El barco de la revolución hace aguas

Por Eduardo Martínez

Empieza a ser evidente que el régimen de Nicolás Maduro empieza a sentir los efectos de un inminente colapso político. Lo perciben los que han sido su base de apoyo -y a todos los niveles.

Ayer lunes, día post referendo, lo comentaban desde los más encumbrados personajes de la nomenclatura del régimen, pasando por los más furibundos chavistas que trabajan en el CNE, y hasta entre los activistas de los barrios y caseríos más profundos de la geografía venezolana.

Nadie, ni chavistas ni opositores, se comieron el cuento de los 10,5 millones de electores que habrían participado en el referendo del domingo 3D.

Esto a pesar que el presidente Maduro siguió la estrategia gobbeliana de repetir la cifra, una y otra vez, en su alocución del acto en que el presidente del CNE le entregó ayer los pretendidos resultados.

“Lo que está a la vista, no necesita anteojos” advierte una vieja frase anónima traída a colación por la sabiduría popular.

Las características del colapso

La descomposición de los factores que han apuntalado el colapso son significativos. Para que un régimen, asentado sobre la fuerza coercitiva, tener el control del acontecer político y social necesita ocupar los espacios de manera efectiva para sobreponerse a las fuerzas que le adversan.

En un caso de un régimen con vocación autoritaria, y barniz democrático, fue Benito Mussolini en Italia quien acuñó el término “totalitario”. Proclamando que debían controlar la “totalidad” de los secores de Italia.

En nuestra experiencia en Venezuela, el régimen ha venido trabajando sobre la idea de la “hegemonía comunicacional”.

En función de esta meta, han cerrado cientos de estaciones de radio, han eliminado la prensa escrita a través del monopolio del papel y hasta con medidas judiciales, cancelando las licencias otorgadas a los canales de televisión, y obligando a las cableras a retirar canales “incómodos” de las parrillas como CNN y la Mega, entre otros.

Sin embargo, las dos ultimas semanas de la campaña oficial por el referendo, tantos en los principales canales internacionales que los venezolanos ven por cable, y hasta en medios digitales como youtube -entre otros- el gobierno copó los espacios de publicidad.

Esta -no antes vista- publicidad del gobierno, en las cableras y redes sociales, evidencia que no tienen audiencia los medios de la hegemonía comunicacional. Es decir, el régimen ya no le llega a la gente. Debe buscarla a través de otros medios.

Una segunda característica, es que el aparato político con el que ha contado el régimen,  no logra movilizar a los que cree que siguen siendo sus seguidores. Es muestra de ello la escasa participación para el referendo del 3D.

La tercera característica, es que siguen teniendo graves problemas de financiamiento público, oficial y extraoficialmente. La actitud del régimen sigue complicándose internacionalmente, lo que hace agrandar el hueco fiscal.

El ingreso petrolero es insuficiente, no hay financiamiento de los organismos multilaterales, la Nación se encuentra en un default técnico que imposibilita préstamos de la banca privada, y también de los Eximbank de los países desarrollados.

Es así como sin dinero suficiente para operar, fiscal y políticamente; sin medios efectivos para llegar e impactar en la gente; con una pérdida del aparato político de calle;  y una destruida credibilidad del ente electoral (CNE) al tratar de fabricar 10,5 millones de electores -entre otras debilidades- hablar de un colapso ni es una locura ni requiere de un brujo que lo presagie es una realidad.

Estas características – y hay otras – llevan a una situación en la cual el régimen exhibe grandes debilidades. Lo que es muy peligroso para Maduro y el chavismo, en momentos en que se vive un ambiente pre electoral de cara a las presidenciales del 2024.

Como tituló la nota post referendo de la agencia la Voz de América (VOA): “Cifra cuestionada, alarma en el PSUV y Esequibo en riesgo”. Y no nos caigamos a cuentos, el tema del Esequibo fue una excusa.

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@ermartinezd

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