¿Transición o ganar tiempo?

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Por Eduardo Martínez

En Venezuela en los últimos días se viene discutiendo en chats, a raíz de artículos de prensa, la presunta transición que se habría iniciado en el país. Para ello se señalan hechos que evidenciarían dicha transición. Entre estos hechos se encuentran la “apertura” de la economía, la privatización de grandes empresas estatizadas, relajamiento de las políticas cambiarias y una flexibilización del que-hacer político.

Recordemos, que Cuba también inició una presunta transición en el llamado “período especial”, cuando ocurrió el destete de los subsidios soviéticos a principios de la década e los 90. En este momento, en lo interno se flexibilizó la prohibición de las empresas privadas, dado pie a la creación de la figura de los “cuentapropistas”.

Es así como la esperada transición cubana, manejada por el régimen, y de la cual se esperaba una apertura política, nunca llegó. Es más, en cuanto Fidel Castro se pegó a la teta petrolera venezolana, el proceso de transición cubano empezó a andar en reversa. Y desde entonces cada día, a pesar que las ubres de Pdvsa se agotaron, el régimen cubano ha seguido eliminando lo que otorgó en el período especial de los 90.

Regresando en el análisis a Venezuela, observamos que es el régimen, con el psiquiatra Jorge Rodríguez a la cabeza, quién adelanta un presunto proceso de transición. El mismo personaje que en el 2016 apareció en las negociaciones de Vaticano, Noruega, República Dominicana, Barbados y en el Hipódromo de Caracas. El régimen nunca cedió, nunca cumplió y no hubo la realización del Referendo Revocatorio presidencial.

La reciente reunión en Fedecámaras con Jorge Rodríguez y Nicolás Maduro-hijo es otra edición de los diálogos con el sector privado del 2013, recién Maduro asumió como presidente electo a la muerte de Chávez. Todavía el empresariado está esperando que Maduro cumpla la palabra empeñada en ese entonces para agilizar la economía, que ya mostraba síntomas de estancamiento.

¿Qué es lo que hay, entonces?

Lo que hay en Venezuela es un colapso generalizado de todos los sectores del país. La aparición de una pandemia mortal de alcance mundial logró detener el conteo de los cronómetos de un estallido de mayor envergadura en Venezuela. Las medidas adoptadas por el régimen sirvieron para atenuar –por ejemplo- la escasez de gasolina y la insuficiencia del transporte, la conflictividad laboral en la educación y el consumo de algunos de los servicios públicos. Sin embargo, las medidas radicales impuestas por la cuarentena hasta el momento han evitado las protestas.

Esas medidas también sirvieron para impedir la movilidad de los candidatos opositores, en las elecciones parlamentarias del pasado diciembre.

Ahora, luego del esperado triunfo de los candidatos del régimen, lo que estamos viendo es el típico “barajo” post-electoral. Un fenómeno de remoción y auge de liderazgos en todos los sectores, que se repite luego de cada proceso electoral.

Es así como surgen otros actores, tanto en el régimen como en la oposicion. Pero también desaparecerán actores, que no volveremos a ver. Aunque algunos viejos dirigentes, muy pocos por cierto, tal vez sobrevivan. Probablemente, seguirán la vieja estrategia de hacerse los muertos a ver “quienes los lloran”.

La reunion de Fedecámaras es la foto de un dia, de ese proceso post electoral. El regimen trata de hacer una apertura con las importaciones y la venta de unas empresas. ¿Quién va a poner dinero? ¿El gobierno? Nooooo. Vendrá ese dinero privadamente de afuera. Y el gobierno tendrá un dinerito que quemará rapidamente. Hay que recordar que ellos no generan riqueza. La gastan.

Entonces veremos, pasadas las presiones para forzar diálogos y transiciones, que el régimen en cuanto crea que lograron correr la arruga de la crisis, volveran a cerrar.

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