CAE LA DICTADURA Y ¿DESPUÉS QUE?

Por Simón Jiménez Salas

PRÓLOGO

En el año 2023, inicie un proyecto sobre el que hacer el día después de una eventual caída (por elecciones democráticas) de la dictadura. En una primera etapa reuní información, textos, opiniones sobre los diversos temas que debían abordarse, pensando siempre que las elecciones serían en diciembre del 2024, como era la costumbre venezolana. El cambio de fechas y otros eventos desafortunados han retrasado su publicación; por ello aprovecho la tendida mano de Raul Ochoa Cuenca para en su columna “Los papeles de Crem”, publique algunos capítulos ya terminados.

El escenario que se visualiza al momento en que la dictadura cae, por cualquier forma, el pueblo explota en alegría, como pueblo oprimido; donde solo había tristeza, incertidumbre, temores y desesperanza. Se produce una especie de fiesta nacional, con bombos, petardos, cohetes, alegrías y gritos; pero al mirar hacia adentro se observa un desierto existencial donde la sequedad de sus necesidades se ha añejado.

Durante los años de opresión política, los partidos, dentro o en exilio, realizaron pronunciamientos sobre el como salir de la dictadura y sobre el estado real de las fuentes que alimentan la vida ciudadana, proponiendo siempre lograr un escenario político inclusivo, que a la vez sea recipiendario del mínimo vital de subsistencia que demanda la sociedad.

El que hacer el día después y los años siguientes se han formulado en términos generales y abstractos por los Partidos políticos orgánicos, de oposición e institucionalizados además de los líderes que al igual que los Partidos tienen una maquinaria real, que sirve de repetidora y multiplicadora a los principios planteados por las señaladas organizaciones políticas o civiles y por esos líderes. 

Han sido expuestos los valores mínimos de las democracias que aceitan su maquinaria y alimentan la fe; no obstante que inevitablemente una gran parte de la población es anti partidos o escépticos en Venezuela y en el mundo entero. Pero este sería el momento del pueblo y no de los partidos.  Este es el momento en que el cáncer social que manejaba los tentáculos del poder ha sido extirpado, sin que se vislumbre su dimensión existencial y la felicidad que produce el cambio político; pues todo ello genera cegueras momentáneas sobre el porvenir. 

Todo el nuevo quehacer debiera levantarse sobre valores democráticos que la ley pendular obliga, pero minimizando los riesgos que siempre van implícitos, para evitar el peligro de perder el logro y regresar a la violencia superada. El cuidado debe ser extremo porque un desliz, un yerro o un cambio violento e inesperado, puede echar por tierra la libertad conquistada.

La mancha que el sistema socialista ha impuesto a Venezuela debe ser sustituido por una democracia verdadera; pues nuestro pasado no marca nuestro futuro; y es así que cuando llegue el momento de que el país cimente su porvenir; con los recursos materiales y humanos que tiene debe, tiene y puede lograrlo, siempre que las coordenadas que señalaremos en este trabajo se cumplan. 

Cuando en política se alcanzan altos niveles de representación, se impone serenidad y ponderación para que el reflujo del momento no lo arrastre a caminos equivocados. En política nadie es tan autosuficiente como para producir repuestas sin consultar a asesores y consultores, sobre todo independientes, y personajes abstraídos de la pasión venezolanista, para que valoren y aconsejen las alternativas y decisiones frente a cada nuevo momento, suceso o a cada declaración. Los líderes políticos tienen en sí mismos un gran enemigo: el tamaño de su ego.  

Nos hemos decantado por asesores  independientes preferiblemente extranjeros, por cuanto los copartidarios, militantes, devotos y disciplinados de una organización son una voz solidaria con el líder político y por ello  sin mayores análisis  respaldaran a su compañero de partido. Por otro lado, un mal asesor es, sin quererlo, la voz de la equivocación.-

A riesgo de quedarnos cortos puntualizamos las exigencias filosóficas que deben tener los funcionarios del nuevo gobierno y los partidos  de la oposición, para afrontar el reto de llevar adelante el país,  por un periodo decisivo de estabilización democrática: 

  1. Establecer y cumplir con una paz política, duradera, y transparente durante un periodo de tiempo definido, apoyando solidariamente los esfuerzos por sembrar el espíritu democrático en la población, porque el demonio de la violencia y del comunismo, acechan permanentemente, buscando escurrirse en los errores del nuevo gobierno o del nuevo sistema para generar desazón en la población que manifestaba su alegría a la caída de un régimen de violencia extrema. Los culpables de la tragedia tendrán algunos solidarios desconocidos hasta ese momento, pero su existencia, de alguna manera, fue favorecida por el régimen depuesto, o simplemente de simpatizantes temporales capaces de asumir los cetros perdidos.  
  2. Debe existir un acuerdo de gobernabilidad entre todos los partidos políticos, la sociedad civil, las instituciones gremiales, los sindicatos y otros órganos representativos de la sociedad.  No es una réplica del Pacto de Punto Fijo de octubre de 1958, pero es una experiencia que no debe considerarse, con sus adecuaciones, al nuevo hito histórico, porque sin dicho acuerdo la democracia queda sensibilizada o pudiere perecer. En ese acuerdo la participación de todos los señalados es necesaria, imperativa; a la vez que sus opiniones y puntualizaciones, deben ser debatidas objetivamente. Debe estar soportada en la inclusividad donde el criterio del pequeño es tan valorable como el del gigante político.

No pueden marginarse de la denominada sociedad civil que es más difícil, porque han nacido en abundancia y la cantidad existente se ha multiplicado en extremos. Seleccionar las que realmente sean representativas, como es el caso de las universidades, los gremios, sindicatos, las ONGS, los columnistas políticos independientes que hayan tenido actuación, etc. Paralelamente no pueden olvidarse los partidos pequeños o los líderes sociales con currículos democráticos y de lucha. 

