Anthony Barrera: Lo que pasa en el Tíbet y como marcará el futuro de Asia

Por Anthony Barrera

Ubicada en el occidente de China, la meseta del Tíbet, también conocida como la meseta Tíbet- Qinghai, es la más extensa y elevada del mundo con una superficie cercana a la de Argentina, y una altitud media de 4000 metros sobre el nivel del mar. Debido a su situación geográfica, el clima en la meseta es generalmente frío y seco, aunque varía considerablemente dependiendo de la región en concreto. En la actualidad, se estima que viven en ella tan solo 3.5 millones de personas, de los cuales una quinta parte se concentran en la capital de la Región Autónoma del Tíbet, Lhasa. La mayor parte de la meseta está bajo control chino, sin embargo, otros países como Afganistán, India, Pakistán, Nepal, Bután, Kirguistán y Tayikistán mantienen el control de sección más pequeñas de territorio.

Esta región tiene un valor incalculable tanto por su posición estratégica dentro de Asia y sus riquezas minerales, como por los ecosistemas únicos que hay en ella y el rol clave que tiene en el sostenimiento de la vida de buena parte de Asia a través de los ríos que nacen en ella. A pesar de estar separada del océano más cercano por la inmensa cordillera del Hindú Kush Himalaya, la región está estrechamente ligada al agua y cumple un rol clave en el suministro de esta en buena parte del continente. Esto se debe a la gran concentración de glaciares que hay en la meseta. Es a partir de estos glaciares que los ríos más importantes del continente nacen. Entre ellos están el Yangtsé y el río Amarillo en China; el Mekong que discurre desde China hasta el sudeste asiático; el Ganges y el Brahmaputra que vierten sus aguas en la Bahía de Bengala luego de recorrer India y Bangladesh; y el Indo, que riega los campos de Pakistán y el norte de la India.

Mapa de los principales ríos originados en el Tíbet. Fuente: ResearchGate

Si consideráramos a todos estos ríos como parte de un mismo sistema hidrológico, estaríamos hablando de una red que suministra agua a 2.000 millones de personas, o lo que es igual, a una cuarta parte de la población mundial. Esto la convierte en una red de afluentes indispensable para la vida en Asia, y al centro de esa red, en el corazón del continente. Sin embargo, la presión que se ejerce sobre ella no hacen más que aumentar por las tendencias de crecimiento demográfico y económico que viven muchos de estos países. En el futuro serán más personas, y con el crecimiento económico, serán personas más demandantes de un recurso, que incluso ahora, parece insuficiente.

Volviendo río arriba hasta las altas tierras tibetanas, debemos detenernos para descubrir su intrínseco valor. En una región helada y tan abundante en glaciares como para apodarle “el tercer polo” del mundo, la existencia de vida no parece probable. Aun así, diversidad de seres vivos han sabido adaptarse a un ambiente único. De estas especies, muchas son endémicas, lo que significa que solo habitan en esta región. Entre ellos encontramos mamíferos como el antílope tibetano, zorro y oso tibetanos, así como el yak y el burro salvaje. Y entre las aves, se pueden encontrar especies como el gorrión de Henri y la calandria tibetana. Lamentablemente, la actividad humana en la región y el calentamiento global a nivel mundial están produciendo cambios acelerados en el ecosistema, que ponen en peligro a estas especies de animales.

Amenazas para la estabilidad ecológica de la Meseta del Tíbet

Explotación de recursos mineros

Debido a las riquezas minerales claves para el desarrollo económico de China, la actividad minera se expande por la región. Durante las últimas décadas, diversas empresas chinas se han instalado en la zona para explotar los yacimientos de elementos como el cobre, oro, plomo o litio. De estos elementos, el litio es fundamental. La demanda mundial del mineral no ha parado de crecer debido a su importancia en la fabricación de baterías recargables, vitales para la transición energética de China y el resto del mundo. En ese contexto de pujante demanda, el gobierno chino inauguró varias obras de infraestructura para conectar la región tibetana, y sus recursos, con el resto del país. Esto mismo incrementó los incentivos para el desarrollo de la minería. De la mano de dichos proyectos mineros y de infraestructura la economía de la región se ha desarrollado, ¿pero a que costo?

