Por Eduardo Martínez
Lo sucedido este semana en el Centro Penitenciario de Tocorón, en el estado Aragua, es una vergüenza que mostró las pantaletas mugrientas del régimen, con su huecos y fetidez. Ni más ni menos.
Cuando los españoles descubrieron el continente americano, vinieron para quedarse. Colonizaron los territorios con una innovadora filosofía de ocupación, que dio nacimiento a los estados modernos, sustentados en tres pilares: control de un territorio -demarcado por fronteras; un idioma, el castellano; unas creencias religiosas que dieran afinidad, la religión católica; tradiciones y costumbres occidentales; y, dotaron a los habitantes de una serie de instrumentos para que funcionaran como una sociedad, siempre bajo los dictados de la metrópolis, pero con cierta autonomía funcional.
Si bajo esta perspectiva colonizadora analizamos el caso Tocorón, encontraremos que se cumplen todas las condiciones para que sea percibido como un pequeño Estado dentro de los límites de un Estado.
Según los reportajes de la hegemonía comunicacional, y de las agencias de noticias internacionales, el orden interno estaba garantizado por el llamado pranato de las bandas criminales.
La religión, de quienes garantizan el «control social de paz», es un simbiosis de creencias cristianas, totems y amuletos, y un código moral ajustado justificadoras de las conductas de ese mal vivir.
Los periodistas de VTV en su nota, recogieron declaraciones del el vicepresidente sectorial para la Seguridad Ciudadana y la Paz, A/J Remigio Ceballos Ichaso, desde el mismo sitio de la Operación de Liberación Guaicaipuro: “De acuerdo a la información, se hallaron sistemas de túneles, garitos, prostíbulos, centros de extorsión y lavado de dinero, además de incautar armamento, algunos elaborados en forma manual, y abundante munición, entre otras actividades ilegales e irregulares”.
Los tuits en la red social X, que replicaron fotografías firmadas por el MPPRIJP,dan cuenta de armamento de alto calibre, cintas de municiones, cajas metálicas utilizadas para almacenar proyectiles, tubos -presumiblemente para fabricar rudimentarios artefactos explosivos, y partes y piezas para reparar armas.
La verdadera Tocorón
Al dejar de lado los partes oficiales, y fijar la atención en las notas de prensa y entrevistas de las agencias internacionales que se presentaron en el lugar, encontraremos la verdadera Tocorón: el Estado delictivo.
Tocorón era un barriada, donde un número no determinado de detenidos vivía en un rancherío con sus mujeres e hijos. Donde había jefes que garantizaban “la paz social”. Donde operaba comercios, incluyendo discotecas, artefactos y programaciones para el esparcimiento de niños y adultos, incluyendo un zoológico.
Además, mientras en todo el país están apagadas las maquinas de las monedas virtuales, en Tocorón seguían funcionando. Emitían su moneda.
El ambiente en Tocorón

Las mujeres y niños que habitaban en Tocorón, fueron desalojados.
Para dibujar el ambiente que se vivía en Tocorón citaremos dos testimonios recogidos por la Voz de América:
“Claudia*, de 27, vivía desde hace tres años en el interior de la hasta ahora temida cárcel venezolana de Tocorón. Claudia no es reclusa ni enfrenta proceso alguno ante la justicia, pero vivía allí junto a su esposo, quien fue condenado a privación de libertad … “Yo vivía allí adentro … Varias decenas de mujeres con historias similares estaban junto a Claudia. Todas fueron desalojadas… Unas están embarazadas, otras cargaban bebés recién nacidos y muchas con perros pequeños. Un grupo de jovencitas de 15 años también estaba adentro al momento del operativo”.
“Patricia*, de 24, contó a VOA que vivió siete meses en Tocorón el año pasado, en 2022. Explica que, “se gana más plata (dinero) adentro que afuera”.
-¿Qué hacías para ganar dinero?
-“Vendía dulces junto a mi esposo”, responde. Su marido está detenido desde hace ocho años por cargos de por homicidio.
-¿Y donde dormías todo ese tiempo?
-“Tenía un cuarto (…) de bloques”, donde también funcionaba su comercio, describe.
En Tocorón también había una especie de ranchería, donde algunos detenidos mantenían habitaciones. Y relata: “eso era como un barrio (…) una pequeña ciudad”.
-¿Cómo era la situación adentro?
-“Normal, es un penal normal”, sigue con pausa, sin mencionar ni remotamente el gobierno del Tren de Aragua en el lugar”.
Tocorón no tiene epílogo
En Tocorón, una cárcel presuntamente bajo el control del Estado, se necesitaron 11 mil efectivos -entre militares y policiales- para “retomar” el control de los espacios delimitados por alambradas para el presunto aislamiento carcelario de los detenidos.
Todo parece indicar, que los reclusos no estaban detenidos, estaban “protegidos”. Tanto es así, que apenas se inició la ocupación, presuntamente se fugaron.
El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) afirma que esta operación Guaicaipuro fue “conversada” con la banda que controlaba el penal.
Cuando el gobierno anunció el operativo, con 11 mil efectivos entre militares y policías, lo hizo de tal manera que pareció que se iniciaba un operativo para recuperar la zona en reclamación en el Esequibo. Nada que ver.
Y con el anuncio de que se va “desmantelar” el centro penitenciario, y de acuerdo al modus operandi utilizado hasta el momento, tiene todas las características que se lo llevarán a otra parte.
Estamos en presencia de un “Estado dentro del Estado”. Espacios donde tenían su religión, sus jefes, sus negocios, sus diversiones, sus familias … y hasta emitían su propia moneda (cripto monedas). Lo que confirma lo que los expertos han denunciado, que son las monedas del lavado y la delincuencia.
Fotografías: Cortesía de runrunes.es, VOA
@ermartinezd