Es innegable la contribución que el Pacto de Punto Fijo tuvo en la estabilidad de los gobiernos a la caída del Régimen dictatorial del General Marcos Pérez Jiménez; por ello vamos a transcribir los tres puntos fundamentales del Pacto de Punto Fijo para evidenciar la dimensión del acuerdo que permitió una democracia de 40 años, aunque la nueva democracia, por esencia, debiera ser infinita.  Hay que deponer egos, posiciones casuales, militancia partidista u organizacional, hasta los rencores y el individualismo.

. – defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral: (, cualquiera que fuese el partido que ganase las elecciones, los otros dos se opondrán al uso de la fuerza para cambiar el resultado);

.- gobierno de unidad nacional: se formaría un gobierno de coalición y ninguno de los tres partidos tendría la hegemonía en el gabinete ejecutivo;

.-  los tres partidos se comprometían a presentar ante el electorado un programa mínimo común.

En consecuencia, en este nuevo escenario los actores políticos existentes deben superar sus diferencias y lograr un acuerdo de gobernabilidad, defensa del nuevo gobierno en un periodo determinado, nada corto y permitir que la expresión del pueblo  funcione en ese periodo en que se debe promocionar la cultura democrática y la reconciliación nacional,  dirigido a promover valores democráticos entre los actores políticos y la sociedad civil. Pero el acuerdo no debe quedar en lo simbólico o en lo casual u oportunista, debe implicar sacrificio, honestidad, sin demagogia, realmente por y para el pueblo.

No es una tarea fácil, pues por una parte el ego de los líderes, la ambición de muchos dirigentes medios y la realidad de sus integrantes conspiran contra esa estabilidad social y gubernativa. Recordemos acá una frase que se dice fue de Acción Democrática “la dirigencia de los partidos políticos han estado tradicionalmente conformada por una mayoría de analfabetos doctrinarios”.

La política de los últimos lustros puso en un tobogán los servicios del país y se hizo evidente en el 2007, cuando el gobierno tomó el control de los sectores de telecomunicaciones, electricidad, de las grandes industrias básicas del hierro, el acero, el cemento, de la minería y hasta de la agricultura. Allí se cercenó en forma obvia la libertad de expresión y con ello la prensa escrita y oral; así como la muerte de la gran industria venezolana.  Ya, sintiéndose inmune el gobierno, en 1998 aceleró los abusos cruzando la raya del derecho internacional y de sus obligaciones contractuales con las empresas extranjeras que trabajaban en la Faja Petrolífera del Orinoco, a quienes obligó a nuevas estipulaciones contractuales que bajaron su participación a socios minoritarios, como fueron los casos ese Exxon-Mobil,  Conoco-Phillips, Petronas, Crystallex, Agroisleña  y otros. Los dos primeros no aceptaron las decisiones y recurrieron a arbitrajes ante el Centro Internacional de Arreglos de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI).-  Otros aceptaron las llamadas expropiaciones y nacionalizaciones que significó para el País pérdidas de inversión realizadas y programadas, traducidas en  varios miles de decenas de millones  de dólares. Los que acudieron al Ciadi y a la Justicia internacional ganaron sus juicios y se vislumbra que el modo de cobrar sería con las acciones de CITGO, en Houston, Texas, USA, en momentos en que esta empresa está produciendo produce buenos dividendos. 

La glotonería del Poder se convirtió en el “pan nuestro de cada día” engullendo todos los sectores posibles del comercio y de la industria nacional, desde cadenas hoteleras, fincas, hatos, bancos, las transformadoras de aluminio, cementeras, pasando por el sector alimenticio hasta llegar, en muchos casos, a la propiedad privada individual.

La justificación del estado en que se encuentra Venezuela no se cumple con hablar   de “derecha” o “izquierda», porque la real visión que evidencia el accionar oficial es que se trata de una política dictatorial, sin sustento real ideológico salvo la permanencia en el poder con los desmanes de quienes gobiernan.  Cualquier calificativo peyorativo puede identificarlo sin temor alguno, siempre que cuando menos contenga en su concepción el fraude electoral habido, la corrupción generalizada y la persecución política. El fraude electoral se evidenció cuando la oposición ganó la Presidencia de la República y el candidato ganador no supo cobrar su triunfo. 

La Venezuela post dictadura genera una nueva concepción del hombre (y mujer) como ser humano para que realce su pleno desarrollo, buscando transformar sus circunstancias, mejorías en su forma de vida y de su entorno, bajo cánones estimulantes: la libertad, la justicia, la interrelación, opción educativa en todos sus niveles, el respeto a la vida y a la propiedad individual, entre otras. Todo ello sin convertirse en un estado paternalista.

Con credulidad inocente demasiados venezolanos consideran como conveniente y necesaria una intervención internacional, para dar al traste con el sistema de gobierno y alimentan su optimismo afirmando que Donald Trump (¿?) es la solución o el indicado salvador de la patria.  Hacen referencia a unas declaraciones de Mike Pompeo quien señala que tal opción no puede descartarse. Dicen, en otras palabras, que la solución no es de los venezolanos sino de una fuerza extranjera. Quienes así piensan, a mi manera de analizar la situación, están equivocados. 

El cómo recuperar la Venezuela económica y pérdida, es la pintura que encontrará el nuevo gobierno en el escenario recibido, es el gran reto del eventual nuevo gobierno, por ello la necesidad de saber que hacer EL DÍA DESPUÉS.

Para seguir leyendo:

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*