Veinte años después hacerse el pendejo es un gran negocio.

En Venezuela ser pendejo, es una persona tonta, ingenua, boba o muy fácil de engañar. También es alguien que carece de viveza, que cae fácilmente en trampas, mentiras o manipulaciones de los demás. Ahora bien, como todo lo del venezolano para no terminar haciendo el ridículo, suele enmendar todos estos significados con dos frases muy populares: “Lo que pasa es que yo me hago el pendejo” …. Y también con esta justificación cuando ya lo han
clavado con una situación, suele decir así: “Tú me ves la cara de pendejo” … Ahora bien, cuál de todos esos significados se ajusta más al título de esta columna. Alguien recuerda el 20 de septiembre del 2006 hace exactamente veinte años; Hugo Chávez pronunció uno de sus turbulentos discursos, ante la 61° Asamblea General de la ONU, un día después que hablara el expresidente número 43 de EE. UU. George W. Bush, dijo Chávez: “Ayer estuvo el diablo aquí, en este mismo lugar… huele a azufre todavía”.

Hugo Chávez ante la 61ª Asamblea General de la ONU, septiembre de 2006
En aquella paranoica intervención que ya presagiaba el delirio de una terrible enfermedad, lleno de ironía, haciéndose el redentor de la visión de los pueblos del Sur que según su borrosa percepción se levantaban contra la política guerrerista de EEUU, propuso la democratización de la ONU y abogó por el nacimiento de un mundo sin hegemonismos, pluripolar. La lengua es castigo del cuerpo.
Aquel discurso fue un ataque político y el propósito criticar la política exterior de los Estados Unidos y lo que él llamaba el “imperialismo” estadounidense. Una falta de respeto al protocolo internacional, lo calificaron sus críticos. Nadie invita a su casa a alguien para que lo insulte. Eso es pluralismo, libertad de opinión, de expresión en una palabra libertad; algo que las dictaduras, los regímenes comunistas y de facto no permiten.
Ahora bien, se anuncia en próximos días, la presencia de la Señora Delcy Rodríguez, en la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, sobre lo cual hay muchas interrogantes. Reuters informó el 15 de septiembre que Rodríguez planeaba asistir, citando un
reporte de Bloomberg, aunque la agencia aclaró que no había podido confirmar independientemente esos planes.


Senador republicano por Florida Rick Scott.
Otra interrogante sin duda, está en el hecho si Delcy solicitara visitar a Nicolás Maduro y a Cilia Flores; si lo hace habrá mucha tela que cortar y si no lo hace quedará en evidencia lo que ya es un secreto a voces. Lo cierto es que su discurso no será una falta de respeto al protocolo internacional, ni de vaina. Es por eso, que veinte años después hacerse el pendejo es un gran negocio.
Para Uslar Pietri, en una sociedad corrompida por la trampa y la “viveza criolla”, el término tradicional para el vivo o corrupto desplazó al ciudadano correcto, a quien despectivamente la sociedad empezó a tildar de “pendejo” o “gafo” por no robar ni sacar ventajas ilícitas.