La actividad minera está afectando al delicado ecosistema del Tíbet. La contaminación del río Liqi con químicos tóxicos desde la mina de Jiajika, una de las más grandes minas de litio del país, causó la muerte de peces y ganado en el año 2016. Este tipo de eventos no es el único, en el año 2009 la actividad de la empresa minera Ganzizhou Rongda Lithium contaminó uno de los ríos adyacentes a sus minas debido a la mala gestión de sus desechos. De acuerdo con los locales, las personas que bebieron del agua contaminada murieron de cáncer. Todo esto se presenta como una amenaza para el suministro de agua potable y la propia subsistencia de los habitantes de la zona, cuyos medios de vida se ven limitados.

Máquinas excavadoras retiran escombros luego de un derrumbe en la mina de Gyanma, Tíbet . Fuente: Dailymail

Los efectos colaterales del turismo y el crecimiento de las ciudades

El Tíbet se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de China. Desde que el gobierno chino abrió las puertas del Tíbet al turismo en 1984, el sector creció de la nada hasta convertirse en uno de los principales motores del desarrollo regional. Tan solo en 2020, la Región Autónoma del Tíbet, una de las tres entidades administrativas chinas emplazadas en la Meseta del Tíbet, recibió la visita de 35 millones de turistas según cifras chinas. Al siguiente año, en un anuncio del Congreso Regional del Pueblo señalaron que la región había recibido 41 millones de visitantes, mostrando un crecimiento récord del turismo.

La fragilidad del ecosistema tibetano y las especies que viven en él se pueden ver amenazadas. El incremento constante del número de visitantes en una región tan delicada causa temores de un profundo daño medioambiental. A pesar de la visión expuesta por el gobierno de Pekín, los turistas no solo representan ingresos y desarrollo, el turismo también trae más consumo y desechos; mayor contaminación y emisiones de CO2; y la reducción de espacios naturales que suele estar ligada a la construcción de la infraestructura necesaria para atender a los visitantes. Esto va más allá de hoteles y parques de atracción, hay que incluir medios de transportes, centrales eléctricas, instalaciones de agua, centros de asistencia y todo cuanto los turistas puedan necesitar.

No sería la primera vez que el turismo amenaza al entorno donde se desarrolla. Otros casos se han registrado. En Bahía Maya una famosa playa ubicada en Tailandia llegó a recibir entre 4.000 y 5.000 turistas al día, al mismo tiempo que se deterioraban sus corales por el daño causado por las anclas de los botes que transportan turistas. En Corea del Sur, la isla Jeju es descrita por los locales como un sitio lleno de tráfico y basura en comparación su pasado de belleza natural. Una suerte similar puede correr la región tibetana si el turismo sigue creciendo a los ritmos recientes, con la diferencia de que la contaminación y deterioro del medioambiente que pueda ocurrir en lo alto de la meseta podría tener consecuencias en el resto del continente a través de los ríos que nacen en la región.

Consecuencias sobre el Tíbet del omnipresente cambio climático y las nuevas amenazas

El Tíbet es una de las regiones más afectadas por el cambio climático. Allí las temperaturas han aumentado el doble de rápido en comparación con el resto del mundo. El aumento ha sido de alrededor de 1.5 grados Celsius durante los últimos 50 años, causando que la nieve y los glaciares se derritan con mayor rapidez. Debido a esto se espera una reducción de los glaciares de entre 30% y 60% para finales de siglo. Todos estos cambios en el medioambiente tendrán repercusiones para aquellos que depende de él.

En lo alto de las montañas, mayores tasas de derretimiento causan colapsos súbitos de glaciares. En 2016 ocurrieron dos avalanchas sin precedente alguno que terminaron cubriendo una inmensa área de 10 kilómetros cuadrados, llevándose consigo las vidas de nueve pastores y cientos de ovejas y yaks como reportó el Huffpost. Ante estos eventos la comunidad científica se mostró perpleja, ya que se consideraba que estos sucesos no podían tener lugar. Pero el riesgo de avalanchas descomunales no es el único problema. Glaciares derritiéndose más rápidamente implicaría un aumento del número y dimensiones de los lagos glaciares e incrementaría los riesgos de que estos produzcan una inundación repentina debido al rompimiento de las paredes de hielo que contienen el agua.

