Por Eduardo Martínez
Luego de varias semanas, de un escándalo de corrupción sin precedentes en Venezuela, el panorama comienza a aclararse. Aunque hay que señalar que todavía quedan muchos cabos sueltos flotando en el aire de las informaciones.
Hasta ahora hemos conocido, en la dosificación rudimentaria de informaciones que ha ido soltando el gobierno, que hay más de medio centenar de detenidos imputados por corrupción “genérica”. Término que es necesario acuñar en esta etapa del escándalo, por cuanto no se conocen detalles que nos permitan ponderar tanto la magnitud como el modus operandi que presuntamente permitió un fraude de miles de millones de dólares.
Sin tener una idea de esos detalles, a la vez nos llegan noticias del exterior que hacen ver que Venezuela presuntamente es partícipe de una red internacional, que a esta altura no sabemos como denominarla: ¿contrabando, espionaje, lavado? Lo que también presuntamente nos conectaría con la invasión rusa a Ucrania y el bombardeo misilístico, la triangulación de petróleo venezolano con criptoactivos, la compra de materiales estratégicos de tecnología estadounidense, y el financiamiento de estos productos con fondos venezolanos, entre otros delicados aspectos.
En todo este contexto, el gobierno está en deuda con los venezolanos. No tenemos ningún tipo de información veraz y mucho menos oportuna, de este escándalo.
También hasta el momento, se nos ha querido presentar el caso, como la orquestación de una catajarra de hombres y mujeres de bragas naranjas, “que aisladamente de los altos mandos del gobierno”, se dieron a la tarea de actuar por su cuenta para quedarse con los cobres de la venta del petróleo, en un secreto mercado en alta mar.
Una historia, que los conocedores de los mercados petroleros, no terminan de tragarse. Sobre todo, cuando se ha querido imponer en la opinión pública, la participación de una presunta red de prostitución, denominada “las muñecas del petróleo”.
¿Cómo participaban estas damas? ¿En la prospección, la perforación, el craqueo, el bombeo de qué? No está claro para nadie.
Los cabos siguen sueltos, en una aparente trama internacional que no favorece en ningún aspecto a los empobrecidos venezolanos.
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