Editorial: Elecciones en números y otras variables

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Las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre tuvieron un desempeño “en números” bastante significativo. Cómo dicen los contadores: Los números no mienten.

Según los datos oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE), informados por la sustituta de Tibisay Lucena, habrían votado el 31% de los inscritos en el padrón electoral. Lo que quiere decir que presumiblemente dejaron de votar el 69% de los electores.

En cuanto a los resultados, por los candidatos del régimen habrían votado el 67,6% de ese 31% que votó.

Si estos porcentajes los llevábamos a cifras más manejables, podemos decir con bastante aproximación, que el domingo fue a votar menos de un tercio de los electores (uno de cada tres inscritos).

A su vez, si por el régimen votó dos tercios de los que acudieron a votar, eso señala que votó por esos candidatos del régimen, dos de cada tres.

La conclusión a la cual podemos llegar es que el régimen obtiene dos de cada tres diputados que se eligieron el domingo. Y eso, con solo el 20% de los electores inscritos.

Tal vez estas cifras nos puedan parecer algo enredadas, pero con una votación tan pequeña, esos diputados probablemente no se representarán ni a si mismos.

Otro detalle importante, que los venezolanos deben tomar en cuenta, es una reiterada situación que se presenta a la hora del cierre de cada proceso electoral. Cuando llega esa hora, el CNE extiende el horario unas horas más “por haber electores en las colas”.

Es una situación, por demás sospechosa. Resulta que los testigos siempre “atestiguan”, como les corresponde hacer, que muy raramente hay colas a esa hora.

Expertos en materia electoral han señalado, por lo menos desde el Revocatorio del 2004, que ese tiempo es utilizado para “ajustar” los resultados.

A lo que se suman tres situaciones bastantes particulares. La primera, que existen en los módems (equipos de transmisión de los resultados desde los centros de votación hacia el CNE) un cambio de circulación de datos desde el CNE hacia las máquinas de votaciones hacia final de la tarde. Es decir, en reversa. Eso no tiene explicación operativa.

Esta situación viene reforzada por otra observación de los expertos, en cuanto que en cualquier país la totalización se hace en tiempo real, y se va mostrando -en la página web del ente electoral- los resultados que se van acumulando.

En Venezuela, el CNE no hace eso. Siempre espera a que existan “resultados irreversibles”, para luego dar una rueda de prensa con esa irreversibilidad, y para que después -en varias ocasiones- no conozcamos más resultados hasta llegar al 100% de los votos.

Finalmente, hay otro detalle sospechoso, no importa si votan la totalidad de los electores o un 30% o menos, como este 6 de diciembre. Siempre se dan los resultados “irreversibles” después o cerca de la medianoche. O como se dice en Venezuela, cuando algo se esconde, “entre gallos y media noche”.

Por último, y no menos importante, es la “imprecisión” permanente de las encuestas a boca de urna. Siempre señalan una participación inferior a la que luego totaliza el CNE.

El 6 de diciembre, los encuestadores reportaron una participación en torno al 20%. El CNE totalizó el 31%, un 50% más.

En este caso, recuerdo lo que señalaba un experto electoral ya fallecido. Decía que cuando alteraban los votos, era muy difícil hacerlo más allá del 5%. Por cuanto -explicaba- si el porcentaje de votos era mayor del 5%, el fraude se hacía evidente y nadie creería los resultados.

Este 6 de diciembre, no se vieron electores pero si se totalizaron los votos. Lo que jocosamente pudiéramos reinterpretar señalando que: las elecciones se ganan con votos, no con electores. Un cambio de paradigma.

Es así, que los números no mienten, más cuando se ve siempre algo distinto a lo que totaliza el CNE.

(Con datos oficiales del CNE)

Eduardo Martínez

Editor

www.economiavenezolana.com

www.eastwebside.com

 

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