El glaciar Mingyong a los pies del Khawa Karpo. Fuente: Tao Images Limited/Alamy Stock Photo

Estos cambios podrán afectar a los más de 2.000 millones de personas que dependen de los ríos que nacen en la meseta. La contaminación generada por el aumento en la actividad humana en la meseta afectará a la calidad de agua que reciban cientos de kilómetros río abajo, efecto que podría ser amplificado por la contaminación que dichas aguas reciban a lo largo de su recorrido. Por otra parte, las mayores temperaturas cambiarán la cantidad de agua que fluya hacia los ríos. En el corto plazo se puede esperar que el agua liberada a los ríos por los glaciares aumente, beneficiando a algunos con mayor abundancia de agua y perjudicando a otros con inundaciones. Mientras que, en el largo plazo, las predicciones advierten de una reducción del agua suministrada a los ríos, ya que los glaciares se reducirían debido a las altas temperaturas.

Estas consecuencias hay que ponerlas en contexto para entender las dimensiones del problema. En primer lugar, es necesario tener en cuenta que la población en Asia se espera que continúe creciendo, y con ella lo hará la demanda de agua. En segundo lugar, la contaminación y la actividad humana en la meseta podrían afectar la calidad del agua desde los tramos iniciales de los ríos. En tercer lugar, muchos de los ríos que nacen en el Tíbet son transfronterizos, por lo que una reducción en el suministro de agua incrementaría las tensiones entre los países que deben compartirlo, como es el caso de India y Pakistán, que debido al cambio climático se tienen que replantearse un tratado que desde hace más de 60 años regula las relaciones de ambos Estados con la cuenca del río Indo. Finalmente, no se puede ignorar que cada río tiene sus propios retos particulares, como el Yangtsé que ya enfrentan un considerable estrés hídrico e niveles de contaminación más altos de los normales. Este coctel de ingredientes expone una situación que ya es delicada, lo que magnifica el carácter vital de lo que suceda en las altas tierras tibetanas.

Medidas que se están tomando para hacer frente a los retos ecológicos

Las políticas de protección ambiental por parte de China han sido tachadas de insuficientes por expertos. El gigante asiático controla la mayor parte de la meseta del Tíbet-Qinghai, y, por tanto, las decisiones del gobierno chino son claves para el desarrollo medioambiental de la región. Lamentablemente, desde el gobierno no han implementado las políticas ambientalistas que se consideran necesarias para hacer frente a las amenazas. Entre las medidas tomadas está la creación de parques nacionales con el objetivo de reducir el impacto de la actividad humana en esas zonas y desarrollar un enfoque turístico eco-amigable. Esta medida, a pesar de ser bienvenida por ambientalistas y locales, no es suficiente para atajar el problema, ya que las áreas protegidas solo ocupan una pequeña porción de los más de 2 millones de kilómetros cuadrados que cubre la meseta tibetana en China.

Otra medida en la dirección correcta, pero sin la intensidad suficiente, fue la adopción de importantes objetivos ecológicos en su último plan quinquenal (2021-2025). En dicho plan, el gobierno chino indico que reduciría en un 65% la cantidad de emisiones de carbón por unidad de PIB, además señalaron que incrementarían el uso de las energías no fósiles de 20 a 25%. La consecución ambos objetivos implicaría una reducción de emisiones que, en cierta medida, ayudaría al Tíbet en el largo plazo. Sin embargo, la guerra en Ucrania que disparó los precios de los combustibles y la energía a nivel mundial, junto con la crisis del COVID que continúo en China durante 2022, convirtieron al 2022 en un año perdido para la descarbonización China.

La opacidad del régimen chino solo aumenta la preocupación sobre lo que sucede en la meseta del Tíbet. China es dirigida por un gobierno autoritario que siente fobia por los periodistas independientes. Un reporte publicado por el Club de Corresponsales Extranjeros de China (FCCC por sus siglas en inglés) señala que un 62% de los periodistas encuestados sufrieron, al menos una vez, obstrucciones por parte de la policía a la hora de reportar, un 42% indicó haber sido obstruido por terceros sin identificar y un 12% señaló haber sido sujeto a algún tipo de violencia física. El mismo reporte detalla que además de las obstrucciones a los periodistas, el gobierno chino usa otras tácticas como troleo cibernético, amenazas legales y la no renovación de visas como métodos de presión al periodismo independiente.

