Cuando está a punto de cumplirse una semana de la invasión a Ucrania, las cosas no son de color de rosas para Putin y Rusia. Hasta el momento de escribir esta nota, no han tomado ni consolidado alguna posición importante en el territorio ucraniano.
Todo el poderío ruso ha sido detenido por Ucrania. Un país que es mucho más pequeño que su agresor. Aunque puede ser que, por esa gran diferencia de tamaños, en los próximos días Rusia pueda lograr algunos objetivos militares de relativa importancia.
Las guerras tienen un teatro de operaciones que incluyen diversos escenarios: el militar, el diplomático, el económico y el comunicacional. Rusia ha estado muy lenta en el militar.
En tanto en el diplomático, económico y comunicacional, lo único que ha logrado es un gran rechazo, y el amalgamar una unidad de todos sus adversarios. Y hasta de sus amigos, lo que han logrado conseguir hasta el momento es lo que se puede llamar saludos a la bandera y tímidas expresiones de solidaridad formal.
No es tanto así con sus amigos lejanos de Latinoamérica: Venezuela, Cuba y Nicaragua, quienes tal vez pensando los miles de kilómetros que los separa del conflicto, ha manifestado su apoyo a esta invasión.
En Venezuela, los jerarcas del régimen no han cesado de anunciar su apoyo a Putin, y los medios de comunicación de la hegemonía comunicacional, se han plegado a retransmitir el guion ruso de justificación para emprender esta guerra.
Sin embargo, esa riesgosa posición asumida por Nicolás Maduro, no está en sintonía con lo que piensan los venezolanos.
Aun así, no hay que perder de vista las advertencias de Washington a los regímenes aliados de Vladimir Putin en el Caribe. Exclusivo grupo de países, entre los cuales se encuentra Venezuela.
Lo que puede significar que el mundo … se nos puede venir encima.
Eduardo Martínez, Editor