
El mundo atraviesa tiempos complicados. No sabemos si la pandemia ha dejado de ser una amenaza, se intensifica la guerra en Ucrania -lo que anticipa una escasez de granos-, la inflación se dispara, y las materias primas no dejan de subir. Pero los venezolanos estamos blindados con el «laissez-faire» revolucionario.
Ayer, los gobiernos de México y Estados Unidos comenzaron a tomar medidas para combatir la inflación. En México el presidente López Obrador anunció un acuerdo con productores, para amortiguar los aumentos de precios. En Estados Unidos, el presidente Biden anunció el mayor aumento en 22 años de las tasas de interés, con el mismo fin.
¿Servirán estas medidas para contener la inflación? Está por verse. Y la crítica no se ha hecho esperar.
En México, se ha denunciado que es una medida que antes trajo calamidades a la economía, por cuanto no es otra cosa que un “control de precios”. En tanto en los Estados Unidos, el aumento de las tasas pudiera provocar caída del consumo y los mercados financieros, y puede ocasionar mayor desempleo.
Mientras eso ocurre en el norte de América, en Europa las autoridades de la Unión Europea tratan de ponerse de acuerdo sobre las medidas retaliativas a tomar contra Rusia por mantener la invasión a Ucrania. Lo que no es fácil por su alta dependencia de la energía rusa.
¿Y en Venezuela? Seguramente no pasará mayor cosa. Por cuanto, luego de varios años de hiperinfación creciente, hemos visto como no se adoptaron medidas tendientes a revertir la espiral inflacionaria. Simplemente, el régimen dejó que el colapso deprimiera el consumo.
Así es como el mercado interno, dejado a su propio desarrollo en crisis, convirtieran al dólar en la moneda circulante, los bancos dejarán de financiar el consumo, la construcción y las ventas, y los bodegones -bodegueros de nuevo cuño- suplieran el mercado interno de bienes de consumo masivo.
En estos tiempos universalmente revueltos, los venezolanos seguimos en el laissez-faire revolucionario.
Eduardo Martínez, Editor
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