La situación de los periodistas extranjeros en la Región Autónoma del Tíbet es incluso más complicada. Desde que China invadió el Tíbet en 1950 hasta 1984, el acceso de extranjeros a la región estaba prohibido. Posteriormente se permitió el acceso a través de un permiso especial para poder entrar al Tíbet como turista. De ese momento en adelante, los turistas extranjeros se convirtieron en una importante fuente de información para el mundo exterior sobre lo que sucede en las altas tierras del Tíbet. En cuanto a los periodistas extranjeros, otro tipo de permiso para poder acceder es necesario, sin embargo, dicho permiso suele ser denegado por las autoridades, y aunque fuese concedido, dentro de la propia región existen controles que limitan el acceso.

Oficiales chinos intercambian posiciones durante un cambio de guardia frente al Palacio de Potala, Lhasa, Tíbet. Fuente: Thomas Peter/Reuters

Además del difícil acceso a lo que sucede en la región, datos de dudosa veracidad aportados por el gobierno chino hacen que sea más difícil confiar en ellos. Durante la pandemia del coronavirus, en los medios occidentales e importantes organismos internacionales se levantaban dudas sobre la información que llegaba desde China sobre a la pandemia debido a incongruencias. Asimismo, los datos chinos del Tíbet han sido puestos en duda. Un artículo en el Washington Post analizando los números de visitantes que, según el gobierno chino, habían entrado en 2016, concluyo que los datos estaban inflados. La investigación demostró que la cifra de 23 millones de visitantes (principalmente chinos), había sido calculada de forma fraudulenta y no correspondía con la capacidad de la infraestructura de transporte que posee la región. De acuerdo con los autores, en el año 2016 debieron visitar la Región Autónoma del Tíbet un aproximado de 8 millones de personas, una cifra que está 15 millones de personas por debajo de lo que informan entes estatales.

Si bien menos turistas son una buena noticia para los ecosistemas del Tíbet, el hecho de no tener información confiable de lo que sucede en la región es preocupante. Los datos en áreas claves para la conservación del medioambiente en el Tíbet como los niveles de contaminación, la degradación de los ecosistemas y la situación de riesgo de las especies endémicas, entre otros, podrían estar adulterados por el Estado chino para ofrecer la versión que le resulte más conveniente. De esta manera es más difícil evaluar la situación ecológica del Tíbet. Las ONGs y centros de investigación que tratan de dar luces sobre lo que sucede en la meseta lo hacen a través de redes de contactos e imágenes satelitales, pero, aun así, estos métodos no permiten la misma extensión y certeza que los estudios de campos.

Conclusión

El problema de información confiable sobre el Tíbet, el calentamiento global, la minería, el ingente aumento de turistas y el consecuente aumento de la actividad humana en la región son solo algunas de las piezas de un rompecabeza mucho más complejo, sin embargo, ya ellas nos revelan la delicada y compleja situación de la meseta tibetana y las preocupantes repercusiones que tendría permitir que continue su deterioro. En conjunto, todo este rompecabezas es también un recordatorio del carácter ficticio de las fronteras de los Estados. Con ellas pretendimos dividir las tierras y los mares, pero estos nunca dejaron de ser parte de un mismo sistema. Aceptar esta realidad nos lleva a exigir responsabilidad a aquellos que tienen un rol central en la conservación del medioambiente, pero deciden actuar blandamente y dificultar a otros el acceso a la verdad. Problemas conjuntos como este necesitan de soluciones conjuntas, pero la realidad nos recuerda que esta no es la regla y que en general a los Estados les cuesta trabajar en pro del bien común. En este contexto surge la necesidad de preguntarse, ¿Cuánto más tolerarán los ecosistemas del planeta que primen los intereses de los Estados, o de elites políticas, sobre el bienestar del medioambiente?

 

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