Por Eduardo Martínez
Hace unos años editorializamos sobre las dificultades de hacer creer que la economía vaya por buen camino. Uno cosa es querer, la otra es poder. Eso pasa en Venezuela.
La principal de esas dificultades es que la situación económica va más allá de la propaganda gubernamental, por cuanto le llega directamente a cada uno de los habitantes del país. Eso independiente de su edad, origen, posibilidades económicas, filiación política, niveles sociales y económicos. Y además, no importa si es del gobierno o de la oposición.
Los economistas siempre han señalado, por lo menos en el occidente de libre mercado, que hay la “mano invisible”. Sin embargo, han ignorado una especie de correa de transmisión -también invisible- que llega directamente desde los engranajes del desenvolvimiento diario económico hasta dos centros de poder dentro de las personas: el estómago y el bolsillo.
Estómago y bolsillo tiene. Sonoridades distintas e inversas. La combinación perfecta, que da seguridad a las personas, es que el bolsillo suene “tin tin”, mientras el estómago esta silencioso.
Cuando el estómago empieza a rugir, y el bolsillo deja de sonar, los augurios son terribles. Las personas no tienen dinero, y tampoco que comer. ¿Quién lo aguanta?
El momento
A dos meses del 28J, en la calle no suenan los rugidos de los motores. Ese ruido de fondo que empezamos a percibir, proviene de los estómagos.
El momento económico es posible visualizarlo a través de unas pocas variables: crecimiento económico, inflación, desempleo y salarios. A lo cual hay que agregar el acumulado para el período 2013-2024.
El salario base en Venezuela, con el cual también se pagan las pensiones, es de 130 bolívares mensuales. Lo que equivale a 3,52 dólares.
¿Alcanzan estos 3,52 dólares para comprar los alimentos para una familia promedio?
Para contestas de manera racional la anterior pregunta, podemos recurrir a las estimaciones den CENDA para el mes de agosto: 539 dólares. Lo que se traduce en que se necesitan 153 salarios mínimos para comprar la Canasta Alimentaria Familiar (CAF).
Y esta situación viene ocurriendo desde hace varios años. El salario mínimo, no alcanza para comer. Lo que es el dinamo que hace rugir los estómagos.
En cuanto al desempleo, la información estadística oficial es engañosa. Para el 2023, según el Banco Mundial el desempleo en Venezuela marcaba el 5,5%. Sin embargo, hasta el momento han emigrado cerca de 8 millones de venezolanos, de los cuales 5,5 millones son mayores de 18 años. Es decir, están en edad laboral.
Ante las dudosas estadísticas oficiales, que además no toman en cuenta la emigración de la fuerza laboral, no es posible establecer con exactitud cuántos venezolanos no tienen trabajo.
A pesar de esas inexactitudes, es innegable la falta de oportunidades de trabajo para la masa laboral venezolana. Un factor que ha influido en la gran cantidad de jóvenes -sobre todo- que han salido del país en busca de oportunidades.
En cuanto al aumento del costo de la vida, Venezuela registro en 2018 una inflación de 65.000 por ciento. Este aumento de la inflación “licuó” el poder adquisitivo de los venezolanos, y logró desaparecer el patrimonio familiar.
Y, finalmente, cuando hurgamos en el Producto Interno Bruto (PIB) descubrimos que mientras para el 2013 el PIB per capita fue de 12.688 dólares, bajando a 1.566 para el 2020, año a partir del cual comenzó a crecer moderadamente hasta 3.421 dólares para el 2023.
Esa reducción, de producción de bienes y servicios, monta a -73%. Lo que dibuja que la economía venezolana se ha reducido a una cuarta parte.
Este cuadro económico venezolano es el que hace rugir los estómagos, y silencia los bolsillos.
¿Y la recuperación económica? No nos hagamos ilusiones. La calle habla con claridad.
@ermartinezd