Analítica: La unidad como condición de la democracia

Editorial

En la política venezolana, tan marcada por las divisiones, las desconfianzas y los desencuentros, el Manifiesto de Panamá representa un hecho político de singular importancia. Su mayor valor no reside únicamente en el contenido del documento ni en las propuestas que contiene, sino en algo mucho más profundo: la capacidad de reunir a cerca de treinta organizaciones que, durante años, mantuvieron diferencias sustanciales, pero que fueron capaces de coincidir en lo esencial.

Esa coincidencia constituye un patrimonio político que debe ser preservado. En momentos en que el país enfrenta una prolongada crisis institucional y democrática, la unidad de las fuerzas democráticas deja de ser una conveniencia electoral para convertirse en una necesidad histórica. Ningún sector, partido o liderazgo, por importante que sea, posee por sí solo la capacidad de conducir una transición democrática. La experiencia venezolana ha demostrado que la fragmentación solo fortalece al autoritarismo y debilita las posibilidades de cambio.

El Manifiesto de Panamá recuerda una verdad fundamental: la recuperación de la democracia exige construir espacios de encuentro sobre principios compartidos. Y el principal de ellos es que sin elecciones presidenciales libres, competitivas y verificables no puede iniciarse una verdadera transición democrática.

Pero la unidad que hoy reclama el país no puede limitarse a las organizaciones políticas. Debe extenderse a la sociedad en su conjunto: sindicatos, gremios, empresarios, universidades, organizaciones civiles y ciudadanos que, desde distintos espacios, comparten la aspiración de restablecer la institucionalidad democrática. La defensa de la democracia es una tarea nacional y, por lo tanto, una responsabilidad colectiva.

El desafío, además, no es solo alcanzar la unidad, sino sostenerla. Las diferencias de visión, las tensiones y los debates son naturales en cualquier coalición democrática. Lo importante es que esas discrepancias no hagan perder de vista la verdad superior que las reúne: la necesidad de construir un camino común para devolverle a Venezuela la posibilidad de decidir su destino en libertad.

Porque, en definitiva, la unidad no es una estrategia circunstancial, sino la condición indispensable para que Venezuela pueda reencontrarse con la democracia.

Fuente: www.analitica.com

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