Editorial El Tiempo: El ministro Ocampo

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Luego de la victoria electoral del pasado 19 de junio, el presidente electo, Gustavo Petro, enfrenta varios retos en estas semanas de empalme hasta su posesión del 7 de agosto. Uno de ellos era el envío de mensajes tranquilizadores tanto a los mercados como a los ciudadanos y las empresas sobre el manejo económico en el primer gobierno de izquierda elegido en Colombia.

La designación de José Antonio Ocampo como futuro ministro de Hacienda constituye, sin duda, una importante señal que ayuda a mitigar la incertidumbre generada por los resultados electorales. Las razones por las que el próximo jefe de las finanzas públicas encarna esta percepción son varias. En primer lugar, Ocampo viene a aportar a la administración entrante una larga y reconocida trayectoria en ámbitos tanto nacionales como internacionales.

No solo ya ocupó la cartera de la economía, sino que se ha desempeñado como secretario ejecutivo de la Cepal, secretario general adjunto de la ONU y como codirector del Banco de la República. También ha escrito libros sobre política macroeconómica, desarrollo económico, comercio exterior, sistema financiero e historia económica, entre otros temas. Indudablemente es uno de los economistas colombianos más reconocidos y respetados en el exterior y le brindará peso y solidez al equipo económico de la administración Petro.

A estas credenciales técnicas y experiencia ministerial se añade su conocimiento interno de los organismos multilaterales, los centros de pensamiento y la academia, cruciales para dar a conocer los planes económicos del nuevo Gobierno. Otro aspecto en el que el ministro Ocampo significa un mensaje de respeto institucional es en el de las relaciones entre el Ejecutivo y el Banco de la República. En su calidad de excodirector, el próximo jefe de las finanzas públicas comprende, como pocos, las ventajas de la independencia del Emisor y su rol en el manejo económico del país.

Se necesitaba alguien de esa experiencia, pues Ocampo llegará a la cartera de Hacienda con grandes desafíos. El primero de ellos es la reforma tributaria, cuya ambición de recaudar unos 50 billones de pesos, según lo dicho por Petro en campaña, no es tarea fácil y podría tener efectos negativos en algunos sectores. El ministro debe aterrizar este ajuste fiscal para reducir el déficit –que incluye el Fondo de Estabilización de los Precios de Combustibles– y financiar la agenda social del nuevo Gobierno.

Un segundo e importante reto es el sostenimiento de la senda de reactivación económica, en la que Colombia registra dinámicas positivas de crecimiento, aun en medio de fuertes nubarrones internos y externos. La selección de Ocampo envía asimismo mensajes tranquilizadores al sector privado y las empresas, que esperan encontrar en el nuevo ministro un positivo interlocutor.

La economía colombiana enfrenta también retos en generación de nuevos empleos, en la reducción de los niveles de pobreza y en la urgencia de un plan para enfrentar la disparada de la inflación. Todos ellos pondrán a prueba al ministro Ocampo, un economista con el recorrido, la preparación, la credibilidad y la competencia para asumirlos. El país espera una gestión a la altura de sus quilates.

EDITORIAL
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