Arturo Uslar Pietri, escritor, periodista e intelectual venezolano.
Uslar Pietri utilizó la figura del “pendejo” para referirse de manera irónica al venezolano honesto, incapaz de cometer actos de corrupción. Llegó al extremo de sugerir que se debía crear la “Orden de los Pendejos”. El profesor, divulgador e investigador francés, naturalizado venezolano, Christian Cazabonne, creador de “La fábula del pendejo”, retomó años después esa idea para hablar de un país dividido entre corruptos y “pendejos”.
Lo cierto de toda esta pendejada, es que Arturo Uslar Pietri, considerado uno de los intelectuales más prominentes del siglo XX venezolano, convirtió al “pendejo” en una categoría mordaz para retratar al ciudadano correcto frente a la viveza criolla. Uslar murió en 2001, antes del episodio electoral de 2012 y de las marchas que posteriormente retomaron aquella expresión.
Once años después, Henrique Capriles disputó las elecciones presidenciales del año 2012. El resultado oficial del CNE proclamó ganador a Hugo Chávez. Sobre aquel proceso se construyeron después denuncias, interpretaciones y polémicas políticas; pero una cosa fue el resultado oficial y otra la lectura que cada sector hizo de lo ocurrido. Capriles reconoció públicamente el resultado anunciado aquella noche. Y Chávez, ni pendejo que fuera, siguió adelante con una victoria que el CNE declaró oficialmente suya y terminó gobernando “en el más allá”. Moraleja, siempre es mejor hacerse el pendejo, o pasar por pendejo, total.
Y ENTONCES APARECIÓ EL PETRÓLEO
Pero resulta que veinte años después el asunto de hacerse el pendejo adquirió dimensiones internacionales. Ya no estamos hablando del pendejo de la esquina, del que prestó los reales y nunca se los devolvieron, ni del que compró un carro chocado creyendo que era de una viejita que solamente lo usaba para ir a misa los domingos. No. Estamos hablando de geopolítica, petróleo, poder y supervivencia política.
Porque ahora resulta que donde antes olía a azufre, huele a petróleo. Y bastante.
El 2 de septiembre de 2026 la Casa Blanca anunció un acuerdo petrolero que, según su propia versión oficial, concede a Estados Unidos control mayoritario sobre una estructura vinculada a más de 65 mil millones de barriles de reservas probadas venezolanas, además de derechos de gobernanza, participación económica y suministro. Esa es la descripción que hace Washington del acuerdo. Al mismo tiempo, empresas estadounidenses han comenzado a moverse otra vez alrededor de la Faja del Orinoco: Continental Resources firmó el 16 de septiembre un memorando con PDVSA para desarrollar el bloque Ayacucho 2, y ExxonMobil mantiene conversaciones para un posible regreso.

El secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, durante su visita a Caracas en septiembre de 2026.
Entonces uno tiene derecho a hacerse una pregunta de pendejo: ¿en qué momento el imperialismo dejó de ser imperialismo? Porque durante años nos dijeron que el petróleo era soberanía, que la Faja era intocable y que entregar nuestros recursos a intereses extranjeros era poco menos que traición a la patria. Ahora se firman acuerdos, llegan inversiones, regresan compañías y se habla de recuperación petrolera. Y nadie huele azufre. ¡Huele a petróleo!
La contradicción política está servida. Para Washington el acuerdo se presenta como seguridad energética y acceso a reservas; para quienes lo cuestionan dentro y fuera de Venezuela, abre interrogantes sobre soberanía, control de activos, transparencia y destino de los ingresos. Y para el chavismo que gobierna esta etapa, el desafío es explicar cómo aquello que durante años fue denunciado como subordinación al imperio puede convertirse ahora en instrumento de reconstrucción nacional. Allí es donde hacerse el pendejo deja de ser un defecto y comienza a parecer una estrategia.
LA MESA: SEGUNDA SESIÓN, LA MISMA PREGUNTA
Y mientras el petróleo se mueve, también se mueve la política. Este 17 de septiembre se reanudó la mesa de diálogo entre representantes del chavismo y sectores de la oposición. En la agenda aparecen asuntos que hace poco parecían imposibles de colocar juntos en una misma mesa: reforma del Tribunal Supremo de Justicia, restitución de derechos políticos, inhabilitaciones, libertad de expresión y acceso a medios digitales.
Después de tantos diálogos, mesas, negociaciones, fotografías, apretones de manos, Noruegas, Barbados, Méxicos y comunicados conjuntos, el venezolano tiene derecho a preguntar: ¿esta vez es de verdad o nuevamente nos estamos haciendo los pendejos? Esa pregunta no tiene todavía respuesta. Lo que sí tiene es memoria.
La diferencia es que esta mesa ocurre en una Venezuela distinta a la de los diálogos anteriores. Maduro ya no está en Miraflores; Delcy Rodríguez ocupa el centro del poder; Washington tiene un papel directo en la nueva ecuación y el petróleo volvió a sentarse en la mesa aunque no tenga silla ni micrófono. Por eso habrá que mirar menos los discursos y más los resultados. Porque en Venezuela ya aprendimos que una cosa es firmar un papel y otra muy distinta cumplirlo.
¿Y SI VISITA A MADURO? ¿Y SI NO LO VISITA?
Nueva York puede terminar diciendo más por una fotografía que por un discurso. Si finalmente Delcy Rodríguez viaja a la Asamblea General, la gran pregunta será si solicita visitar a Nicolás Maduro y a Cilia Flores. Y aquí cualquiera de las dos decisiones tendrá narrativa.
Si los visita, el chavismo podrá presentar la fotografía como una demostración de lealtad: Maduro podrá estar preso, fuera del poder y lejos de Miraflores, pero no abandonado. Servirá para decirle a la base chavista que la nueva relación con Washington no significa renunciar a su historia. Pero inmediatamente aparecerá la pregunta del pendejo: ¿cómo se abraza políticamente al hombre que durante años encabezó la confrontación con Estados Unidos mientras al mismo tiempo se negocia petróleo, inversiones y gobernabilidad con Washington?
Si no los visita, la fotografía inexistente hablará igual. Sus adversarios podrán interpretarlo como ruptura; sus partidarios podrán presentarlo como pragmatismo y responsabilidad de Estado. Y ella podrá seguir adelante sin explicar demasiado. Es decir: si va, habrá narrativa. Si no va, también. En política hasta el silencio tiene oficina de prensa.
Lo importante es no convertir una hipótesis en un hecho. Hasta hoy no existe confirmación pública de que esa visita vaya a ocurrir. Por eso el verdadero análisis comenzará cuando sepamos qué hizo, no cuando imaginemos lo que hará. Pero desde ya queda claro que cualquiera de las dos decisiones será utilizada para construir un relato.
CONVERTIR LAS DERROTAS EN VICTORIAS
Y aquí aparece una tesis que, a mi juicio, ayuda a entender esta etapa post Maduro: el chavismo originario no ha desaparecido con Maduro. Puede cambiar de rostro, de lenguaje, de
aliados y hasta de relación con Estados Unidos, pero conserva una vieja habilidad política: convertir las derrotas en victorias.
La salida de Maduro puede narrarse como continuidad institucional. La negociación con Estados Unidos puede presentarse como pragmatismo. El regreso de las petroleras puede llamarse recuperación económica. El diálogo con la oposición puede venderse como reconciliación. Y aquello que durante veinte años fue denunciado como amenaza imperialista puede terminar explicado como una oportunidad para reconstruir el país.
¿Contradicción? Depende de quién eche el cuento. Porque en política no solamente importa lo que ocurre; también importa quién consigue imponer la manera de contarlo. Y en eso el chavismo tiene veinte años de entrenamiento.
Hace veinte años Chávez llegó a Nueva York diciendo que allí olía a azufre. Veinte años después, desde ese mismo Nueva York, Venezuela puede terminar hablando de petróleo, inversiones, acuerdos, diálogo y nuevas relaciones con Washington. El azufre desapareció. El petróleo quedó.
Y nosotros seguimos preguntándonos quién engañó a quién, quién cambió, quién ganó, quién perdió y, sobre todo, quién se hizo el pendejo durante todo este tiempo.
Tal vez por eso ser pendejo no es tan malo. El problema es no saber cuándo dejar de serlo. Porque viendo cómo se mueve hoy la política venezolana, veinte años después, hacerse el pendejo es un gran negocio.
NOTA DE EDICIÓN Y FUENTES DE VERIFICACIÓN
- Naciones Unidas, archivo del 20 de septiembre de 2006: discurso y conferencia de prensa de Hugo Chávez en la 61ª Asamblea General.
- Casa Blanca, 2 de septiembre de 2026: anuncio oficial del acuerdo petrolero con Venezuela y descripción de sus términos desde la posición del Gobierno de EE. UU.
- Reuters, 15 de septiembre de 2026: reporte sobre los planes de Delcy Rodríguez de asistir a la Asamblea General; Reuters indicó que no había confirmado independientemente esos planes.
- Reuters, 16 de septiembre de 2026: Continental Resources y PDVSA firmaron un memorando para el bloque Ayacucho 2; conversaciones de ExxonMobil para regresar a la Faja del Orinoco.
- El País, 17 de septiembre de 2026: reanudación del diálogo político y temas de la segunda ronda, entre ellos reforma judicial, derechos políticos y libertad de expresión.
- CNE / registros históricos de la elección presidencial de 2012: el resultado oficial proclamó ganador a Hugo Chávez. Esta precisión se incorpora para distinguir el resultado oficial de las interpretaciones políticas posteriores.
- Wikimedia Commons: referencia de fotografía de Arturo Uslar Pietri en dominio público.
* Corresponsal en el Sur de la Florida.
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»