de las drogas, esas bandas adquirieron una proporción mayor. Empezaron a tomar control de territorios. “Zonas liberadas”, o “zonas de paz”, como llegaron a llamarle.
Venezuela es hoy en día como una colcha de retazos. Cada una dominado y controlando un pedazo del país, uno a continuación de otro.
Ya no son simples ladronzuelos. Se convirtieron en bandas armadas. Estructuradas como focos guerrilleros, con armamento de alto calibre de exclusivo uso militar, y bajo la dirección de un nuevo liderazgo.
Esto lo permitió el vacío del Estado.
Un último punto que no es de extrañar es que, en el caso venezolano en un principio el que hacer político se haya hecho uso de estas bandas con fines inocultables en contra de adversarios políticos. Quienes ejercen la violencia en contra de comerciantes, productores y hasta contra los ciudadanos civiles, es fácil que quieran ganarse el favor de los poderosos a cambio de dinero, beneficios y hasta padrinazgos.
Hay un viejo dicho que advierte: “Cuando se baila con el Diablo, es el Diablo quien marca los pasos”
Eso no dura mucho. Al final, tratan de ser los “que mandan”. Se salen de control. Lo que lleva a una arremetida oficial, que hemos visto en la prensa.
Es así, como Ecuador… nos queda cerca. Todavía no sabemos si a la vuelta de la esquina.
@ermartinezd